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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáProhibido politizar. Un llamado a la reflexión.
Ni zurda ni derecha, uruguaya.
Año 2022:
-Recorte en educadores del interior, compañeros sin trabajo.
-Sin rol adjudicado... ¿Qué es el área 274?
-Familias sin contención, estudiantes sin acompañamiento, docentes sin apoyo.
Hablo por mí y quizás por muchos:
Supe en 2019 que habría cambio de autoridades, tenía y tengo la suerte de haber elegido una carrera versátil, no así mis compañeros que son educadores sociales. Pero cuidado, también quería un cambio en la calidad educativa.
También en noviembre me afilié al sindicato, por el cariño que les tengo algunos, aunque me identificara casi cero con alguna de las luchas, la moderación y la mediación son mi nombre y apellido, la única forma de convivir democracia y lo que enseño: el diálogo.
Sabía que nuestro rol invisible era el primero que iban a recortar, por etiqueta política mal puesta... Llegamos al 2022 con más chiquilines por atender y con menos horas. El desgaste y la sensación de poco reconocimiento a nuestra labor era absolutamente desmotivante, nadie nos escuchaba... solo se politizaba.
El ministro de Educación hablaba de sovietización de la educación, el presidente de Anep nos responsabilizaba de dejar niños sin comer, hubo falta de reconocimiento de nuestro trabajo en pandemia, apenas fue sugerido públicamente, el director general de UTU tampoco escuchó.
Hubo un cambio en el índice de vulnerabilidad, una jugada tristemente de política de recorte como si algunas escuelas no tuvieran chiquilines y sus familias para acompañar en su trayectoria educativa, por qué estaban en el centro de la ciudad, como si ahí no hubiera “pobres” o como si los de mayor poder adquisitivo no tuvieran problemas que inciden para que puedan terminar el liceo. Pero aún había mensajes más contradictorios, escuelas de las zonas más vulnerables del interior, tampoco tendrían acompañamiento.
La moderación se pierde cuando no se es escuchado. Escuchado de manera genuina. Tampoco nos sentimos escuchados por el sindicato, aunque recién lo entiendo en sus luchas y lo que sí pudieron hacer. Al inspector lo dejo fuera, pues si bien no me lo esperaba, escuchó, lo que pudo… Lejos de quedarme en el centro me empujaron hacia el otro lado, aún así y siendo una profesional y habiendo sido años directora de Recursos Humanos, entiendo que las autoridades han desmotivado, descalificado, a todo el actor central del cambio educativo: el docente, el educador. Al que metieron en la misma bolsa. El gran dilema cognitivo humano de la generalización, del blanco o negro. Se pusieron en guerra. Y cuando hay guerra, hay ataque.
Eso lo es antiprofesional por excelencia, les falta asesorarse en el funcionamiento de “empresas”, el primer “cliente” es el funcionario. Es él cliente interno, el que si está motivado, apoyado, funciona y produce, genera ganancias, en educación es el agente directo de los cambio. Al que le dan un día —sí, solo un día— para leer las “innovaciones” que entre tantas páginas, contiene párrafos paradójicamente recortados de la vecina orilla y después juegan a qué somos todos “contras” —por qué si— y que la participación docente es un hecho. Nos han faltado el respeto públicamente y después emiten discursos públicos empáticos si un familiar nos viene a dar una paliza en la puerta del centro educativo. ¿Pero cómo nos van a respetar si la jerarquía es la primera en descalificarnos?
Lamento profundamente y repudio enfáticamente lo que le ocurrió a Robert Silva, se está perdiendo nuestra esencia uruguaya. Sin embargo, es hora de revisar qué se genera, de hacerse cargo.
Lo peor de todo, no hay transformación educativa. Recetas viejas con otro nombre. No hay cambio. Los números van a dar. Conviene a todos. Como siempre… y ojalá hasta ahora. No es cierto que el estudiante es el centro de nuestra labor. Cuando se está en “guerra” con los docentes, no se escucha, cuando no se escucha a los verdaderos intereses pedidos de la población no hay quien termine el bachillerato. El camino es incorrecto. No se cocina solo con grandes expertos, la receta no solo tiene que tener chefs porque queda vacía, queda teoría, debe contener los ingredientes principales: estudiantes-docentes.
