N° 1761 - 24 al 30 de Abril de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUna clásica característica de los uruguayos (y probablemente de muchos latinos) es dejar las cosas para último momento. Lo hacemos en nuestra vida personal, empresarial y lo hacen también nuestros gobernantes. Tres casos recientes reafirman esta realidad y nos ponen —una vez más— frente al flagelo de “procrastinar”, que significa diferir, aplazar, posponer.
El primer caso fueron los cientos (o miles) de personas que dejaron para último minuto la tramitación de la credencial cívica, algo que sabían que iban a necesitar desde hace cinco años y pretendieron resolverlo en los últimos cinco minutos. Pero lo más interesante del asunto fue que estas personas la embistieron contra la Corte Electoral como el culpable de su infortunio, pero no contra sí mismos, únicos responsables de tal desidia.
Sobre fines del año pasado, el Estado adjudicó canales de TV digital a empresas privadas y también a organizaciones sociales. El PIT-CNT se llevó el suyo, no sólo para comunicarse con sus afiliados sino con la población toda. Los empresarios unidos (como pocas veces se los ve unidos) también se presentaron, pero lo hicieron sobre el filo de la navaja. Y se cortaron. Quince días antes no sabían si se iban a presentar y como lo dejaron para último momento, la jugada les salió como era de esperar: perdieron.
La última perla del largo collar de dilaciones vernáculas es el caso del ferrocarril, inserto en un tema mucho más profundo (y también plagado de demoras) como lo es el de la infraestructura logística nacional.
Desde que se aprobó la ley forestal en 1987 durante el primer gobierno del Dr. Julio María Sanguinetti, hace ya 27 años, todos sabíamos que algún día esos árboles iban a crecer y tenían que salir de los bosques hacia aserraderos, fábricas o puertos. Pero dejaron para último momento construir las carreteras, puertos y otras obras necesarias, al punto tal que estamos al borde de un “apagón logístico”.
Tanto se precisa el tren de carga, que ahora el presidente Mujica quiere mejorar un ramal de las vías férreas de AFE, pero evitando el llamado a una licitación internacional y otorgarle en forma directa un contrato multimillonario a una empresa china. Para saltearse la ley (una vez más) y poner “lo político por encima de lo jurídico” tendrá que justificar “razones de urgencia no previsibles”, como lo exige el Tocaf.
Pero lo que hoy es urgencia se debe a que ayer no se hizo lo que correspondía. Como dice el Dr. Stephen Covey: hay que poner “primero lo primero” y dedicar tiempo a las tareas “no urgentes” pero sí “importantes”, como lo son el fijar metas claras, planificar, pensar, organizar y ejecutar lo prioritario. De esa manera se amplía nuestra área de control y se reducen las urgencias, muchas de ellas creadas por nuestra propia inoperancia.
En el libro “The Now Habit”, Neil Fiore compara las conductas y creencias de los “postergadores” con la de los “productores”. Mientras los primeros dicen “tengo que…”, los productores dicen “yo elijo hacer…”. Unos se atoran ante una tarea enorme, mientras los segundos comienzan paso a paso. Los productores no usan la palabra “trataré”, sino que directamente “lo hacen”.
Los trenes pasan y las oportunidades perdidas quedan en las estaciones, con gente desencantada. Benjamín Franklin dijo: “Tú puedes retrasarte, pero el tiempo no; y el tiempo perdido nunca más se encuentra”. Tengámoslo presente todos; pero los que tienen más responsabilidades, que lo tengan presente más que ningún otro.