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    miércoles 12 de junio de 2024

    Estrategias y fronteras: el abrazo de Yamandú Orsi y Carmelo Vidalín

    Nº 2194 - 6 al 12 de Octubre de 2022

    El viernes 23 de setiembre en el Club Artigas de Florida (tomar nota de fecha y lugar), en el marco del 11° Congreso del Movimiento de Participación Popular, coincidieron Yamandú Orsi y Carmelo Vidalín, dos intendentes muy populares de partidos rivales. El encuentro tenía como tema un asunto de primer orden: “Descentralización y federalismo en el Uruguay del siglo XXI”. No será quien firma esta columna el que cuestione ni las coordenadas de fecha y lugar (tan obviamente artiguistas), ni el asunto en discusión (tan transcendente) ni la señal de civilización política enviada al éter (tan necesaria) en tiempos en que la frontera entre los partidos amaga, con demasiada frecuencia, en convertirse en grieta y abismo. Mirado desde este punto de vista, el encuentro solamente merece ser celebrado.

    Pero rara vez los dirigentes políticos uruguayos dan puntada sin hilo. Por tanto, cabe preguntarse: ¿por qué el MPP invitó a Carmelo Vidalín a su casa? ¿Por qué Carmelo Vidalín, quien apenas una semana atrás había proclamado, para sorpresa de muchos, su apoyo a la precandidatura presidencial de Álvaro Delgado, aceptó la invitación? Supongamos, al menos como hipótesis de trabajo, que anfitrión e invitado tienen un ojo puesto en la elección de 2024, ¿qué ganan? O, mejor dicho, ¿qué creen ganar en términos de competencia electoral? La pregunta siguiente es, desde luego: ¿estarán haciendo bien las cuentas?

    Para explicarme un poco mejor preciso remontarme a la elección de 2009. En agosto de 2008, José Mujica todavía no había confirmado que sería precandidato en la primaria del Frente Amplio. En la vereda de enfrente, Jorge Larrañaga lideraba cómodamente la intención de voto en el Partido Nacional. Larrañaga invitó a Mujica a compartir un asado en su chacra ubicada a orillas del río Negro. El encuentro tuvo amplia repercusión mediática y fue cuestionado por algunos dirigentes, entre ellos, Carmelo Vidalín: “En lo personal me hubiera gustado que tanto el doctor Larrañaga como el doctor Lacalle nos pudiéramos juntar para ir coordinando cuáles son las bases de nuestro programa. Primero eso. Y después si abrir las puertas para conversar con otros partidos”.1

    El resto es historia conocida. Menos de un año más tarde, Luis Alberto Lacalle Herrera logró derrotar a Jorge Larrañaga en la primaria nacionalista. ¿Por qué lo derrotó? Seguramente por muchas razones. Pero no puedo dejar de pensar que una de ellas fue ese encuentro con Mujica. Si mi interpretación es correcta, Larrañaga cruzó la frontera entre bloques antes de tiempo. Olvidó que es muy difícil ganar una elección primaria en Uruguay teniendo gestos de buena voluntad hacia los partidos rivales. Lo escribo con pena. No me alegra en absoluto. Mujica, en cambio, logró vencer a Danilo Astori. Pero no lo hizo gracias a su encuentro con Larrañaga. La clave de su victoria fue el haber propuesto un “giro a la izquierda”, interpretando el sentimiento de frustración que muchos frenteamplistas experimentaron ante un gobierno de Tabaré Vázquez (con Danilo Astori como “primer ministro”) que consideraron excesivamente tibio.

    No puedo dejar de evocar este antecedente cuando miro la foto de la reunión del viernes 23 de setiembre: Orsi, Mujica y Vidalín juntos. Orsi, apadrinado por Mujica. Vidalín, uno de los padrinos de Delgado. ¿Qué buscan? ¿No se estarán equivocando? Empiezo por Orsi. No es la primera vez que el intendente canario tiene gestos de este tipo con dirigentes blancos y colorados. Recuerdo que, en plena pandemia, Yamandú Orsi, Sergio Botana y Marne Osorio firmaron una carta en la que convocaban a un “acuerdo nacional” para “levantar” el país “desde el interior”.2 Es habitual, además, que el dirigente frentista subraye públicamente que tiene buen vínculo con el presidente Luis Lacalle Pou. Mirando algunas encuestas, como las publicadas por Opción y Equipos Mori la semana pasada, podría decirse que la estrategia dialoguista de Orsi viene funcionando bien. Al fin y al cabo, ambos sondeos coinciden en que es el precandidato preferido por los frenteamplistas. Está claro, además, que para que el FA recupere lo perdido en la elección pasada debe cultivar el estilo Orsi. Pero… ¿No estará cometiendo el intendente canario el error de Larrañaga? ¿No estará cruzando el puente antes de tiempo? ¿No estará hablándoles a los electores de centro antes de terminar de seducir a los que van a ir a votar a la elección primaria? Los electores que decidirán el balotaje del 2024 no son los mismos que inclinarán la balanza en la primaria del FA. Son muy distintos. Para ser el candidato del FA hay que vibrar en la misma frecuencia que la mayoría de los que seguramente irán a votar a la primaria. A esos, a los frenteamplistas con tatuaje, ¿les gusta ver a Vidalín en un acto del MPP? ¿Qué piensan del estilo dialoguista de Orsi? Lindo tema para grupos motivacionales…

    ¿Y Vidalín? Está fuera de concurso. Si no hubiera restricciones, sería intendente de Durazno para siempre. La pregunta que vale la pena es otra: su presencia en el Congreso del MPP, ¿tiene algún significado en relación con la precandidatura de Álvaro Delgado? Asumo que el secretario de la Presidencia sabe que, para ser presidente, no puede ofrecer más de lo mismo. Astori era la otra cara de Vázquez y perdió con Mujica, que no ofreció “más de lo mismo”. Delgado es la otra cara de Lacalle Pou. Corre el riesgo de perder o dentro de su partido o con algunos de los socios de la coalición si no logra exhibir un perfil distinto al del presidente Lacalle Pou. A lo largo de su carrera política, Delgado fue más dialoguista que en el ejercicio de su cargo actual. ¿El gesto de Vidalín anuncia algo en ese sentido?

    En todo caso, todo indica que la competencia electoral entre los dos grandes bloques, y dentro de cada uno de ellos, será muy exigente. En ese contexto, los errores de campaña se pagarán muy caros. Desde luego, no solo los errores de campaña: me inclino a pensar que el affaire astesiano está llamado a tener consecuencias políticas significativas en el corto y mediano plazo. Es demasiado grave. Es una herida profunda en la imagen del presidente. Debilita su autoridad justo en el momento en que hay dos grandes iniciativas de cambio en juego (seguridad social y educación) y un ministerio, el del Interior, pidiendo ayuda a gritos.

    1 Ver: http://historico.espectador.com/politica/129167/reacciones-del-encuentro-larranaga-mujica.

    2 Ver: https://www.elobservador.com.uy/nota/orsi-botana-y-osorio-convocan-acuerdo-nacional-para-levantar-el-pais-desde-el-interior--202043174611.