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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Qué se dirime realmente el 27 de marzo? En sentido estricto se convoca a la ciudadanía a manifestarse en favor o en contra de derogar 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración. Fernando Pereira, presidente del FA y uno de los pioneros de la campaña de la anulación de dichos artículos, insiste en remarcar el carácter puntual de la convocatoria y se deslinda de la acusación de que el referéndum cumple el propósito de pronunciarse contra la naturaleza del gobierno y juzgar la gestión del mismo en su totalidad (entrevista en Búsqueda del 27 de enero pasado).
Sin embargo, los promotores de la consulta se contradicen continuamente. Me permito mencionar dos ejemplos. El propio Pereira, en la entrevista citada, sostiene que la convocatoria enfrenta a “los de abajo contra los de arriba“, a los que “defendemos al Estado como protector de los más débiles … contra los que creen en el Estado mínimo“. Asimismo, responsabilizaba al gobierno de la pérdida de salarios y la destrucción de empleo, es decir, añade al debate elementos ajenos a la convocatoria.
En la misma línea se sitúa Esteban Valenti, sumado recientemente a coordinar la campaña en favor del Sí, en una entrevista que publicó Montevideo Portal (también del 27 de enero). Allí declara lo siguiente: “Arriba está el texto, que no es todo igual, no todo es tan grave, pero es un texto con una lógica común, y abajo hay un alma… ¿Tiene que ver con los 135 artículos? No, tiene que ver con el alma de los 135 artículos”. ¿Cuál es el alma en opinión de Valenti?: “libertad para pocos, no para todos”.
Sin entrar en detalles sobre lo que sostienen ambos promotores en sus escasas alusiones a los artículos de la LUC que pretenden revocar (por ejemplo, ¿dónde se verifica el alma a la que se refiere Valenti, “libertad para pocos, no para todos”, en el asunto de la portabilidad numérica que tanto le preocupa?) a la hora de defender el referéndum incurren exactamente en lo que niegan hacer: pasan sin intermediaciones a juzgar la naturaleza y la gestión en conjunto del gobierno, con lo cual en los hechos transforman la convocatoria en voto de censura.
Si cabían dudas al respecto, más lejos fue el PIT-CNT, iniciador de la campaña que terminó arrastrando al Frente. En resolución del Secretariado Ejecutivo del 15 de diciembre de 2021, se dice: “La victoria del Sí en el referéndum del domingo 27 de marzo de 2022 será parte de la consolidación de un proceso político y social en el cual el movimiento popular siga acumulando fuerzas para revertir la ofensiva de la clase dominante y hacer avanzar un proyecto de país nacional, popular y democrático. El desafío es construir el tamaño de pueblo organizado capaz de resistir la actual restauración conservadora y neoliberal, y con unidad y lucha abrir caminos para avanzar en democracia”. A despecho de sus recientes afirmaciones acerca del carácter restringido de la consulta, Pereira no podía ignorar esta resolución que se adoptó poco después de renunciar a la presidencia de la central obrera y que lo desmiente.
Quiero señalar un punto importante. En la entrevista a Valenti, el periodista trae a colación declaraciones anteriores suyas (de octubre de 2020), que tienen un significado muy especial a la luz de los hechos posteriores: “No comparto (la) esencia de la LUC. Sí algunos artículos. Pero convocar a un referendo contra la LUC, parcial o total, es un grave error, es la falta de audacia y creer que con los mismos métodos en épocas diferentes se puede avanzar. Será otro retroceso”. Por desgracia Valenti no aclara el sentido de declaraciones tan enfáticas y da motivos poco convincentes (el éxito en la campaña de recolección de firmas) para explicar el giro radical que sufrieron sus opiniones desde entonces, pero podemos imaginar qué quiso decir en aquel momento: era distinto usar el referéndum para acumular fuerzas en épocas en que el Frente se hallaba en la oposición y estaba en su fase ascendente, que renunciar a debatir políticas públicas y refugiarse nuevamente detrás de este instituto utilizado como mecanismo de obstrucción —según el propio Valenti, para poner palos en la rueda— luego de haber ejercido el gobierno durante tres períodos consecutivos.
Desafortunadamente, este ha sido el uso que ha cobrado el referéndum para abolir leyes que contempla nuestra Constitución. Ideado para darles vía a demandas ciudadanas, se convirtió en un medio para reagrupar fuerzas y censurar la acción del gobierno. La prueba es que, por regla, en las convocatorias los alineamientos son casi idénticos al apoyo electoral de ambos bloques. El resultado ha sido que ha rebajado el papel central del Parlamento y ha favorecido la formación de dos bandos irreconciliables en detrimento del pluralismo. En particular en el Frente, poco queda de las formaciones más moderadas que lo fundaron. Fernando Pereira, en la entrevista mencionada, ve positivamente el proceso interno de concentración, que en sus palabras supera “una atomización muy grande”, y no percibe la pérdida en calidad democrática que ello representa. Esa es precisamente una de las consecuencias del giro crecientemente binario al que nos condenaron, tanto el referéndum en el uso que le descubrió el Frente desde el retorno de la democracia, como también el balotaje promovido por los partidos tradicionales para cerrarle al Frente el camino al gobierno, que obliga a los electores a votar mayoritariamente en contra del candidato menos deseado y no en favor de sus preferencias.
Contra la idea complaciente de que tenemos una democracia ejemplar, desde los años noventa hemos renunciado al pluralismo sin limitaciones y nos venimos deslizando por una pendiente cada vez más parecida a la de nuestros vecinos.
Martín Peixoto
CI 1.116.305-1