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    El registro de autocultivadores de cannabis empieza a concretar la regulación y cumple con los activistas, sus primeros impulsores

    Una empleada de un local montevideano del Correo lamentaba no haber llevado al trabajo toda la documentación necesaria. “Si no ya aprovechaba y me anotaba. Pero no va a ser justo una funcionaria la que se anote mal”, comentó. “No sé mucho de plantas, pero tengo un jardín que tiene tierra muy fértil. Tirás cualquier cosa y crece”, contó sentada frente a la computadora mientras ingresaba en el sistema los datos de la segunda persona que le tocaba atender por ese tema en el día.

    El miércoles 27 fue el primer día de aplicación pública de la ley de regulación del cannabis en todo el país. El registro de autocultivadores es el primer acto que involucra a los consumidores. Con este trámite se cumple con la ambición de las organizaciones de activistas por la legalización de la marihuana, que fueron los impulsores iniciales de la legalización.

    “Lo que querían, lo tienen”, dijo a Búsqueda una fuente del oficialismo.

    Entre el 2005 y el 2007 surgieron y se consolidaron los movimientos sociales que reclamaban la legalización de la marihuana, lo que preparó el terreno para la regulación.

    La ley sancionada en diciembre del 2013 prevé que los consumidores puedan optar entre comprar la marihuana en farmacias, cultivarla en sus casas para su consumo personal o integrar clubes cannábicos.

    En el gobierno están convencidos de que entre los autocultivadores y los que formarán clubes solo se reúne al 10% del mercado. Por lo tanto, para “golpear al narcotráfico” lo necesario es lo otro: la venta en farmacias.

    Fuentes de la Junta Nacional de Drogas (JND) y del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca) dijeron que si no hay problemas con el software para el registro del cultivo doméstico, en unos días se abrirá el registro para los clubes.

    Integrantes de las organizaciones sociales señalaron a Búsqueda que no les “sorprende” que los registros de clubes cannábicos aún no se hayan iniciado, y que esperan esto suceda en las próximas semanas.

    El registro para cultivadores se lanzó antes que el resto —venta en farmacias y clubes cannábicos— para cumplir con el objetivo inicial de regularizar la situación de los que ya tienen plantas en sus casas.

    Los primeros.

    En la Ciudad de la Costa predominan las casas con fondo y los espacios verdes. Por eso bastantes personas se iniciaron hace años en el cultivo de plantas de cannabis, cruzando los dedos para no ser descubiertos por la ley. Algunos jóvenes que fueron demasiado evidentes o denunciados por un vecino cumplieron condenas de unos meses de prisión domiciliaria en años recientes.

    Era esperable que en la oficina del Correo que está en el centro cívico de Lagomar hubiese varios interesados en anotarse para poder realizar de forma legal el autocultivo de cannabis. Sin embargo, a las 12 del mediodía la funcionaria Aída recibió al primer solicitante a través de la ventanilla; “sos el primero, así que debuto contigo”.

    “Recordar que se permiten seis plantas como máximo”, decía un papel sobre su escritorio; otro, con el logo del Ircca, enumeraba los documentos necesarios para registrarse: original y copia de la cédula de identidad y una factura de un servicio público que acredite domicilio. Cuando llegó la pregunta de “cuántas plantas”, el usuario dijo “el máximo”. “Podés hasta seis”, le explicó Aída. Pero esa era toda la información que tenía.

    No sabía dónde se consiguen las semillas, cuándo se puede empezar a plantar ni ningún otro detalle del asunto, ya que a esa oficina le mandaron solamente un mail al final de la tarde del martes desde el Ircca, un mensaje que tiene básicamente advertencias para el manejo de los cultivos y su seguridad, así como avisos sobre los efectos secundarios de la marihuana.

    El formulario requiere datos varios como cuántas personas viven en el domicilio, si hay menores, si se plantará en el jardín o en el interior del hogar y qué variedad será cultivada. “¿Variedad? Poné sativa por las dudas”, dijo el interesado. “Justo es una de las que ofrece acá la planilla”, respondió Aída.

