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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHemos visto plantear desde hace un tiempo la necesidad de contar con un “precio de referencia oficial” del ganado vacuno. No me queda claro qué implica y concretamente qué se busca con ese instrumento. Descarto desde ya las sanas intenciones de tener un mercado de haciendas transparente y confiable. Pero me parece necesario hacer unas reflexiones sobre el tema.
Supongamos que el objetivo es que el precio del ganado gordo siga en forma “paralela” el precio de la carne en los mercados (exportación e interno), como parece desprenderse de algunos razonamientos públicos, por gremialistas y periodistas.
De ser así, el precio del ganado dejaría de determinarse por el juego de la oferta y la demanda de ganado, y pasaría a hacerlo por el juego de la oferta y la demanda de carne en los mercados, y especialmente en el mercado internacional, donde se coloca el 60% de la producción (llegó a ser el 75% hace unos años).
De esta forma, la abundancia o escasez relativa de ganado no tendría incidencia en el precio del mismo; se perdería la noción de escasez. Si el precio internacional fuera constante, no habría diferencia entre el precio de zafra y poszafra. Las variaciones del precio internacional no dependen de la oferta de ganado uruguayo.
Producir para poszafra es más caro que hacerlo para la zafra; de allí esta forma de definir estos comportamientos (zafra, la abundancia y poszafra la escasez de ganado). ¿Cuál sería entonces la respuesta de la producción a este escenario? Una notoria tendencia a concentrar la oferta de ganado gordo en zafra. Es decir, aumentará la estacionalidad de la oferta y, con ella, la capacidad ociosa de la industria.
Un efecto similar tenía el antiguo stock regulador, cuando el Estado compraba ganado en zafra para vender la carne en poszafra y así evitar que se manifestara la escasez del ganado a través del precio. La consecuencia era el aumento de la estacionalidad de la oferta. Una vez que se eliminó el stock regulador —a comienzos de los noventa— y el precio pasó a definirse por la oferta y la demanda de ganado, la estacionalidad comenzó a atenuarse y, con ello, la capacidad ociosa de la industria y el aumento de la participación del productor en el precio final.
Cuando la capacidad ociosa de la industria crece, los costos lo hacen en paralelo. Es decir, cuanto mayor sea la capacidad ociosa de la industria, mayores serán los costos y menos se trasferirá al productor de lo obtenido en los mercados con la venta de la carne.
Por ello, si la intención del “precio de referencia” es que el precio del ganado se determine por el de la carne, la conclusión será que aumentará la estacionalidad y con ello la capacidad ociosa de la industria, así como un aumento de los costos industriales, un menor precio de la hacienda y una menor participación del productor en el precio final. Todo lo contrario a lo buscado.
Las intervenciones en los mercados son necesarias cuando hay “fallas de mercado”, pero hay que tener la certeza de que esa intervención no resulte en un escenario peor del que se estaba, como sería el caso.
Una economía pequeña como la nuestra debe buscar en la apertura de su comercio las soluciones a eventuales comportamientos no competitivos de los mercados.
La situación actual de la exportación de ganado en pie, sujeta a una autorización previa del MGAP, irregular e incierta, es uno de los factores que seguramente inciden más en las expectativas de vendedores y compradores.
Ing. Agr. Juan Peyrou