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    Fábulas uruguayas

    Sr. Director:

    “No hay situación a la que el hombre no se acostumbre, especialmente si todos los que le rodean la soportan viviendo en iguales condiciones”. León Tolstoi, Ana Karenina

    Los seres humanos compartimos con el resto de los animales la capacidad de adaptarnos a los diferentes cambios que van ocurriendo a nuestro alrededor. Uno de los mecanismos que lo permite es la llamada “habituación”, que consiste en la disminución de una respuesta ante la presencia repetida de un determinado estímulo. Una situación que experimentamos frecuentemente es el acostumbramiento a sonidos molestos. “La ?habituación’ es un proceso muy potente que significa que el cerebro se concentra inicialmente en cualquier cambio repentino en nuestra situación, pero si ese cambio permanece y no provoca ninguna consecuencia importante, el cerebro termina perdiendo el interés por él” (Burnett, Dean. 2018. El cerebro feliz. Paidos. Argentina. Pág. 60).

    “Dejamos de responder a aquello que no tiene consecuencias biológicamente relevantes para nosotros” (Burnett, Dean. 2018. Op. Cit. Pág. 61).

    La habituación representa una de las formas más ele­mentales de aprendizaje. Se basa en asimilar que un es­tímulo no es importante porque no tiene consecuencias que necesiten consideración. Nos permite enfocarnos eliminando las respuestas a elementos irrelevantes del medio. Se seguirá generando una respuesta ante los cam­bios nuevos producidos por otros estímulos. Diversos estudios de la psicología cognitiva han desarrollado investigaciones sobre el mecanismo de habitua­ción a nivel psicológico. En este campo se conoce como “efecto de habituación” a los cambios en el estado de ánimo producto de la acción compensadora que genera nuestro organismo para recuperar cierto equilibrio frente a novedades que ocurren en el contexto. Y, de esa mane­ra, podemos volver a sentirnos cómodos hasta reaccionar nuevamente cuando sucedan cambios significativos. Quizás nos venga bien un período estable para no habituarnos tanto y prestarle suficiente atención. O, si la paz no llega, saber forzar los ojos para mirar con extrañeza.

    “Se sabe que el cerebro se habitúa a cualquier cosa que le resulte suficientemente fiable o familiar” (Burnett, Dean. 2018. Op. Cit. Pág. 104).

    La habituación tiene un claro valor evolutivo, porque contribuye a la adaptabilidad del organismo. En cualquier situación, por simple que sea, intervienen tantos estímulos que si el organismo tuviera que responder a todos su conducta sería caótica. La habituación es un descenso de la respuesta ante un estímulo moderado o repetitivo, por lo que se reduce la reactividad a los estímulos irrelevantes y la conducta se organiza y dirige a responder solo a algunos estímulos, en principio más relevantes.

    La habituación (al igual que la sensibilización) no es una conducta innata. Por el contrario, se trata de verdadero aprendizaje, ya que representa un cambio de conducta a partir de la experiencia. Sin embargo, dado que dicha experiencia se refiere a un único estímulo, se trata de un aprendizaje no asociativo (no se da una asociación de sucesos).

    Algunos de los parámetros que influyen en la habituación son el tipo de respuesta, la intensidad del estímulo, los intervalos de repetición del estímulo, el estado de motivación, etc.

    La habituación se produce a nivel del sistema nervioso, se observa en reflejos simples como la transpiración, la contracción muscular y en la actividad de grupos de neuronas. Es necesario diferenciar el mecanismo de habituación de la adaptación sensorial, que solo depende de los sentidos como, por ejemplo, la disminución de la visión frente a luces intensas. También se distingue de la fatiga sensorial o motora, que implica un cansancio en los músculos involucrados en la respuesta y no obedece a un estímulo específico.

    Diversos estudios de la psicología cognitiva han desarrollado investigaciones sobre el mecanismo de habituación a nivel psicológico. En este campo se conoce como “efecto de habituación” a los cambios en el estado de ánimo producto de la acción compensadora, que genera nuestro organismo para recuperar cierto equilibrio frente a novedades que ocurren en el contexto.

