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    miércoles 12 de junio de 2024
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    Esa próxima conversación

    Nº 2274 - 2 al 8 de Mayo de 2024

    La semana pasada fui invitado a un almuerzo organizado por Búsqueda en el que tuve el privilegio de compartir mesa con Andrés Danza, director periodístico de este semanario, Diego Forlán, Fernando Parrado y Edgardo Novick, entre otros reconocidos comensales. La conversación fue tan amena y divertida que, la verdad, cuando vimos el reloj ya era pasadas las 14.30 y nos costó levantarnos de la mesa para irnos.

    A mi regreso, caminando hacia la oficina, me preguntaba por qué en general no es tan común el hecho de tener conversaciones distendidas y despojadas, aun en el desacuerdo, de enojos y tensiones con cualquier persona o grupo. ¿Por qué nos cuesta encarar conversaciones difíciles? ¿Qué nos pasa en nuestros trabajos cuando tenemos que abordar temas más complejos? ¿Cómo nos preparamos para debatir asuntos en los que ponemos en juego sentimientos, valores y emociones?

    En el complejo entorno laboral actual, enfrentarse a situaciones desafiantes como comentarios sexistas, visiones dispares sobre la diversidad o desavenencias políticas pueden hacer difícil el ambiente de trabajo. Estas situaciones no solo llegan a afectar el clima interno, sino también la moral y el bienestar de los colaboradores. En las discusiones de sobremesa familiar cada vez son más recurrentes las miradas dispares sobre las situaciones que se viven dentro y fuera de casa. Ocurre también en el ámbito escolar de nuestros hijos y en los criterios que usan quienes toman decisiones sobre nosotros. Sin embargo, abordar estos problemas de manera efectiva requiere muy buenas habilidades de comunicación y una comprensión profunda de cómo interactuar constructivamente con otros en situaciones delicadas.

    Al enfrentar tales desafíos, es natural sentir el impulso de responder de inmediato, confrontar a la persona involucrada y expresar nuestro punto de vista. Sin embargo, la forma en que manejemos estas situaciones puede tener un impacto significativo en los resultados y en las relaciones a largo plazo. La confrontación directa y la crítica pueden provocar resistencia y llevar a conflictos aún mayores, mientras que un enfoque más reflexivo y comprensivo puede fomentar la comprensión mutua y la resolución pacífica de conflictos.

    Abordar una conversación difícil es una tarea compleja y muchas veces subestimada.

    La película española del año 2016 7 años, que se puede ver en Netflix, presenta la historia de cuatro socios de una empresa que se encuentran en una situación complicada después de cometer un fraude financiero. Para evitar que todos vayan a la cárcel, deben decidir quién se llevará la culpa y pasará siete años en prisión mientras los demás continúan con sus vidas. El film muestra el diálogo que deben entablar los cuatro socios, que se hace aún más compleja cuando aparecen conversaciones pendientes del pasado que nunca se animaron a tener.

    Para comprender mejor cómo manejar estas situaciones y hacer oír nuestra voz sin dañar relaciones, es útil considerar el consejo de profesionales que se dedican a temas relacionados con la comunicación y la resolución de conflictos.

    En primer lugar, deberíamos definir de qué hablamos cuando nos referimos a conversaciones difíciles. Gabriel Vallone, experto en temas de negociación, plantea que una conversación cualquiera que nos cuesta afrontar es, seguramente, por el miedo a las posibles consecuencias que se deriven de esa charla. Lorena Estefanell, psicóloga que se dedica a temas de educación, parejas y relaciones con los hijos, aclara que, por un lado, está la dificultad para conversar y, por otro, la complejidad del tema. Para ella, dos personas podrían tener una charla complicada sobre cuál gusto de helado elegir para el postre. En definitiva, se trata de los sentimientos, las posturas, los valores y las inseguridades que están en juego.

