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    Falta resilencia

    Sr. Director:

    ¿Qué significa resiliencia? La palabra resiliencia refiere a la “capacidad de sobreponerse a momentos críticos y adaptarse” luego de experimentar alguna situación inusual e inesperada. También indica volver a la normalidad. La resiliencia es una aptitud que adoptan algunos individuos que se caracterizan por su postura ante la superación de una adversidad y de mucho estrés, con el fin de pensar en un mejor futuro. Estas son algunas de las definiciones aceptadas para entender qué es la resiliencia, y de ellas se desprende la escasez que hay hoy en día en una gran parte de nuestra sociedad.

    Somos un país muy pequeño, tanto en nuestra geografía como en la densidad demográfica. No conocemos grandes desastres naturales salvo algún temporal o inundación esporádica, por supuesto que están muy lejanas las viejas guerras armadas coloniales y nos jactamos de vivir con tranquilidad, mucha democracia y libertad y sinceramente poco sacrificio. Mucho bla bla y poco gre gre. Eso sí, a la hora de armar campañas solidarias estamos al tope, pero, siempre hay un pero, que sean cortitas, pues de lo contrario nos salta el “quejoso”, que es más sencillo que el “constructivo”. Y esto es lo que pasa ahora. Estamos al acecho de cualquier noticia para buscarle con rapidez todo lo negativo y subirnos al tren de la queja.

    En momentos en que la pandemia se encuentra en su máxima virulencia con alto número de infectados y por lo tanto aumentan los ingresos a CTI y los fallecimientos, varios dirigentes políticos, profesionales de la medicina y periodistas opinólogos salen al cruce con apuntes negativos y falta de “resiliencia”. Es mucho más fácil hablar sobre la inminente falta de camas de CTI que del esfuerzo que se está haciendo desde el MSP con la creación de nuevas camas e intentar colaborar con esta acción. El camino más corto es pedirle al Estado que se ocupe de todo y tirar al aire pedidos de toque de queda, cuarentenas más estrictas, castigos a los culpables, cerrar lo que esté abierto y abrir lo que esté cerrado, crear renta básica y un sinfín de medidas que carecen de un fundamento sólido como podría ser que en otros países han dado resultado. Sin embargo, nada dicen del gran culpable de este aumento exponencial: la movilidad. El gobierno debe tomar más medidas para evitar la movilidad, no sabemos qué medidas, pero suena muy lindo pedirlas. Por supuesto que quienes demuestran una gran falta de resiliencia son de la oposición. Bueno sería que el Ejecutivo criticara las medidas que toma. Uno de los grandes abanderados en esta posición es el senador Óscar Andrade, que, ante cualquier decisión, nos enumera la cantidad de pobres que hay, la gente que según él pasa hambre, la poca asistencia del Estado, la falta de trabajo, la no aplicación de impuestos a sueldos privados, la mala comunicación del gobierno, la soberbia del presidente, etc., etc. Alguien dijo, y le cabe razón, que nada mejor que hablarle a Andrade de Peñarol para que te conteste Nacional. Fernando Pereyra no se quiso quedar atrás y reclamó más cierres, pero abrir los teatros y centros de la cultura, bastante incongruente. Y hasta Yamandú Orsi, que era de los más recatados, avanzó contra el gobierno por la poca vacunación de Canelones. Dijo: “No creo que haya intencionalidad, pero Canelones ha sido notoriamente perjudicada”. Es muy difícil que cuando alguien quiere notoriamente perjudicarte carezca de intencionalidad. Llevamos más de 40 días de vacunación y ahora Orsi ve que su departamento ha sido perjudicado y además algunos atribuyen intenciones políticas para perjudicarlo.

    La resiliencia sería fomentar una campaña que evite la movilidad innecesaria, solicitar el uso de mascarillas a quienes no lo hagan, educar desde la familia a no salir a reuniones o fiestas, no salirse de la burbuja. No son posibles las expresiones que se escucha como “hace dos meses que no veo a mis hijos, nietos o amigos”. Debemos explicarle a esa gente que estamos a pocas semanas de comenzar con la inmunidad de rebaño. Una persona resiliente debe contar con autoestima, empatía, afrontamiento positivo de la adversidad, sociabilidad y conciencia de presente y optimismo. Ahora si lo que buscamos es un rédito político o personal estamos muy lejos de colaborar, de encontrar el camino que supuestamente todos queremos. Y tan errados están quienes pregonan que todo terminará mal que, ante las encuestas, la opinión pública en general está de acuerdo con las medidas tomadas y causa aún más fastidio a los opositores. Y también le corresponde participar a la prensa, y no siempre lo hace bien. Hace pocos días muchos periodistas de radio y televisión salieron a advertir sobre la baja eficacia de la vacuna Sinovac, según datos nuevos, y la colocaron un poco por encima del 50%. Eso llevó a que mucha gente cambiara de opinión respecto a vacunarse y otros que estaban en la duda desistieran de hacerlo. ¿Por qué no se preocuparon por difundir que esos porcentajes se conocen desde diciembre y el comité de vacunación los aprobó? ¿Por qué no apoyarse en que lo que se busca con la vacuna es evitar la gravedad de la enfermedad y los fallecimientos? Ya se sabe que el contagio es posible, hubiera sido más loable difundir esa óptica, que es la real y la positiva.

    Un clarísimo ejemplo de resiliencia fue el milagro de los Andes. Una situación por demás dramática y, en principio, con muchas menos posibilidades que la pandemia. Pero desde el primer día fueron por el lado positivo, buscando soluciones y no problemas, alentándose mutuamente y separando del grupo a quien tuviera “mala onda”. El resultado todos lo conocemos, y si bien se lo puede catalogar de un verdadero milagro, no habría ocurrido si varios de ellos hubieran reaccionado como hoy lo hacen muchos ante la situación en que nos encontramos.

    Más reciente en el tiempo fue la entrevista al Dr. Cohen realizada el martes en la noche. Ante un panorama similar resaltó el nivel de la campaña de vacunación, a quienes la ejercen, a quienes se cuidan y evitan la movilidad y a un pequeño cambio positivo en la curva de contagios. Sin desconocer lo problemático de la situación fue por todos los lados posibles para inculcarnos responsabilidad y optimismo.

    Pensemos en donde estamos parados nosotros, si junto con los muchachos de los Andes y su actitud, si junto con los coordinadores del GACH y sus sanos consejos, o si, por el contario, nos colocamos junto con los que auguran un apocalipsis sin siquiera pensar que, si eso ocurre, ni ellos verán el mañana.

    Sergio Barrenechea Grimaldi

    Egresado de la Escuela de Periodismo de Búsqueda, primera generación 2017