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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl presidente electo y el futuro canciller de la República han manifestado cierta disposición en respaldar la reelección del Dr. Almagro como secretario general de la OEA. Antes de referirme a esa cuestión, debo manifestar que, con respecto al mismo, me corresponden las generales de la ley, porque, por un lado, mantuvimos, hace unos años, una controversia periodística en la que utilizó argumentos falaces y, por el otro, me ha causado admiración el hecho de que se haya podido burlar, nada menos, que de Mujica, de Evo Morales y de Nicolás Maduro, que lo ayudaron y a los que luego les hizo pito catalán y porque ha logrado cumplir con el aserto de aquel almirante que dijo que se había dado “un giro de 360 grados...”. El Dr. Almagro está logrando ese giro, porque luego de haberse iniciado como militante del Partido Nacional se fue a las antípodas, ocupando el 5º lugar en la lista al Senado del MPP en las elecciones del 2014 y actualmente se está acercando al partido en que se inició.
Estimo que el nuevo gobierno debe analizar con cuidado ese eventual apoyo por las siguientes consideraciones:
1.- La gestión en la OEA.- Su gestión como secretario general de la OEA ofrece múltiples aspectos criticables, en particular porque estima que por desempeñar ese cargo puede hacer las declaraciones que a él se le ocurran sobre cuestiones que corresponden a la jurisdicción doméstica de los Estados miembros y eso no es correcto. La Carta de esa organización establece en sus arts. 107 a 113 sus cometidos y en ninguna de esas disposiciones se le otorga representación alguna del organismo, ni competencia para efectuar declaraciones sobre asuntos internos de los países miembros. Incluso, el art. 118 establece que “el secretario general y el personal de la Secretaría General se abstendrán de actuar en forma alguna que sea incompatible con su condición de funcionarios internacionales responsables únicamente ante la organización”. Es pues claro que el secretario general debe de cumplir estrictamente con los cometidos que le ha asignado la Carta de la organización y, sin embargo, son innumerables las declaraciones efectuadas por el Dr. Almagro que, en opinión del suscrito, le está vedado realizar.
A título de ejemplo, cuando se promovió juicio político contra la expresidente de Brasil Dilma Rousseff, manifestó que “no hay fundamento alguno” para que ese procedimiento se llevase a cabo. Consideramos impropia esa declaración, ajena a sus competencias y violatoria del principio de no intervención, puesto que el secretario general de la OEA, que no es más que un funcionario de la misma, al efectuarla interviene en una cuestión regulada por la Constitución de Brasil. Igual comentario merecen las declaraciones como las que realizó cuando manifestó que la prisión de Lula “ayudaba al crecimiento democrático” y que la dimisión del presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski era de una “lectura positiva”.
El secretario general de la OEA debe ser un factor de conciliación de posiciones contrapuestas, un articulador y un negociador, no un factor de controversias como las que se producen con este tipo de declaraciones. El Dr. Almagro, en ese sentido, debió seguir el ejemplo de nuestro ilustre compatriota, el Dr. José Mora Otero, que, cuando ocupó ese cargo, se caracterizó por su bajo perfil y su gestión mediadora, lo que le mereció ser reelecto por aclamación.
2.- La gestión como ministro de Relaciones Exteriores. Su pasaje por ese ministerio ha tenido aspectos censurables. Para no extenderme en demasía me voy a referir solo a dos: a) El Dr. Luis Almagro era el canciller del Uruguay cuando, el 29 de junio de 2012, se aprobó por el Mercosur el ingreso de Venezuela al Mercosur tras la suspensión del Paraguay de este sistema de integración, luego de la destitución del presidente Fernando Lugo. La suspensión de Paraguay fue un acto grosero de intervención en un Estado democrático, con un propósito perverso como lo fue sin duda el eludir el voto negativo paraguayo para permitir el ingreso de Venezuela al sistema de integración. b) En agosto de 2014, en una conferencia de prensa que él presidió y que contó con la presencia del ministro de Defensa Nacional, Eleuterio Fernández Huidobro, anunció, con bombos y platillos, que se había obtenido el acuerdo para extender la plataforma continental uruguaya, hasta las 350 millas por parte de la Comisión de Límites de la P.C. de las Naciones Unidas y que ello iba a ser ratificado en febrero del año siguiente. Incluso la presidencia de la República, en su portal, informó que, con esta medida, Uruguay “es el primer país de América Latina que establece el límite exterior de su plataforma continental en todo su margen marítimo de conformidad con la Convención de Derecho del Mar”. Esa declaración, que contó con el aval técnico del presidente de la Comisión Asesora de Límites de la Plataforma Continental (Coalep), Dr. Carlos Mata, carecía de veracidad. No era cierto que la Comisión de Límites de la P.C. de la ONU hubiese aprobado la extensión de nuestra plataforma continental hasta las 350 millas náuticas. Ello recién se logró en el año 2016 y solo en un ápice de la misma se alcanza esa extensión. Obviamente, toda esa maniobra, que incluso podría tipificarse como una falsificación ideológica, fue orquestada por el Dr. Almagro con un propósito de promoción electoral dada la proximidad de las elecciones del año 2014 en la que él fungía como candidato al Senado.
Por lo expuesto, exhorto al presidente electo Dr. Luis Lacalle Pou y al futuro canciller economista Ernesto Talvi a examinar con cuidado lo relativo al apoyo a este señor, en particular en cuanto a la lealtad y confianza que puede merecer.
Dr. Edison González Lapeyre