Los educadores, la 274, no somos “buenas”, somos profesionales que hacemos política social, no partidaria, trabajamos para la igualdad de oportunidades, trabajamos para la movilidad social, para que los chiquilines salgan de donde están, se fortalezcan, vean que son capaces y logren muchas veces terminar el ciclo básico, quizás siendo los primeros en su familia y a sus familias llevándolas también a que puedan terminar la escuela, el ciclo básico, y un oficio. Parece ambicioso... Más aún cuando evalúas las necesidades y no hay recursos donde derivar, no hay ONG en territorio, en los barrios, te traban los comedores —primer insumo para que el cerebro pueda aprender, ciencia no capricho.
No hay maestras alfabetizadoras comunitarias para que aprendan a leer y aprendan a aprender.
No hay locomoción para llegar a la escuela, no hay cocina en una Formación Profesional Básica de cocina, no hay atención a los verdaderos intereses de estudio de los estudiantes que evita que se desvincule, no hay participación del estudiante y sus familias, no hay horarios ni cursos para los adultos que se acercan a la escuela pidiendo crecer, no hay a quien derivar si el asunto es social, psicológico, o psiquiátrico, se rema todo... y lo que hay está desbordado, o conseguido a fuerza de buena voluntad de los equipos y solidaridad de privados.
En agosto nos enteramos de cuál es la “nueva función” del área 274 —sí, en agosto—. Lo que motivó esta carta.
En esa reunión los educadores del mal llamado interior, sin habernos coordinado, hablamos uno a uno de la realidad, la real, la cotidiana. Las presentadoras del power point, con mucho respeto, son las primeras en escucharnos, escucharon que su presentación era lo que ya hacíamos. Agradecidas del valor que desde el discurso nos dan a lo que hacemos, escucharon también que era algo casi imposible de llegar a hacer, por ambicioso, con 20 horas semanales —unidad básica—, es decir 4 horas de trabajo por día y más de 60 chiquilines de los más diversos, sus familias y la comunidad... ¡y algunas compañeras con tres horas reloj semanales!
Entonces uno se sintió en marzo agotado, con ganas de hacer la plancha, el primero de marzo de ser “ñoqui del Estado”, han ido en contra de lo que más quieren, como la gran profecía autocumplida.
Hasta que el primer estudiante que se te acercó a hablar, hasta que recuerdas que el reconocimiento es el de los chiquilines y sus familias. Cuando entre tantas anécdotas de equipo recuerdas, cariñosa y jocosamente, algún seguimiento en el que te dijeron “cómo comés oreja, educadora”, y cuando termina te abraza emocionado y te dice “si no fuera porque comiste oreja, educadora, no hubiera terminado el ciclo básico”. Y lo inscribes en el bachillerato, quedó capaz, siempre lo fue y no lo sabía, le faltaba creer y que alguien confiara. También cuando ves alguna madre, padre o familiar que terminó la escuela, hizo Rumbo, o los ves en algún EMP de UTU y te agradecen por lo que hiciste, y habías creído que solo habías escuchado, hablado, confiado... y se te cae la ficha del valor de la escucha o de una simple mirada cálida, se te cae la idea de que enseñas resiliencia, que simplemente ves al otro como un ser humano igual, con la única diferencia que nació en el lugar equivocado, al final nadie lo elige, somos todos comunes mortales. Se te cae la ficha y recuerdas para qué estás, por qué elegiste lo que elegiste, aún por sobre el ingreso económico...
UTU un sentimiento, la amas, es la oportunidad de muchos que quedaron por el camino, y no solo de ellos, es la posibilidad de realizar tu vocación y trabajar de lo que te gusta.
La UTU es integración social, vienen de todos lados.
UTU es la democratización de la educación. UTU es la uruguayez, en sus errores y aciertos.
Trabajamos para marcar la diferencia.
Le agradezco por hacer esto posible, a los estudiantes, familias, referentes, comunidad, a los profesionales de la educación, a los docentes, a los directores que saben lo que es nuestra diaria labor, pero sobre todo a los equipos de trabajo, porque sin equipo no es posible.
Gracias. Aún en la escasez. Nos han fortalecido. Vivimos en carne propia la indiferencia que viven muchas comunidades, ahora entiendo qué generamos los educadores, los profesionales de la educación, ahora entiendo el valor de la escucha genuina.
Educadora de UTU. Una vocación.
Además de otros cartones de títulos que se usan, pero no importan.