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    El tiempo lo es todo

    Columnista de Búsqueda

    N° 2029 - 17 al 23 de Julio de 2019

    El concepto griego de physis le merece a Martin Heidegger un par de esclarecedoras precisiones a la luz de la etimología reflexiva. Esta tarea la afronta en el marco de su seminario Naturaleza, Historia y Estado (Editorial Trotta, Madrid 2018) donde intenta establecer las correlaciones de base entre los tres aspectos que a su juicio son determinantes de la existencia de una sociedad, de un pueblo. Para ello, trepana hasta límites impensados el sentido último y los matices de algunos vocablos que fundan la comprensión de las conexiones entre los tres fenómenos que buscan vincular en una figura determinante su tesis central, consistente en demostrar la profunda vinculación entre el pueblo, su conciencia de pertenencia a un destino y el perfil o noción del Estado que dimanará de tal relación.

    Así, en la página 47 nos va a mostrar que aproximarse al significado de dos radicales griegos, einai y on, permitirá ver con exactitud de qué hablaban exactamente los antiguos cuando se referían a la física, al mundo que llamamos natural. Según lo que nos dice, estos dos términos “significan siempre un estar-presente, un estar-a-la-luz-del-día, pareinai. Lo que está ausente no tiene ser, está oculto. Pero kryptesthai, estar oculto, es el concepto que los griegos oponen no solo al ser o la ousia, sino también a la physis; la physis, como aquello que crece y emerge, es al mismo tiempo lo que sale a la luz, lo que se ofrece a sí mismo. Aquí apreciamos el significado común de physis y ousia, que consiste en crecer, ascender, tomar forma (…) Para los griegos, pues, crecimiento, ser y estar-desoculto forman una unidad”.

    Frente a esta postura que alinea la naturaleza en el orden de la existencia, que la concibe como un incesante proceso de apropiación de identidad y por lo tanto la orienta hacia el dominio del ser, la filosofía habrá de desviarse pecaminosamente en favor de reducciones que comprimen la pregunta a las demandas de la abstracción. “La concepción moderna de la naturaleza —escribe en la página 49— está determinada por hombres como Galileo que pensaban que podían aproximarse a lo que es la naturaleza con ayuda de métodos matemáticos. Cuando se cree que las leyes matemáticas proporcionan acceso a la comprensión de la naturaleza, hablamos de una matematización del concepto de naturaleza. Los procesos naturales se explicaban simplemente de manera mecánica como cambios de posición de un determinado elemento material en el tiempo. De esta forma eran calculables. Pero con este cálculo de un proceso, ¿llegamos realmente a una comprensión de su esencia o de la esencia de la naturaleza?”.

    Menciona el punto Heidegger porque en realidad lo que le interesa es discernir qué hace el tiempo en el concepto de naturaleza, cuál es su posición relativa. Busca confrontar el tiempo en la naturaleza con el tiempo en la historia; por eso va a señalarnos que en la naturaleza, aun en la postura básica y esencialista de crecimiento y des-ocultación, el tiempo es aledaño y marginal, opera como escenario sobre el que se despliega el proceso. Pero en el caso de la historia es muy diferente, allí el tiempo lo es todo, conforme a su definición, por cuanto entiende que la historia no es como se cree vulgarmente lo pasado, sino “todo lo que sucede en general”, la totalidad del suceder en sus tres momentos.

    Esa nueva significatividad confiere al tiempo otra jerarquía en el juego de conexiones que ligan a la naturaleza con la historia. La naturaleza es lo verdadero en cuanto a que es lo que aparece, lo que ha dejado de estar velado, el universo de lo dado a nuestra consciencia; la historia es en cambio el ámbito que nos contiene como conciencia que es consciente de sí misma, que se reconoce, escenario en el que ocurre la expectación y la proyección (futuro), donde se manifiesta la culpa y la gratitud, lo que retenemos (pasado), donde está el soberano ahora, ocasión de las decisiones, hábitat del recuerdo, de la culpa, plataforma de la proyección, de la expectación, de la sustancial búsqueda de sentido. Mientras que para la naturaleza el tiempo está expresado por las distancias en las diversas partes de un proceso, en la historia el tiempo lo es todo, pertenece a su esencia.

    Está lo que aparece, lo manifiesto, y está donde estamos. En lo que aparece hay mundo, es lo externo; en lo que pertenece a donde estamos, hay existencia.

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