Es vox populi

Es vox populi

La columna de Andrés Danza

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Nº 2269 - 21 de Marzo al 3 de Abril de 2024

Vox populi, vox Dei. Proveniente del latín y con más de mil años de historia. No está claro quién fue el primero que pronunció esa frase pero conceptos parecidos ya aparecían en textos griegos como La Odisea y también en las reflexiones del filósofo y escritor romano Séneca. En el año 798 está el primer registro textual por escrito, en una carta del emperador Carlomagno, pero para criticarla y quejarse de “desenfreno del vulgo”. Sin embargo, queda claro que se está refiriendo a un viejo proverbio con muchas décadas o siglos de transmisión oral.

Su significado literal es: voz del pueblo, voz de Dios. Parece ser una sentencia de origen religioso, con algún vínculo bíblico, pero no lo es. Refiere más bien a la sabiduría popular por encima de todo. A lo largo de la historia se ha utilizado en un sentido mucho más mundano que celestial, relacionado con el poder y la democracia. Una de las mejores reflexiones al respecto debe ser la del italiano Nicolás Maquiavelo, que en el libro “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” argumenta que “no se dice sin razón que la voz del pueblo es la voz de Dios” y agrega: “Vemos a la opinión pública pronosticar los acontecimientos de una manera tan maravillosa, que se diría que el pueblo está dotado de la facultad oculta de prever los buenos y los malos”.

Vox populi, vox Dei. Pasaron siglos, ideologías, guerras, desastres naturales y cientos de generaciones de líderes, de gobernantes demócratas, otros más o menos autoritarios y también de dictadores y tiranos y el círculo siempre termina en la misma frase: Vox populi, vox Dei. Aunque sean pocas veces las que se pronuncie y aunque las nuevas generaciones ni siquiera sepan de qué se trata, el concepto sigue tan vigente como el primer día y funciona como esencia de la vida democrática y como una verdad que a la larga o a la corta siempre se termina imponiendo.

Lo sabe el presidente Luis Lacalle Pou. De eso hablaba durante la entrevista que le hicimos a principios de marzo en la inauguración de ciclo Desayunos Búsqueda de 2024. Contaba que un amigo suyo le decía, con razón, que los uruguayos no se han equivocado al elegir a su presidente, que cada época tuvo y tiene el jefe de Estado más propicio para su tiempo.

Lo sabía el expresidente José Mujica cuando en uno de sus últimos discursos antes de ser elegido primer mandatario se dirigió directamente al pueblo como su interlocutor y le recordó que había un indio como presidente de Bolivia, un negro en Estados Unidos, un obrero metalúrgico en Brasil y que por eso entendía que ese podía ser su tiempo de gobernar Uruguay.

Lo sabía el expresidente Julio Sanguinetti cuando lideró la transición desde la dictadura a la democracia sobre la base del “cambio en paz” y la estructura de esa salida, basada en la “ley de caducidad”, luego fue refrendada a través de las urnas, confirmando su olfato previo sobre cuál era el sentir popular mayoritario en ese momento.

Lo saben todos los gobernantes que llegan al principal lugar de decisión pública porque lo tienen que saber. Para ejercer su cargo deben incorporar en el primer respiro luego de cruzarse la banda presidencial que son mandatarios del pueblo y que es él quien tiene la última palabra porque es el que los puso ahí.

Vox populi, vox Dei. El pueblo a la altura de un dios. Subestimarlo o creerlo inferior es el principio del fin para cualquiera que lo haga. Ejemplos a lo largo de la historia hay varios y todos los tiranos o dictadores de turno terminaron de la peor forma, siendo condenados al infierno o a la absoluta ignorancia por la historia. La gente no es tonta. Se puede equivocar o ser engañada durante un tiempo pero no para siempre.

Todo este relato con mucho de historia y de presente viene a cuento por la campaña electoral que tiñe a Uruguay durante todo este año y que ya está ingresando en las etapas más trascendentes. De estos meses saldrá el próximo presidente y vicepresidente de la República, senadores, diputados y cientos de cargos que nos gobernarán durante cinco años. Y eso trae aparejado todo tipo de movimientos, algunos legales y otros no tanto, algunos limpios y otros salpicados de barro.

Es ahí que llegan las campañas sucias, los trascendidos, las críticas fuera de tono, los me dijeron que le dijeron que le dijeron, y muchos otros operativos de poca monta o de mucha monta pero de poco valor real. También los otros, los que sí tienen sustento, los que primero dejan ver apenas una parte, que resulta ser como la punta de un iceberg, y luego terminan revelando una enorme estructura mantenida por años bajo agua.

Este año va a haber de todo. También hubo algunos casos emblemáticos en los últimos años, fuera del período electoral, pero en los próximos meses es probable que estas denuncias, algunas muy bien fundamentadas y otras que se desarman con la primera brisa, aumenten en forma considerable. Así son las campañas. Y más en estos tiempos de redes sociales, inmediatez, fake news y millones de registros de la vida cotidiana, algunos verdaderos y otros inventados.

A nadie va a sorprender que eso pase, aunque igual hay que estar preparado. Días atrás ocurrió con uno de los precandidatos del Frente Amplio, Yamandú Orsi, pero luego puede pasar con otros de todos los partidos. En el caso de Orsi la denuncia ya está en la Justicia, que será la que finalmente dictaminará.

Más allá de eso, en este caso como en casi todos la verdad tarde o temprano se termina imponiendo, casi siempre. Como dijo Mujica al ser consultado en el programa Santo y seña de Canal 4 específicamente por el caso que involucra a su compañero del MPP: “Si es verdad, se va a saber”. El tema es el tiempo y el daño que se pueda llegar a causar en el medio, para una o para otra parte. También hay otros casos en los que la duda envejece y termina muriendo de vieja. Serán los menos, pero los hay.

Pero en este caso y en los que puedan llegar durante las próximas semanas están las urnas de por medio. La última palabra con respecto a quién creerle y darle la razón la tendrán los ciudadanos. Y los que aspiran a ocupar los principales cargos en la estructura política tienen que someterse a ese veredicto. En el medio pueden pasar muchas cosas que confundan, desinformen o revelen verdades ocultas, pero la sentencia final va a llegar cuando se cuenten los votos.

Son los ciudadanos los jueces más importantes de este año. Son ellos, en el último minuto, los que decidirán qué vale y qué no. Vox populi, vox Dei. Y demos gracias que así sea.