    Luego de recibir los papeles y solicitar varios datos personales más, como la dirección, el teléfono, el correo electrónico y el detalle sobre si el solicitante es propietario o arrendatario de la vivienda donde cultivará, Aída estiró por debajo de la ventanilla un papel donde debe ir la firma y aclaración. Metió todo en un sobre y despidió al futuro autocultivador dándole una copia de la declaración jurada que firmó, el mail con las recomendaciones del Ircca y un ticket por $ 0,00 como comprobante.

    Hasta el mediodía de ayer se habían inscripto 10 personas en el registro de cultivo doméstico, siete en el interior y tres en Montevideo.

    “Blanquear”.

    “Están controlando mucho. Ya llamaron a ver si iba todo bien porque hubo un problema con la impresora”, comentó una funcionaria de un local de Correo en un shopping, minutos antes de concluir con éxito el registro de un usuario.

    Para llevar adelante el registro, el Ircca llamó a licitación en base a un pliego elaborado por la Agencia de Gobierno Electrónico y Seguridad de la Información (Agesic) y contrató a una empresa de software que presentó soluciones para los tres registros. Como el Ircca todavía no tiene presupuesto propio, la empresa de software comenzará a cobrar en los próximos meses, dijeron las fuentes.

    El registro que se inició ayer miércoles tiene como objetivo principal regularizar la situación de aquellas personas que ya tienen plantas en sus casas.

    En cambio, todavía no se habilitó la venta de semillas para cultivar, cuya importación estará a cargo del Ir-cca. Los informantes estimaron que quizás en un mes se pueda implementar ese servicio.

    “El que se inscriba sin plantas va a tener que esperar —dijo un jerarca—. Pero nadie se va a inscribir sin plantas. Todo el mundo tiene alguna planta. Esta idea es blanquear una realidad”.

    Preguntas frecuentes.

    Al mediodía, la sede del Correo en la Ciudad Vieja aparecía vacía. Apenas dos mujeres en la recepción. Una de ellas informó sobre los documentos que se necesitan para la inscripción para el autocultivo. “Y te van a preguntar si tenés hijos”, agregó.

    La funcionaria aseguró que el límite de cultivo son seis plantas, aunque nada dijo del límite de 480 gramos anuales para la producción. “Supongo que los viveros empezarán a vender semillas”, afirmó, y dijo que “seguramente” una persona pueda también inscribirse como adquirente en las farmacias. Según la ley, los registros son excluyentes.

    En la sede del Correo de la terminal de Tres Cruces había cuatro personas en línea. Esperaban con papeles en la mano: notificaciones de visita del correo, una encomienda para enviar o una carta para sellar. “Sos la primera persona que llega por esto”, dijo el funcionario, y entregó nueve folios engrampados.

    Se trata de la información que en la sede tienen sobre el registro: el listado de lugares donde se puede hacer, la información que se precisa —que se tratará como carta certificada y sin costo— y cómo se ingresan los datos en el sistema informático. El documento no dice nada sobre el límite de plantas, producción o las medidas de seguridad que deben implementarse. Aunque sí estipula que no se aceptarán facturas de telefonía móvil al momento del registro.

    “Yo creo que son tres plantas, pero lo mejor que podés hacer es entrar a la web de los clubes, ¿viste? y fijarte ahí en la parte de preguntas frecuentes”, dijo el funcionario.

    Aunque ni siquiera los encargados del trámite tienen del todo claro cuál es el procedimiento, los cultivadores pudieron irse a sus casas con un documento oficial en la mano que los ampara en su actividad.

    Una década después de popularizar el reclamo por marihuana legal, las organizaciones sociales saben que en adelante queda por hacer lo principal: demostrar que la legalización no es un peligro para la sociedad. Lo dejó claro el activista Julio Rey durante una charla que dio en Maldonado el sábado 16: “Esto no es el final, es el principio”.