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    Entre el aumento de impuestos o la baja del gasto

    N° 2021 - 23 al 29 de Mayo de 2019

    Tímidamente, va tomando forma la larga campaña electoral que tendremos en este año 2019, y van apareciendo los primeros contrapuntos entre los precandidatos de los partidos de oposición y del oficialismo.

    Así, en los últimos días comenzó a tomar forma la discusión respecto a qué hacer con el gasto público y con los impuestos, dado que es claro que la actual trayectoria que muestran tanto el déficit fiscal como la deuda pública son claramente insostenibles.

    Entre la oposición, parece ir tomando forma la idea de que hay que bajar el gasto reduciendo las ineficiencias de gestión (es lo que han planteado, por ejemplo, el blanco Luis Lacalle Pou y el colorado Ernesto Talvi), mientras que en el oficialismo parece primar la idea de que hay que subir los impuestos o al menos mantener y eventualmente redistribuir la carga impositiva. Para eso, apuestan a que el gasto crezca menos de lo que lo hace la economía, como esta semana planteó el precandidato favorito Daniel Martínez en su presentación en ADM.

    El ministro de Economía, Danilo Astori, en los festejos por los 25 años de su sector político Asamblea Uruguay, se introdujo en esta discusión señalando que “las propuestas de la oposición son absolutamente insostenibles” y “promesas irrealizables y contravenciones insanables”. Antes de pedir a los partidos de oposición que “no agravien al presidente de la República”, hizo lo propio con el resto del sistema político señalando que “no tienen visiones del futuro del Uruguay”, y que “no conocen absolutamente nada de cómo funciona el gasto público en Uruguay”.

    Se olvidó de incluir en su crítica el ministro Astori al BID, que hace algunos meses realizó un estudio en toda América Latina para medir la ineficiencia en la ejecución del gasto público en los diferentes países de la región, llegando a la conclusión de que en el caso de Uruguay representaba 3,7% del PBI, una cifra descomunal. Quizás el lapsus del ministro se deba al financiamiento que se recibe de ese organismo internacional, como ha sido el caso recientemente para poner en marcha la construcción del Ferrocarril Central.

    Más allá de la inevitable y hasta cierto punto justificada “pirotecnia política”, lo que va quedando cada vez más claro es que así como estamos no se puede continuar mucho tiempo más. Por lo tanto algo hay que hacer, porque no hay magia que nos pueda sacar del statu quo actual, salvo una dramática mejora de las condiciones internacionales y de nuestros términos de intercambio, que hoy lucen como virtualmente imposibles en el corto plazo.

    Decir que el problema se soluciona con más crecimiento del PBI y con el gasto subiendo menos, es una expresión de deseos totalmente vacía, de la misma forma que no tiene ninguna validez señalar que el problema de la falta de competitividad se soluciona aumentando la productividad. Para que haya más crecimiento y más productividad, tiene que haber mucha más inversión, y para que esta se materialice, tiene que haber una rentabilidad adecuada y un ambiente de negocios amigable. Hoy por hoy no existe ninguna de las dos cosas.

    Además de por el deterioro del contexto externo, la falta de rentabilidad está directamente vinculada al creciente peso de un gasto público que aumenta. Eso obliga a tener impuestos muy altos y tarifas de energía, combustibles y electricidad muy por encima de las necesarias para cubrir los costos de producción de dichos bienes, a los efectos de darle recursos a la Tesorería. Las rigideces que se han introducido en el mercado de trabajo en los últimos años, que fueron básicamente inocuas en la época de bonanza de los precios de los commodities y en la región, son otro factor que aumenta los costos y contribuye a generar un ambiente de negocios poco amigable.

    Que haya visiones diferentes entre el gobierno y la oposición no debería sorprender a nadie, pero lo que debería tener en claro todo el mundo son las consecuencias de un camino u otro.

    Partiendo de la base de que al menos por un par de años va a ser muy difícil esperar una mejora sustancial en el contexto externo regional e internacional así como en nuestros términos de intercambio, cuando el oficialismo diga que quiere mantener el actual nivel de gasto público o aumentar el mismo, debe entenderse con claridad que habrá que subir mucho más los impuestos y que las tarifas de los servicios públicos serán cada vez más elevadas, quitándoles cada vez más competitividad a los sectores productivos. La mentira del 2014, cuando se señaló que no se iban a subir impuestos, ya no se podrá sostener esta vez.

    Aunque las propuestas de bajar el gasto realizadas hasta ahora se quedan muy cortas, si efectivamente se concretan, podría pensarse en apuntar desde el inicio del próximo gobierno a rebajas en las tarifas de los servicios públicos y a algunos impuestos que afectan directamente los costos de producción, y con ello dar un cierto oxígeno a las empresas locales para que retomen el crecimiento de la producción y del empleo.

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