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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa economía de un país para su análisis y comprensión parte de un simple cálculo matemático, 2 + 2 = 4, y luego se va complejizando, a tal punto que su comportamiento escapa a las explicaciones y los presagios que la academia, con base en herramientas conceptuales, hechos y probabilidades, intenta definir. Basta con escuchar a distintos economistas que de acuerdo a su visión política difieren en los análisis y conclusiones ante la misma situación. Depende de si profesan ideas de izquierda, liberales, conservadoras, dogmáticas, etc., nos encontraremos con varias versiones sobre un mismo hecho. Así que sin ser profesionales en la materia, solo con el sentido común, observación de la realidad, un poco de memoria y el intento de entender, muchos vamos construyendo nuestro propio análisis económico, en este caso, de nuestro país. Con esto trato de justificar por qué pienso que nuestra economía tiene rumbo de colisión y de seguir por este corremos el serio riesgo de hacerla colapsar. ¿Parece pesimista, no? Porque los números de empleo y desempleo son buenos, el manejo de la deuda parece el adecuado, la inflación está en torno al 4%, y bajando, y algún otro indicador que nos muestra que a nivel macro la situación es buena. Imaginen a un paciente que le ha dado un infarto, los médicos (economistas) lo auscultan y dicen: “Sistema renal perfecto, pulmones limpios, sistema respiratorio bueno, visión perfecta, oído, nariz y garganta están bien”; pero en realidad el paciente está al borde de la muerte debido a una falla cardíaca y de nada vale llegado el momento lo bien que se encuentre desde el punto de vista médico. Bueno, creo que nuestra economía está al borde del infarto. La diferencia cambiaria con nuestra vecina Argentina está destruyendo el entramado comercial prácticamente en todo el país, con repercusión directa y el cierre de comercios y destrozo de puestos laborales. Estuve hace unos días por el interior y el panorama es desolador para el comercio de todo tipo. Siguiendo un comportamiento autodestructivo, los uruguayos estamos gastando cientos de millones de dólares en Argentina, dinero que no circula internamente generando actividad comercial, puestos de trabajo, aportes a la seguridad social, pago de impuestos para que el país solvente prestaciones básicas, etc. Luego de que cierra un comercio y su capital mueble es liquidado por el martillo de un rematador, se origina una cadena negativa, el dueño del local deja de percibir el alquiler, los proveedores pierden un cliente, varios puestos de trabajo van al seguro de paro, desaparecen consumos y aportes al Estado, el propietario o los propietarios pierden su fuente de ingreso. Algo hay que hacer en forma inmediata, ayer si es posible, y para poder corregir este rumbo de colisión la tarea es del gobierno, y el resto de nosotros debemos tener claro que las medidas que se tomen son necesarias. Intentemos, sin ser economistas, de comprender qué nos está pasando. Creo que es muy claro por qué se da esta desastrosa relación, que de no poder corregirse, al menos en lo que esté a nuestro alcance, destrozará nuestra economía doméstica y social. La respuesta es el tipo de cambio. Hoy (cuando estoy escribiendo esta carta) el dólar blue, al que accedemos los que viajamos, ronda los 740 pesos argentinos por unidad, y en nuestro país el precio de la moneda americana está en el eje de los 38 pesos. Es de esperar que luego de los próximos comicios en el país hermano (22 de octubre próximo) y una vez que se sepa quién gobernará en los próximos cuatro años el tipo de cambio ceda al dejar de lado la incertidumbre que hoy lo empuja a esos valores, lo que sumado a una anunciada devaluación ayudará a equilibrar en algo la diferencia cambiaria. Pero el problema es en gran parte nuestro, ya resulta cansino escuchar en forma diaria hablar de nuestro atraso cambiario, que para unos cuantos debería rondar los 50 pesos por dólar, lo que ocasiona una avalancha de productos importados, de todo tipo, desde electrodomésticos hasta alimentos básicos como leche y fideos, destruyendo todo lo que se produce en nuestro país. Claro, una de las explicaciones es que este tipo de cambio repercute en la inflación y hace que la suba de precios (en forma artificial porque es producto de un atraso cambiario) esté a niveles mínimos. Pero ha llegado el momento de que el gobierno se decida en la contienda que enfrentamos, inflación versus actividad comercial y el mantenimiento y generación de empleo. Explíquenme de qué nos servirá tener una inflación del 2% y estar todos en el seguro de paro.
Daniel H. Báez