    A nivel político, “la habituación” tiene influencias notorias en las preferencias de la gente. Para ello se le “ayuda”. La mentira repetida es una arma política: “Una manera segura de que la gente crea falsedades es la repetición frecuente, porque la familiaridad no es fácilmente distinguible de la verdad” (Kahneman, Daniel. 2012. 2012. Pensar Rápido, pensar despacio. Penguin Random House. Grupo Editorial Sudamericana, pág. 88).

    Es el caso de grupos “pseudorreligiosos” de ley natural que hablan de crear el “hombre nuevo”, una creencia de orden sobrehumano como son las verdades irrebatibles del materialismo dialéctico que guían las acciones humanas. Para llevar adelante sus ideas “salvadoras”, robaban bancos, casinos, financieras, secuestraban gente, ejecutaban acciones terroristas (voladura del bowling de Carrasco y del Club de Golf), mataban y ajusticiaban personas.

    Una religión fanática y misionera, que luego de ser amnistiados por la sociedad, crearon las “tupabandas” para financiar sus actividades proselitistas, participaron en los sucesos del Hospital Filtro. Luego comenzaron a crear fábulas (los tupamaros se alzaron en armas para luchar contra la dictadura), mentir engañar, manipular a la gente.

    Fábulas tan familiares y tan frecuentes que uno se acostumbra, y algunos se las creen.

    Por ejemplo, las “sanatas” de un senador que rememora lo que “su relato” le llama la “Toma de Pando”. Intento frustrado de copamiento de esa ciudad. Culminó con la detención de veinte guerrilleros y la recuperación de más de la mitad del botín. Fallecieron el sargento de policía Enrique Fernández Díaz y los tupamaros Jorge Salerno,   Alfredo Cultelli y Ricardo Zabalza, más una víctima inocente, Carlos Burgueño, quien se encontraba en un bar cercano, observando lo que sucedía.

    Los uruguayos nos “habituamos” a este relato y nos callamos, cuando “la Toma de Pando”, además de ser un atentado a la verdad, a la democracia y la libertad, es una tragedia horrible y una idiotez intelectual, que solo mide la estrechez del cerebro del que la recuerda.

    Por otro lado, cuando dos senadores debaten sobre los artículos de la LUC, uno de ellos debería antes explicar qué pasó con:

    “De los setenta millones de personas que murieron en las principales hambrunas del siglo XX, el 80% fueron víctimas de la colectivización forzosa, la confiscación punitiva y la planificación centralizada totalitaria de los regímenes comunistas. Estas muertes incluyen las ocurridas bajo Stalin, Mao, Pol Pot en Camboya, Kim Jong en Corea del Norte y varios países africanos poscoloniales” (Pinker, Steven.2019. En defensa de la ilustración. Editorial Planeta S.A.).

    Si nos “habituamos” a los Stalin, Mao, Pol Pot, etc., estamos legitimando que esas cosas sucedan en nuestro país, regalándoles nuestra atención y tiempo a promotores de tales atrocidades.

    Teoría de la mente

    La neurociencia ha descubierto que el diseño mismo de nuestro cerebro lo hace sociable, inexorablemente atraído a un íntimo enlace cerebro a cerebro cada vez que nos relacionamos con otra persona.

    Ese puente nervioso nos permite hacer impacto en la mente y por ende en el cuerpo de cualquier persona con la que interactuamos (teoría de la mente). La exhibición de emoción es automática e inconsciente, por lo que su represión exige un esfuerzo consciente. Ser insinceros sobre lo que sentimos, tratar de ocultar nuestro miedo o nuestra ira o desdén, exige de un esfuerzo activo y rara vez alcanza su objetivo a la perfección (Goleman, Daniel. 2006. Inteligencia Social. Editorial Planeta Mexicana, pág. 35). Esto es lo que sucede naturalmente, aunque te distraigan con cantos de sirena.

