N° 1784 - 02 al 08 de Octubre de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSucede en empresas grandes, medianas y pequeñas, pero sobre todo sucede en empresas familiares: cuando el patriarca se retira, deja un enorme vacío difícil de llenar.
Los liderazgos fuertes son muy importantes para el desarrollo de empresas, organizaciones y países, pero ese poder acumulado en una sola persona debe ser transferido – no a otra persona – sino a una estructura organizacional. De no hacerse así, hay grandes chances que colapse.
Es lo que parece estar sucediendo en la AFA (Asociación de Fútbol Argentino) ante la muerte de Julio Grondona, su mandamás durante los últimos 35 años. El poder que acumuló Grondona lo hacía parecer más a un emperador que a un CEO, y la sucesión de unos y otros es bien diferente.
Mientras un emperador busca pasar el bastón de mando a quien siga sus ideas (con el fin de perpetuarse más allá de su muerte), el CEO debe crear estructuras que den sustentabilidad a la empresa, más allá de las personas que lo sucedan.
Es lo que hizo Jack Welch cuando dejó General Electric. Durante 20 años estableció políticas, estrategias y sistemas para facilitar la toma de decisiones en todos los niveles, más que dedicarse él mismo a estar en todos los detalles. Si bien trabajó para escoger a su sucesor (a la postre Jeff Immelt), no fue para que siguiera tocando su partitura, sino para que dirigiera una orquesta bien estructurada.
En las Empresas Familiares (EF) sucede algo muy similar a lo que sucede en la AFA: todo recae en la figura del fundador, desde las decisiones más estratégicas hasta las más cotidianas. Esto lleva a que la gente no piense por sí misma, ya que, - al igual que sucedía durante el mandato de Il Duce - “Mussolini piensa por usted”.
Lo que hay que entender es que la función de la Gerencia General no es ganar protagonismo, sino crear los procesos, las estructuras y el ambiente adecuado para alinear los esfuerzos de la organización. Es la tarea más difícil, y por lo tanto, la mejor remunerada. Sin embargo, muchos dueños de empresas y muchos gerentes generales, creen que su trabajo es empujar el día a día.
Cuando Mauricio Macri asumió la presidencia de Boca Juniors (una de las organizaciones deportivas más importante del mundo), se encontró con que el club estaba gerenciado como una empresa familiar: no había roles claros, todos hacían de todo y cada cual buscaba su destaque personal. Macri definió una estrategia, se enfocó en darle un buen servicio al cliente, creó una organización profesional con gerentes profesionales y dejó establecidos criterios y procesos para tomar las decisiones, aún cuando él no estuviera. Y lo logró.
Cuando el patriarca no deja armada una clara estrategia, ni deja establecida una estructura, lo único que le queda es pasar la posta a un familiar. No importa si tiene las cualidades para el cargo, la vocación y los conocimientos para gerenciar. Es el sucesor y no queda otra que rendirle pleitesía. Como decían los franceses monárquicos: “Le roi est mort, vive le roi” (El rey ha muerto, viva el rey).
Este es uno de los motivos por los cuales el 95% de las empresas familiares mueren en la tercer generación: no aceptan separar la propiedad, de la gestión. Pero esto será tema de la próxima columna.