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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHe leído un artículo del Sr. Mario Camejo, publicado en un reconocido periódico de la capital departamental (diario “Hoy Canelones”), donde se opina respecto de una iniciativa tendente al cambio de nombre del actual Teatro Politeama de la ciudad de Canelones por el del prestigioso dramaturgo Atahualpa del Cioppo. Aún no he podido verificar si tal iniciativa tuvo origen en las oficinas de algún despacho comunal o si emanó de la clamorosa voluntad ciudadana, organizada a partir de la ley 18.567, desde los órganos municipales o las herramientas de la participación del vecindario e instituciones culturales.
Lo que sí me llama poderosamente la atención es que el mayor escenario de las artes —cerrado por obras desde hace varios meses— se suma a la serie perlada de espacios o símbolos culturales de la identidad canelonense (escribo bien: canelonense y no canaria) que van sufriendo cambios en la nomenclatura de instituciones del gobierno departamental (léase el caso de la flamante Comuna Canaria, a partir de julio de 2005) o, simplemente, derogando del imaginario departamental obras como el otrora escudo de Canelones. Parece ser que se pretende ir estableciendo jalones o mojones existenciales que van marcando un antes y un después, luego de la llegada al poder de determinadas ideologías. Creemos que ese es el camino contrario a la identidad cultural de los pueblos, que trascienden a las ideas políticas, claramente. La preservación de la misma debe jerarquizarse, por el respeto compartido que la propia historia va consolidando a través de las generaciones; los cambios de designación de las cosas públicas van mostrando posibles traumas de una generación que reniega del pasado.
Estas líneas para nada desconocen la vida y obra del actor guadalupano, hoy desaparecido físicamente pero que, con buen tino, las autoridades de la época designaron un espacio al hoy cerrado (por obras) Teatro Politeama. Al respecto de su designación original, dicen los vecinos mayores de la capital que, probablemente, obedece a la temática variada que en sus tablas o espacios se han podido disfrutar (cine, teatro, eventos circenses, etc); por lo que permutar su designación por una notable personalidad de la dramaturgia sería desconocer la historia del teatro local.
Por último, no es deseable pensar que se impongan desde los despachos determinadas iniciativas por meras simpatías o coincidencias ideológicas o políticas, sin consultar quizá a instituciones culturales locales, por lo menos; y, hasta a veces, se desconocen otras que, surgiendo de éstas, ni siquiera obtienen una respuesta favorable o, al menos, adversa. Tal fue el caso de la iniciativa del Sr. Héctor Monserrat, estudioso de la vida y obra del padre del Teatro Nacional, don Carlos Brussa, quien, en 2006, propuso —a través del Instituto Histórico de la ciudad de Canelones— que el escenario del teatro llevase el nombre del dramaturgo nacido en Juanicó. Nunca se tuvo una respuesta al respecto. ¿Existen cuestiones ideológicas que penetran en las cuestiones culturales? La participación ciudadana implica, además de concejos municipales resolviendo, tener oídos bien atentos al clamor de los pueblos.
Dr. Fernando Lúquez Cilintano
Canelones