N° 2017 - 25 de Abril al 01 de Mayo de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn esta especie de circo con varias pistas simultáneas en el que la actividad futbolística discurre en ámbitos bien diversos, la pausa provocada por la no edición de Búsqueda en la pasada semana determina que sean varios los eventos que podrían haber sido materia de esta columna de opinión. Al caso, lo ocurrido en Belo Horizonte, en donde Nacional fue a buscar ese punto que le bastaba para clasificar a los octavos de la Copa Libertadores, pero terminó alzándose con una magnífica victoria ante el Atlético Mineiro (uno de los “grandes” del fútbol brasileño) con una soberbia definición de Felipe Carballo cerca del final del partido. En tanto en la noche de ayer miércoles —cuando esta nota ya estaba en prensa— Peñarol buscaba un objetivo similar, enfrentando al equipo de San José, en la temida altura de Oruro. También podría destacarse con el énfasis pertinente lo hecho por tres equipos “chicos” (River Plate, Wanderers y Liverpool), que ya han logrado clasificar meritoriamente a la siguiente fase de la Copa Sudamericana.
Sin embargo, optamos por centrar nuestro análisis en la inesperada derivación que ha tenido uno de los partidos disputados en esta última fecha del Torneo Apertura (el empate en cuatro goles por bando entre Nacional y Fénix). No tanto porque ello constituya un hecho singular —más bien es algo recurrente en nuestro fútbol— sino porque, a diferencia de otras veces, el enfoque de lo acontecido y el modo de superarlo hoy pueden ser hechos desde una óptica muy distinta.
Como es notorio, Nacional (así como en otras ocasiones lo ha sido Peñarol, o en menor grado, alguno de los equipos menores) apenas concluido ese partido, reclamó airadamente la renuncia de los integrantes de los organismos que regulan el arbitraje a escala local, manifestando su disconformidad respecto a varios fallos que entiende le han perjudicado, no solo en esta oportunidad, sino también en otras anteriores. En concreto, el desencadenante de este enérgico reclamo fue la actuación del juez Andrés Cunha, en ese empate entre tricolores y albivioletas del pasado fin de semana.
Vale reconocer que le asiste plena razón a la directiva tricolor, en cuanto a que la labor de quien hoy resulta ser el máximo exponente de nuestro referato fue francamente deficitaria. Son varios los fallos que se le han cuestionado, pero sobresale nítidamente la no sanción de un gol de tiro libre, ejecutado por Santiago Rodríguez —ya en los descuentos y con Nacional abajo en el tanteador— cuando el balón fue rechazado por el guardameta albivioleta, habiendo ya traspuesto la línea de su arco. Cuesta entender que Cunha (y el línea Soppi que estaba de ese lado de la cancha) no hayan visto algo que se apreció a simple vista, y en el mismo momento de la ejecución, sin necesidad de apelar al replay televisivo. Y aunque finalmente, un minuto después de esa jugada, Bergessio pudo empatar el partido, ello no atenúa la magnitud del ya mencionado error arbitral. Y nos permitimos remarcar la palabra error, porque preferimos confiar en la probidad de nuestros jueces, y descartar —hasta que no se demuestre lo contrario— la existencia de una oscura conjura entre el juez y su asistente para perjudicar a Nacional en ese partido.
Sostiene la dirigencia tricolor haber recolectado pruebas reveladoras de que viene siendo perjudicado sistemáticamente, no solo en el torneo actualmente en disputa, sino también en otros anteriores. Por tal razón ha direccionado sus fuertes críticas hacia el órgano que, dentro de la AUF, se ocupa del tema arbitral, retirándole su confianza y exigiendo la inmediata remoción de sus actuales integrantes. Sin embargo, no parece improbable que esa intempestiva salida de tono, apenas finalizado el partido del domingo, por parte de un dirigente mesurado como el actual presidente Decournex, pueda responder al propósito de redireccionar hacia otro lado el explicable descontento de buena parte de la parcialidad tricolor, por los muy magros resultados deportivos en la actividad local, en lo que va de su mandato. ¿O acaso los errores arbitrales que ahora se denuncian son los que explican los cuatro goles que recibió el elenco dirigido por Álvaro Gutiérrez en ese cotejo? ¿O que, a esta altura, resulte virtualmente imposible que Nacional pueda siquiera terciar en la definición del actual certamen?
Pero más allá de cualquier especulación, si algo ha quedado bien en claro es que el equipo tricolor llegó al viejo Parque Capurro en procura de la victoria, remando de atrás un partido que nunca le resultó favorable. Y de ese modo dio por tierra con el maledicente vaticinio de quienes especulaban con que ello no iba a ser así, para fortalecer la chance del dueño de casa, a esta altura el más serio contendiente de Peñarol para la obtención del Apertura.
La otra consecuencia que puede extraerse del polémico arbitraje de Cunha y el consiguiente reclamo tricolor —y en ello queremos detenernos— es la imperiosa necesidad de incorporar la tecnología actualmente disponible, para facilitar la tarea de los jueces y asegurar en lo posible la justicia de los resultados de los partidos que se juegan en nuestro medio (precisamente ese fue el tema con el que, hace casi un año, diéramos inicio a este contacto semanal con los lectores de Búsqueda).
No se nos oculta que la implementación del VAR (que de esto se trata) tiene un costo muy elevado, lo que ha sido seguramente la razón por la que aún no se haya implantado de un modo más generalizado. A ello se suman las polémicas resultantes de su aplicación, en aquellas varias ligas que sí lo hicieron. Lo que queda empero bien en claro es que la adecuada utilización de esta tecnología de avanzada impediría situaciones como las que hoy son objeto de la denuncia tricolor, por lo que un estudio serio a ese respecto debería ser prioritario para las flamantes autoridades de la AUF.
Pero más aún. Transitoriamente, existe una modalidad mucho más económica y accesible para clarificar aquellas acciones dudosas que se presentan en un escenario deportivo, y que el básquetbol ya viene utilizando satisfactoriamente en nuestro medio. Cuando se presentan esas situaciones, alguno de los jueces acude a la observación de la jugada en una pantalla de televisión, ubicada al costado de la cancha. Y una vez clarificada la acción de que se trata, ratifican o rectifican el fallo inicial. No se nos oculta que esta sería una solución parcial, solo aplicable en aquellos partidos de fútbol que son televisados (que igual son muchos y generalmente aquellos de mayor importancia). Pero, aun con esa innegable limitante —y transitoriamente—, sería un aporte significativo para lograr una mayor justicia en sus resultados. Y cuando menos, se recortarían en una buena proporción las polémicas y los consiguientes reclamos que hoy sacuden nuestro ambiente futbolístico.