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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáRehenes del transporte público. Hacía tiempo que deseaba escribir sobre este tema y finalmente decidí hacerlo después de leer la carta del Sr. Marcelo Michelini titulada “El transporte público en Japón y en Uruguay”, publicada en Búsqueda en su edición del 2 de julio, con el fin de agregar algunas de mis experiencias personales de aquí y del extranjero, en la esperanza de llamar la atención del nuevo intendente de Montevideo.
En la mayoría de las ciudades que conozco, viajar en bus no es un castigo. Citaré sólo dos ejemplos de los que más me han llamado la atención. En Berlín, las paradas de ómnibus anuncian electrónicamente la aproximación de cada bus y no arrancan hasta cerrar la puerta detrás del último pasajero que sube. En Tel Aviv, los pisos de los buses están a la altura de la vereda, sin escalones en parte alguna. En ambas ciudades, las unidades son silenciosas, impecables, con aire acondicionado y choferes-cobradores, sin necesidad de guardas. O sea que no es imposible.
En Montevideo no uso el ómnibus a diario, pero parecería que cada vez que lo hago ocurre algún inconveniente y por las quejas de otras personas, debe ser moneda bastante corriente.
Una tarde de la semana pasada en medio de un viaje en la línea 121 hacia Pocitos, la señora guarda nos sorprendió en pleno 18 de Julio anunciando: “hay trasbordo” y sin más explicación el bus se detuvo y los 30 pasajeros que veníamos sentados tuvimos que bajar a la calle para esperar al próximo 121, que del Centro a Pocitos no pasa con regularidad (explicable, en parte, por otro incidente que relato más adelante).
El conductor nos informó que la hija de la guarda se había accidentado y tenía que ir a verla. Totalmente comprensible la decisión de esta madre de querer estar con su hija en ese momento. ¿Pero por qué esta señora no se podía tomar un taxi, permitiendo que el ómnibus continuara para que los pasajeros bajáramos en nuestras respectivas paradas (de forma “express”, si el conductor no estaba autorizado a cobrar, tal cual lo hacen cuando se les rompe la dispensadora de boletos). Según la guarda, “CUTCSA no lo permitió”. ¿Pero hacia dónde continuaba ese coche? ¿Acaso quedaba a disposición de esta señora? Porque seguramente no quedó estacionado en 18 de Julio.
Bajar del bus y la consecuente espera al siguiente coche causó mucha indignación ya que llegaríamos tarde al trabajo, al médico, a citas, los boletos de una o dos horas vencían y encima tuvimos que continuar el viaje parados en el siguiente bus que legó lleno. Para nuestra sorpresa: ese segundo 121 hizo un relevo de su guarda y conductor ¡justo en ese punto y momento! ¡Qué coincidencia!
En otro viaje en un 121 del Centro a Pocitos, el conductor, a pesar de llevar un coche repleto, seguía recogiendo pasajeros, entre ellos un inspector de la empresa. Inmediatamente detrás de este coche venían dos de la misma línea, prácticamente vacíos. Algunos pasajeros nos quejamos al inspector que acababa de subir, ya que el viaje estaba tardando una eternidad, evidenciado por las dos unidades que ya lo habían alcanzado y además íbamos apretados como sardinas. El inspector sólo atinó a disculparse. Comentando luego entre los pasajeros nos preguntamos si además de comprobar si habíamos pagado el boleto, este señor no debía controlar también el trabajo del chofer.
Hace un tiempo, una tarde en que viajaba en un bus de la línea 104 hacia Carrasco, el conductor de repente detuvo la marcha y anunció un trasbordo aduciendo que el coche “no funcionaba”. Yo venía sentada muy cerca del chofer y en ningún momento dio señal alguna de que su unidad tuviera un desperfecto. El bus venía lleno y todos los pasajeros nos vimos obligados a bajar a la calle para esperar quince minutos (con mucho viento y frío) al siguiente coche, que llegó lleno. ¡Media hora después se iniciaba un partido de futbol de Uruguay en el Mundial! ¿Coincidencia? Hice la debida denuncia y semanas después recibí respuesta de la IMM de que el GPS de la unidad confirmaba el “hecho no justificado” y que se había sancionado al chofer.
Mucho se publica sobre los asaltos a los choferes de ómnibus, pero nunca se mencionan los inconvenientes que padecemos los usuarios. Es indiscutible que viajamos incómodos, muchas veces en coches sucios, aguantando calladitos las radios a todo volumen y a veces el mal genio de choferes o guardas. En horas pico no hay suficientes unidades en la calle y pasan tan llenos que no paran, o paran para dejar subir demasiada gente. Y lo peor, por más que se calcule el tiempo aproximado de viaje, sumándole incluso minutos para posibles incidentes, casi nunca es suficiente.
Quienes “manejan” el transporte público montevideano protestan por diferentes razones, hacen paros repentinos dejando a todo el mundo de a pie, pero ¿quién defiende los derechos de los usuarios (sus clientes) a viajar de manera correcta, prolija y puntual?
Lilian Steinhardt
C.I. 997.359-9