Nº 2201 - 24 al 30 de Noviembre de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHacia finales del siglo V a. de C. Aristófanes profetizó la inmortalidad de Esquilo. En una de sus comedias mostró al dios Dionisio, patrón de la tragedia, que desciende al oscuro reino de los muertos y trae en sus brazos a Esquilo para que vuelva a discurrir entre los vivos en la soleada tierra. Las razones de Dionisio, conforme a lo que nos cuenta el satírico, residen en su afán por honrar a los atenienses, dado que entre ellos se considera la “sabiduría”, la “experiencia” y la “franqueza” de Esquilo como méritos excelentes para convertirse eternamente en maestro del pueblo.
Algo de cierto hay en la fábula. Mucho después de haber partido de este mundo, sus obras continuaron representándose activamente y ya no solo en Atenas y bajo el signo de la democracia sino durante el período helenístico y en todo el orbe que abarcara la influencia griega. Piezas como Los persas, Prometeo y Siete contra Tebas se incluyeron en el plan de estudios escolar en tiempos del imperio bizantino, época en la se logró asegurar la buena conservación del precioso legado que había quedado luego de las calamitosa destrucción de papiros que sufriera Alejandría. Según fuentes antiguas, Esquilo escribió unos 80 dramas, de los que nos han llegado apenas siete de ellos.
Esquilo provenía de una antigua estirpe aristocrática de la exclusiva zona ática de Eulisis en el 525 a. de C. Se dice que fue un lector obsesivo, pero también un distinguido gimnasta y un recluta disciplinado y por demás habilidoso. Las circunstancias quisieron que probara esto último siendo relativamente maduro y ya con cierta fama como trágico, cuando aparece entre los más valerosos combatientes en las tres grandes batallas que definieron la guerra greco-persa, donde la civilización occidental consiguió consolidar la primera fuente de su personalidad moral, política y cultural: junto con su hermano Cynegir, el poeta, defendió Atenas de la invasión persa liderada por Darío I en la batalla de Maratón. Luego, 10 años más tarde, participó en la batalla naval de Salamina, que ocupa uno de los lugares centrales en la tragedia Los persas, y también en la batalla terrestre de Platea, que termina por desalentar los planes persas en Grecia.
El comienzo de la obra dramática de Esquilo se remonta al año 500 a. de C., pero solo en 484 logró derrotar a sus rivales en los concursos de tragedia. Luego ganó 12 veces más primeros lugares y en las décadas de los años 70-60 a. de C. fue el poeta trágico más popular de Atenas. Se sabe muy poco de cómo eran los textos y las representaciones antes de Esquilo, pero es unánime la constancia de que la tragedia precedente era tan solo una alegre o plañidera cantata lírica del coro, casi desprovista de acción. Nos informa Aristóteles que Esquilo fue el primero en introducir dos actores en lugar de uno; también “redujo las partes del coro y puso el diálogo en primer lugar”. Así, la tragedia adquirió acción, es decir, se convirtió en drama. Con la introducción del segundo actor se hizo posible el conflicto dramático, que constituye el verdadero fundamento de la tragedia. Junto con esto aumentó las escenas de discurso a expensas de las partes corales.
La suerte de Esquilo no siempre fue venturosa, sin embargo, según lo que recoge Aristóteles, aun cuando los atenienses lo llegaron a venerar, no dejaron de plantearle un pleito que casi lo lleva a la tumba. A estar por los testimonios que nos ofrece el filósofo en su tratado sobre la Poética, se comentaba que Esquilo habría sido uno de los griegos selectos iniciados en los secretos del culto de Deméter, cuya divulgación estaba prohibida bajo pena de muerte. El poeta participó en los misterios de Eleusis, rituales que muy en el fondo desvelaban la conexión entre la vida y la muerte, lo que implicaba la purificación física y espiritual y una victoria prácticamente definitiva contra la fatalidad de los ciclos vitales. Se acusó al dramaturgo de no guardar debidamente el secreto del culto sagrado y ventilar donde no debía algunos elementos de los rituales en varias escenas de sus dramas. Por ello el público, que lo amaba como a un dios, arrojó piedras al autor y lo sometió a juicio, ante lo cual admitió su ignorancia. Esquilo fue en atención a sus hazañas militares, y también teniendo en cuenta la intercesión de su hermano menor Aminias, un héroe de las guerras greco-persas.