    Al encontrarnos con situaciones difíciles en el trabajo, en la pareja, en un círculo de amigos donde surge una microagresión o un comentario sexista, es importante acercarse a la persona involucrada con empatía y comprensión. En lugar de confrontarla directamente o criticar sus acciones, es aconsejable iniciar un diálogo constructivo. Para la coach Magela Pardo, el primer paso en una charla de esta naturaleza consiste en revisar qué nos desafía de dicha situación y prepararnos de forma adecuada para que sea una oportunidad de desarrollo personal. Todos somos humanos y cometemos errores, y enfatizar el deseo de comprender la perspectiva de la otra persona para encontrar una solución mutuamente satisfactoria es el primer paso para empezar a avanzar.

    En esa misma línea, Estefanell propone la empatía como clave del éxito para conversar. ¿Tenés una conversación difícil? Bueno, pensá por qué es difícil para el otro también. Para la psicóloga estamos tan concentrados en el contenido que perdemos de vista que para la otra persona es difícil. Reflexionar y explorar esos motivos nos puede ayudar a construir algo distinto.

    Antes de responder a una situación desafiante en el trabajo, conviene también tomarnos el tiempo para escuchar activamente la perspectiva de la otra persona. El psicólogo Salomón Lewin agrega un aspecto fundamental a esta escucha y es la de escucharnos a nosotros mismos. En ese sentido su recomendación se basa en preparar la conversación haciendo un breve esquema de unos pocos puntos clave a tratar y tomarse unos minutos previos en silencio para respirar, meditar y procesar los sentimientos propios antes de llegar al encuentro con el otro. Olvidamos muchas veces que la conversación más complicada es aquella que debemos tener con nosotros mismos.

    A menudo, los cortocircuitos cuando conversamos surgen de una falta de comunicación real y de percepciones erróneas. Al escuchar con empatía y comprensión, podemos establecer una base para una conversación constructiva y encontrar soluciones que satisfagan las necesidades de ambas partes. Yo mismo me encuentro muchas veces, mientras hago de cuenta que escucho al que habla, pensando lo que voy a contestar en lugar de escuchar con atención activa lo que la otra persona me está diciendo.

    Es fácil perder de vista la humanidad de las personas cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles, por ejemplo, en el trabajo. Sin embargo, es importante recordar que todos somos seres humanos con sentimientos, historias y experiencias únicas.

    Vallone expresa que uno de los errores recurrentes en las conversaciones difíciles es que nos enfocamos en encontrar la verdad, en tratar de demostrar que tenemos razón, lo que es absolutamente estéril. En lugar de discutir razones, mejor analicemos la perspectiva de cada uno de los involucrados en la conversación.

    En lo personal, me gusta pensar que el resultado de una charla compleja no es una solución única, ni quién es el que al final tenía razón, sino más bien es encontrar un lugar en el que cada uno de los involucrados se vaya con una mirada diferente, un aspecto que no había considerado o una información que no tenía.

    Suelo ver personas que discuten y olvidan la relación que los une o las cosas que tienen en común. Se centran en el problema y en los sentimientos que les genera, etiquetando a la persona que tienen enfrente con los mismos atributos que a la propia situación. Esto ocurre mucho en política. También me ha ocurrido con amigos que intercambian ideas sobre lo que ocurre en Medio Oriente. Debemos hacer el intento de tratar a los demás con respeto y compasión, incluso cuando estemos en profundo desacuerdo con ellos. Hay que dejar de etiquetar a las personas o deshumanizarlas con base en sus acciones o sus puntos de vista. Al reconocer la humanidad de los demás y mostrar empatía con ellos, podemos construir espacios más inclusivos y respetuosos.

    Adoptando un enfoque reflexivo y compasivo para abordar situaciones desafiantes a la hora de expresar motivos, sentimientos, puntos de vista, podemos promover un ambiente cercano más positivo y colaborativo. Cada interacción es una oportunidad para aprender y crecer, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Comprometiéndonos a tener un diálogo abierto y enfocándonos 100% en la comprensión mutua, es posible construir relaciones más fuertes que contribuyan activamente al éxito y al bienestar de nuestros equipos, nuestra organización y nuestras familias.

    Hagamos un listado de todas las conversaciones que tenemos pendientes, un listado de todas aquellas personas a las que tenemos cosas para decirles y las hemos evitado por miedo, por no encontrar el momento ni las palabras justas. El tiempo es ahora. Es momento de empezar a tener esa “próxima conversación”.