    Cuando en los hechos el Uruguay eligió un presidente con un jugoso prontuario delictivo, que aún se jacta de la “emoción” de ingresar a un banco con un revolver 45 y el ministro que debía “cuidarnos” también tenía un rico prontuario delictivo, el que además justificaba editando un libro con sus fechorías, la “seguridad” en el país se descontroló.

    El cerebro límbico (emocional) es “abierto”, se expande y se conecta con el ambiente que lo rodea. Fueron muchos años de lo político sobre lo jurídico, años en los cuales nos acostumbramos a los representantes de la violencia dirigiendo nuestras vidas.

    ¿Cómo se afectó la capacidad de respuesta social del cerebro moldeada, para bien o para mal, por los otros?

    ¿Cómo se afectó la base neuronal entre la empatía y nuestro sentido de lo que está bien y lo que está mal conocido como “marcador somático”?, ¿qué tipo de aprendizaje se facilitaba, qué conexiones neuronales se creaban y consolidaban como cambio sináptico, cómo cambiaba la estructura cerebral con base en esas experiencias personales?

    ¿Cómo evoluciona el inconsciente adaptativo de amplios sectores poblacionales en base a estos mentores que hubo y cómo se deben readaptar hoy, que concluyeron los aprendizajes sociales delictivos?

    La teoría de la evolución sostiene que nuestra habilidad de percibir cuándo debemos recelar ha sido tan esencial para la supervivencia humana como nuestra capacidad de confiar y cooperar (Goleman, Daniel. 2006. Ibídem).

    Investigaciones realizadas revelan de manera clara que la cooperación y la colaboración son los procesos de relación que resultan fundamentales para que los grupos sociales se constituyan en efectivos en sus logros (Goleman, Daniel; Cherniss, Cary. 2005. Inteligencia Emocional en el trabajo. Barcelona. Editorial Kairós S.A.).

    La confianza o su falta es un tema de liderazgo cada vez más importante de nuestros días. La confianza es la esperanza positiva de que una persona se comportará con familiaridad y conocimiento de ambas partes.

    La desconfianza afecta siempre dos resultados: la velocidad y los costos. La desconfianza generalizada impone una especie de impuesto sobre todas las formas de actividad, un impuesto que las sociedades de alta confianza no tienen que pagar. En una crisis, la desconfianza la fomenta e inhibe y retarda su pasaje a la recuperación.

    En los buenos momentos, la desconfianza limita su potencial.

    Parte de la tarea de los líderes ha sido y sigue siendo trabajar con personas para hallar y resolver problemas, pero que los líderes accedan a los conocimientos y a la creatividad que se necesitan para solucionar los problemas depende de cuánto confíen en ellos. La confianza y la confiabilidad gradúan el acceso de los líderes al conocimiento y la cooperación. Cuando los seguidores confían en su líder, están dispuestos a hacerse vulnerables a sus actos.

    Es común en las diferentes profesiones que “existan familias de médicos, familias de abogados, familias de futbolistas, de carpinteros, de militares y de policías”.

    Es poco probable que en la “familia policial” sigan a alguien de acuerdo a lo que explica la teoría de la evolución, máxime cuando poco tiempo atrás fue el enemigo de su abuelo, de su padre, de su tío o de su hermano, a quien consideran deshonesto o que crean que puede aprovecharse de ellos. La honestidad es absolutamente esencial para el liderazgo, si las personas van a seguir a alguien al campo de batalla, primero quieren estar seguras de que es digno de su confianza.

    La “habituación” es algo aprendido, que por tanto se puede manipular. La “teoría de la mente” integra el adn humano. Perdura según la teoría de la evolución.

    Los delitos descienden, no están al frente los mentores de la violencia. La efectividad y eficiencia de la policía, retorna a sus niveles tradicionales.

    Rafael Rubio

    CI 1.267.677-8