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    El que murió dos veces

    Nº 2155 - 30 de Diciembre de 2021 al 5 de Enero de 2022

    Me gustaría que fuésemos muchos quienes recordamos —con una sonrisa en el rostro— a aquel actor alto, de cara poco agraciada pero muy expresiva, que entre las décadas de 1960 y 1990 tuvo una popularidad excepcional, pese a haber sido siempre un partenaire, en las comedias alegres presentadas en teatros, cines, televisión y radios de Argentina y Uruguay.

    Adolfo García Grau nació en el barrio porteño de Mataderos en julio de 1928 y falleció allí mismo en junio de 1993.

    Probablemente seamos menos aquellos en cuyos oídos resuena todavía, cantando tangos, su voz grave de bajo, aguardentosa pero afinada, que en dos breves etapas de su vida lo llevó al éxito.

    Es que García Grau, hijo de una familia integrada por varios músicos —su hermano Carlos, por ejemplo, fue pianista de Roberto Firpo y dirigió años más tarde la Orquesta de la Ciudad de Buenos Aires— se inició como cantor de tangos, en la primera juventud, luego de estudiar con distintos maestros. Entonces solo le interesaba la música popular ciudadana. Debutó en 1946, al ganar un popular concurso realizado por Radio Belgrano, cantando para esa emisora, y presentándose en diversos escenarios, estableciendo una sólida amistad con Edmundo Rivero, quien lo llevaría a El Viejo Almacén, y grabando apenas un disco larga duración con sus versiones más difundidas.

    Sin embargo, el destino parecía signado.

    Fue quizás esa misma popularidad lograda al principio como cantor, y sus naturales dotes de histrión, lo que provocó que en 1961, a insistencia de productores, abandonara el tango para comenzar una larga y muy intensa actividad actoral, inabarcable aquí. Solo a título de ejemplos, señalo su participación en filmes como Hijo de hombre (1961), Alias Flequillo (1963), Mujeres perdidas (1964), Como seducir a una mujer (1967), Los caballeros de la cama redonda (1973), Los doctores las prefieren desnudas (1973), Fotógrafo de señoras (1978), La pulga en la oreja (1981), Mingo y Aníbal contra los fantasmas (1985) y Los colimbas al ataque (1987).

    ¿Otros ejemplos en teatro y televisión? Doña Rosita, la soltera (1965), Ninette y un señor de Murcia (1966), Maipísimo (1967), Ejercicio humorístico (1971), La revista somos nosotros (1975), Cosquillas (1988) y Recuerdos del viejo Buenos Aires (1989), además de los clásicos Operación ja-ja, No toca botón, Polémica en el bar, Las gatitas y ratones de Porcel y el Precio del poder.

    Durante esta larga trayectoria de tres décadas, Adolfo García Grau sintió —tanto como el público que le había sido fiel en sus comienzos— que, al menos simbólicamente, había muerto aquel cantor tan peculiar que parecía destinado a sentar un nuevo estilo en la historia del tango.

    Claro, a cambio fue acompañante de artistas de la talla de Luisa Vehil, José Cibrián, Ana María Campoy, Lolita Torres, Jorge Porcel, Alberto Olmedo, Javier Portales, Gogó Andreu, Norma Pons, Mario Sapag, Juan Verdaguer, Niní Marshall, Ignacio Quirós y tantos más.

    Ah, la vida, la vida… Tiene volteretas sorpresivas. En plena actividad actoral, a Adolfo García Grau le llegó la propuesta de volver a cantar, quitando un tiempo al resto de su labor. Y fue entones que resucitó el cantor de tangos de Mataderos; fue el tiempo de la grabación de su único disco, Personalidad y voz en tango, y de la reaparición en El Viejo Almacén y en algunos programas radiales y televisivos destinados a esta música.

    Contento, satisfecho, aunque a veces agotado, en eso estaba, tratando de no perder pie en lo que más le convenía económicamente —la actuación— pero disfrutando, renovado, de su primer y nunca olvidado amor, cuando devino su segunda muerte, la real, la definitiva, a raíz de un infarto, a los 65 años de edad, un mes antes de estrenar un espectáculo teatral y ya preparado un recital de tango que presentaría en una breve gira por Brasil.

    Es justo cerrar esta recordación dejando los títulos de los principales temas que Adolfo García Grau, con ese estilo inimitable, dejó para la posteridad aunque tantos pero tantos lo hayan olvidado o ni siquiera escuchado alguna vez: Fueye, Equipaje, Tu vuelta, Nieblas del Riachuelo, Cada vez que me recuerdes, Mi ciudad y mi gente, Esta vida es puro grupo, Qué le digo a los muchachos, Señor de la amargura, Alergia y Esta noche.

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