N° 2004 - 17 al 23 de Enero de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA diferencia de lo que ocurre en otras latitudes —en las que los torneos continúan en disputa con partidos que se juegan incluso en fechas muy especiales—, en Uruguay existe, desde siempre, una pausa en la actividad futbolística, que comprende los últimos días del año que fenece y los primeros del que se inicia. Y mientras los futbolistas descansan, los dirigentes de los clubes se abocan a una tarea que no suele resultar sencilla: en una plaza empobrecida como la nuestra, conformar los planteles para encarar la temporada entrante, que promete ser muy movida. Y no solo a ese nivel.
Ya nos ocupamos en anteriores columnas de los inminentes compromisos de los distintos clubes del medio, especialmente en el plano internacional, al igual que nuestras distintas selecciones nacionales. Precisamente a una de estas —la Sub-20— le corresponderá romper el fuego, cuando a partir de este viernes, en Chile, comience a defender su actual título de Campeón de América. Es conocido nuestro rico historial en esta añeja competencia, de la que fue neto dominador en sus primeras ediciones (desde la consagración inicial en 1954 hasta la de Ecuador en 1981). Hubo seguidamente un interregno de casi tres décadas, con resultados esquivos, hasta que esa racha adversa finalmente se quebró en el último torneo en Ecuador, en 2017.
Resaltamos ya una peculiaridad que presenta el plantel que nos defenderá en esta oportunidad, y es la de que Fabián Coito (sapiente orientador de las últimas formaciones juveniles) habrá de contar con nueve futbolistas, que ya militan en equipos del exterior, cuando fueron solo dos (Rodrigo Bentancur y Nicolás Schiappacase) los que integraron el plantel del campeón del torneo anterior. Aunque esta inusual circunstancia determina que, salvo algún caso aislado, no hay un conocimiento cabal de las condiciones que adornan a esta pléyade de futbolistas, cabe suponer que han de ser muy buenas para haber concitado el interés de los importantes equipos del exterior que los han reclutado. Su aporte, entonces, junto al de otros juveniles que se destacan en el medio local —algunos ya con cierto rodaje en primera división— permite augurar una muy destacada participación de nuestra selección en el próximo torneo. A lo que debe sumarse el largo tiempo de preparación previa, la reconocida capacidad de su técnico Coito —que viene dirigiendo a la mayoría de estos futbolistas desde la categoría Sub-17—, así como su amplia y rica experiencia en este tipo de competiciones (por lo que bien puede reclamársele un planteamiento más audaz y de mayor riqueza futbolística que el patrón que ha caracterizado a la selección mayor).
En el plano clubista, estos últimos días también han servido para observar los primeros atisbos de lo que pueden mostrar en el futuro los dos equipos grandes de nuestro fútbol; bien que partiendo de dos realidades radicalmente diferentes. Peñarol apostó a la novedad de hacer la pretemporada en Miami, lo que, cuando menos, le hizo retemplar su ánimo (ya bien alto por los logros del año anterior) ante el frenético apoyo y las insólitas muestras de cariño de varios miles de hinchas afincados en esa ciudad y en otras zonas cercanas (o aun lejanas).
En tanto, en lo estrictamente futbolístico, las conclusiones no aparecen tan claras. Aparte del lógico beneficio de una adecuada puesta a punto en el plano físico, la escasa valía de los contendores locales no puede dar una exacta medida del actual momento futbolístico del equipo. Si bien los dos partidos disputados no se vieron por televisión, los dos goles de cabeza —casi calcados— que le convirtieron en el final del primer partido parecerían indicar que aún no ha podido disimularse la ausencia de Carlos Rodríguez en la zaga. También, que Diego López está buscando —con el juvenil Rodrigo Piñeiro, Ignacio Lores o el retornado Gastón Rodríguez— quién pueda ser el acompañante del Toro Fernández en la ofensiva (si es que Viatri no cede en sus actuales pretensiones). A diferencia de lo que ocurre en tiendas rivales, el técnico aurinegro tiene hoy un buen saldo en su cuenta, pero —ya más imbuido de una realidad que hasta hace un tiempo le resultaba ajena— debe saber que los hinchas carboneros pretenden ver, de una buena vez, a su equipo peleando por ocupar un lugar más relevante en el plano internacional.
A su turno, en la vereda de enfrente, el nuevo Nacional —con la batuta de Eduardo Domínguez— hizo su presentación en sociedad en un evento de aristas muy particulares. Es que a la lógica expectativa que despierta esa especialísima circunstancia, se sumó la inusual oportunidad de ver en acción al flamante campeón de la Copa Libertadores, River Plate (bajo lluvia y con entradas a precios de ópera). Puede decirse que el técnico salvó con éxito su estreno, aunque el resultado del partido no le fue favorable. Algo que, por lo demás, era más que factible, cuando con escasos días de trabajo y un equipo aún en formación, debió enfrentar nada menos que al actual campeón de América, con casi toda su plana mayor. Y si bien el equipo millonario fue superior, pudo haber sido un empate, pero un enorme Armani en el arco rival lo impidió.
Prudentemente, Domínguez apeló, de entrada, a los futbolistas más fogueados (de los nuevos arrancaron solo Viña, Neves y un encarador Santiago Rodríguez), reservando a los demás juveniles recién ascendidos para el segundo período, cuando Gallardo había empezado a rotar su plantel. En cuanto a las recientes incorporaciones, ni Octavio Rodríguez en su debut, ni Rodrigo Amaral en su expectante regreso lograron destacarse. En suma, en una parada muy difícil, el nuevo coach tricolor parece haber generado un crédito a su favor, aunque la primera prueba de fuego la va a tener el lunes venidero, cuando deba jugar su primer clásico en el Estadio Centenario.
Está claro que, hasta que vayan debutando nuestros principales clubes en las copas Libertadores y Sudamericana, la atención quedará centrada en la actividad de la selección Sub-20. La que ojalá tenga el éxito esperado, y ayude a consolidar la necesaria etapa de renovación de nuestra selección mayor, apenas esbozada —y sin mayores logros— en estos últimos tiempos.