Nº 2141 - 23 al 29 de Setiembre de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa posición de poder casi absoluto de las plataformas digitales como Facebook y Google y algunas de menor influencia, que entre otras formas se expresa en la utilización de contenidos de una diversidad de medios de todo el mundo sin respetar derechos básicos de propiedad intelectual y normas de defensa de la competencia, es el tema de una solicitada de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y una veintena de organizaciones similares que circuló el martes 21 en toda América.
Ese preocupante asunto ha sido tema recurrente en esta página editorial de Búsqueda y también adherirnos en este caso, además de como socios de la SIP, como parte de la Asociación de Diarios y Periódicos del Uruguay (Adypu). Para ello, publicamos el mismo martes el comunicado mencionado en nuestra web y hoy le destinamos una página entera en la edición de papel.
Es importante destacar que la misiva se centra en la importancia de la remuneración justa y correspondiente por el uso de los contenidos, sin caer en el reclamo de la creación de impuestos, como en algunos casos se ha manejado. “Que paguen a los medios por el uso que hacen de su contenido y del cual obtienen beneficios directos e indirectos”, señala el comunicado. Destaca algunos acuerdos como los alcanzados en Australia y algunos países de Europa y otro que empieza a tomar forma en Estados Unidos. No obstante, advierte que si bien significan un avance, por el momento son una compensación unilateral de las plataformas —que en general beneficia a los medios más poderosos— y no el resultado de una lógica negociación con los medios productores del contenido.
Si a esto agregamos las “dilaciones y diferencias de poder negociador de las partes, lo que demora los acuerdos y les quita proporcionalidad”, eso explica que en algunos países se hable de aplicar multas y recurrir a algún tipo de imposición fiscal. Pero insistimos, lo que se reclama aquí es el pago por los contenidos. Los voceros de las grandes plataformas alegan que los medios tienen a través de ellos más audiencia, pero de nada sirve si eso no aporta los ingresos necesarios para financiar el periodismo profesional. Recuerda la solicitada que esas plataformas concentran el 80% de la publicidad digital mundial.
En esta página editorial hemos hablado del peligro que representa que los dueños de estas poderosas plataformas digitales terminen manejando una inmensa proporción de la información con criterios más comerciales que profesionales. Ya han dejado de manifiesto su capacidad de censura a diversas personalidades del mundo —todavía resuena el caso de Donald Trump—, a defensores de posturas que no encajan con lo políticamente correcto, la persecución a los que se oponen a las campañas de grandes laboratorios, y todo con la excusa de un criterio no transparente en la lucha contra las fake news.
La información manejada por los algoritmos de estas plataformas contribuye a profundizar las “grietas” que se ven en nuestras sociedades, algo que seguirán alimentando hasta hacerlo irreversible si alguien no les pone un freno. Algunos profesionales destacados del periodismo han denunciado cómo ese estilo de presentar la información se ha convertido en un buen negocio para muchos, alentando a reforzar las diferencias sin mayor cuestionamiento, en lugar de favorecer un balance de información y de esa forma dar lugar a la sana reflexión que ayude a la convivencia y la democracia.
La solicitada introduce otro problema que ya está presente, que son los llamados “desiertos informativos”. Se refiere a áreas sin medios locales, como ocurre en pequeñas comunidades y también en regiones cada vez más amplias. Pero en definitiva lo que se pide es un combate a una forma que podría calificarse de “piratería” de los contenidos que se ha institucionalizado. Los medios deben conservar su derecho a recibir los beneficios correspondientes por su trabajo e incluso a elegir no participar en las plataformas digitales.
De lo contrario serán muchos más los “desiertos informativos”, a todo nivel. Evitar eso es el desafío que tenemos por delante.