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    En dos frentes

    N° 2005 - 24 al 30 de Enero de 2019

    En este primer mes del año, y tal como el calendario futbolístico lo determinaba, el prioritario interés de los aficionados fluctúa entre la actividad internacional, con la participación de nuestra selección Sub-20 en el Campeonato Sudamericano de esa categoría, y una actividad local, reducida al Torneo de Verano, en el que participan Peñarol, Nacional y dos equipos extranjeros: Barcelona de Ecuador y César Vallejo de Perú.

    Hasta ahora la selección que dirige Fabián Coito —y que está en Chile para defender su título de campeón de la edición anterior— ha disputado dos partidos con resultados disímiles: cayó inesperadamente frente a Perú en su debut y luego derrotó a Ecuador en su segunda presentación. Y, aun sin haber obtenido el puntaje ideal, los resultados de los demás cotejos de su serie hacen que, a esta altura, mantenga intacta su chance de clasificar para la siguiente ronda.

    Creemos que el rendimiento de nuestro equipo aún no ha llegado al nivel que podía esperarse, tanto en el plano colectivo como en el de varios de sus integrantes. En especial, teniendo en cuenta algunos aspectos manejados en lo previo, en especial el hecho —resaltado en nuestra última columna— de que conforman el actual plantel un número inusual de futbolistas que ya militan fuera del país (lo que prometía ser un factor importante, en cuanto al eventual potencial al que podía echar mano su técnico).

    Es cierto que la inicial derrota frente a Perú fue injusta, que el gol incaico derivó de la ejecución de un penal inexistente, y que se dilapidaron varias clarísimas chances de gol, que pudieron haber cambiado el resultado del partido. Pero la Selección estuvo lejos de mostrar un aceptable ensamble entre sus piezas y una línea de juego más o menos definida, quedando librada a impulsos individuales, que tampoco tuvieron el nivel que era dable esperar, en atención a los aspectos ya mencionados. Pueden haber influido los habituales nervios del debut (aunque lo mismo se aplica al resto de los equipos) o la responsabilidad —en este caso exclusiva— de defender su actual condición de campeón. Pero igual esperábamos bastante más que lo que hemos visto hasta ahora.

    Coito hizo algunas variantes para el segundo partido, tanto en lo táctico como en la conformación de la escuadra titular. Y la mejoría fue notoria (un apunte al pasar: en cuanto a nuestras recientes selecciones, pocas veces la alineación que arrancó el torneo fue la que terminó disputando los últimos partidos). Sin tener una mayor posesión del balón, este circuló ordenadamente, el fútbol fluyó de mejor manera y, especialmente, aparecieron algunas figuras en un alto nivel. Schiappacase —que no fue titular en el debut— mostró destellos de su reconocida clase; el riverense Agustín Dávila confirmó lo insinuado en el curso del partido anterior, constituyéndose en el goleador del equipo y en su mejor figura, bien acompañado por Acevedo y Sanabria en la mitad del terreno, y con chispazos de Juan Manuel Boselli cuando ingresó en los últimos minutos. Aunque hay aún cosas que corregir (extrañamente, en la zaga, Bruno Méndez apareció algo lento y lejos del rendimiento esperado, al igual que Darwin Núñez en el ataque), nuestro equipo demostró que está para más y que mantiene intacta su chance en el torneo, a la espera de su partido de esta noche ante Argentina. Y bueno sería que aparezca el habitual prolijo estilo de las formaciones juveniles dirigidas por Fabián Coito.

    En lo que hace al reciente partido clásico, no puede sorprender que Peñarol se haya alzado con una cómoda victoria. En lo previo llegaba a esta cita veraniega con la apreciable ventaja de tener una formación ya bien consolidada, frente a un rival que recién se está armando (tras haber sido desmantelada su anterior estructura futbolística), y con un nuevo técnico no adaptado aún a nuestro medio. Demasiadas ventajas, pues, las que ofrecía este Nacional para poder aspirar a un mejor resultado frente al reciente campeón uruguayo.

    Con todo, en el primer tramo del partido, el trámite fue relativamente parejo y bien jugado por ambos lados, y además con un ritmo realmente desusado para el comienzo de una temporada. Pero esa auspiciosa exhibición futbolística duró hasta el minuto 25, cuando el golero tricolor Mejía se arrojó temerariamente a los pies de Estoyanoff, que iba a anotar, y tras el duro choque con el delantero, totalmente fuera de sí, le agredió a puñetazos, que este repelió del mismo modo. El juez Tejera puso fin al incidente expulsando a ambos futbolistas; y mientras López decidió no realizar variante alguna, su colega tricolor debió suplir a Mejía con el debutante Centurión, aunque excluyendo incomprensiblemente al juvenil Santiago Rodríguez, que venía siendo el mejor exponente de su equipo.

    Desde ese momento y hasta el final de la primera etapa, Peñarol se erigió en claro dominador de las acciones, frente a un Nacional flojo en la marca en la mitad del terreno y carente de ideas para poder acercarse con peligro al arco de Dawson. En el arranque del segundo tiempo, el equipo aurinegro pisó a fondo el acelerador, y enseguida llegaron los dos goles casi consecutivos de Cannobio y el Toro Fernández, que ya lo colocaron totalmente fuera del alcance de su oponente. Gargano se erigió en el patrón de la cancha, muy bien secundado por Guzmán Pereira, en la media cancha, y los aportes de los autores de los goles y Gastón Rodríguez en ofensiva, y del juvenil Enzo Martínez en la zaga.

    Nacional prácticamente desa­pareció de la cancha, al verse prontamente en desventaja, siendo abiertamente superado por el mejor despliegue del rival. Ausente Oliva, le faltó quien tomara el timón en la mitad del terreno (Neves quedó muy solo), siendo vanos los elogiables intentos individuales de Amaral por arrimarse al arco mirasol. El equipo tricolor apareció perdido en la cancha, apelando a reiteradas faltas para frenar el mejor fútbol del rival e impotente para hilvanar siquiera una jugada ofensiva con peligro para la valla adversaria.

    En definitiva, el resultado de este primer clásico del año se ajustó a la lógica más decantada. Actualmente, Peñarol está varios puntos por encima de su tradicional rival, en tanto logró mantener la base de la temporada anterior, sobrellevando las contadas bajas que sufriera. Nacional, en cambio, no parece haber definido aún su mejor conformación, ni logrado, consecuentemente, un funcionamiento más o menos adecuado. No puede extrañar entonces que, como consecuencia de ese traspié, la dirigencia tricolor haya mostrado buenos reflejos, abrochando un par de incorporaciones (las de Álvaro Palito Pereira y Mathías Cardaccio), que le pueden aportar la cuota de madurez y experiencia que este plantel parece actualmente requerir; más aún, si se confirma el alejamiento de Christian Oliva, su figura de mayor destaque en la temporada anterior.

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