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    Fútbol a pleno

    N° 2006 - 31 de Enero al 06 de Febrero de 2019

    No es tarea fácil, al escribir una columna semanal, acompasar su contenido al fluir de los variados acontecimientos que se van desarrollando durante los días previos. Más aún cuando la entrega del material debe efectuarse con cierta antelación a la salida de cada edición de Búsqueda.

    Precisamente ello nos impidió ocuparnos del debut de Defensor Sporting en la Copa Libertadores el miércoles de la pasada semana, rubricado con un triunfo histórico en la temida altura de La Paz. En esa plaza casi inaccesible para los equipos uruguayos, el elenco violeta le marcó la friolera de cuatro goles al dueño de casa, en una excelente producción. Este resultado lo coloca prácticamente en la siguiente fase clasificatoria, acrecentándose sus probabilidades de acceder a la instancia de grupos del máximo torneo continental, junto a Peñarol y Nacional, que aún no han debutado.

    Mientras esto ocurría, el Sudamericano Sub-20 ha seguido su marcha y nuestra selección, superada ya la fase clasificatoria, dirime con otros cinco equipos el título en disputa y, paralelamente, la clasificación para el próximo Mundial de la categoría.

    En nuestra última columna (publicada el mismo día en que Uruguay jugaba ante Argentina) nos ocupamos de lo que había sido su arranque en dicho torneo, muy distante a lo que razonablemente podía esperarse. A la injusta derrota inicial ante Perú (que luego quedó eliminado), le siguió una amplia victoria ante Ecuador (que clasificó primero en la serie), luego de que el técnico Coito hiciera varias positivas modificaciones respecto a la alineación del partido anterior. Se pensó que esa evolución podría verse confirmada en ese tercer partido —ante un rival en teoría superior, como Argentina, aunque tampoco se había lucido hasta el momento—, pero no fue así. La actuación de nuestra selección fue otra vez inexpresiva y cayó derrotada por mínima diferencia, aunque bien puedo ser un empate de haberse sancionado un claro penal en perjuicio de Schiappacasse, sobre el final del partido. Esta nueva derrota, que revivió la casi nula chance de nuestro tradicional rival, determinó para nuestro equipo la obligación de tener que vencer a Paraguay para poder clasificar al hexagonal final del certamen.

    De cara a ese partido decisivo, de nuevo Coito tuvo que echar mano a varios cambios, buscando mejorar el pobre rendimiento del equipo. Y afortunadamente fue así. Hubo una mayor solidez en el trabajo defensivo y un mejor trato del balón en la mitad de la cancha, con el interesantísimo aporte del debutante Pablo García. A ello se sumó un deslumbrante Schiappacasse para guiar a su equipo a la victoria final. Fueron varias las situaciones de gol generadas ante el arco rival, pero una vez más no se concretaron, desperdiciándose incluso un penal casi al final del cotejo. De todos modos, aunque sin lucir y lejos del nivel esperado, se logró el primer objetivo, que era obtener un lugar en la definitoria rueda final, con los seis mejores equipos, jugando todos contra todos.

    El debut en este hexagonal nos enfrentó a Venezuela, la escuadra que mejor había impresionado en las series clasificatorias y, además, la sombra negra de Uruguay en estos torneos juveniles, al punto que nuestra última victoria data del 2005 (cabe recordar que fue justamente la selección vinotinto la que nos impidió llegar a la final del último Mundial Sub-20, en Corea del Sur).

    Como ha ocurrido en los últimos enfrentamientos, el partido del martes fue muy duro y friccionado. Venezuela salió dispuesta a comandar las acciones, con una presión asfixiante en la mitad de la cancha que partió a nuestro equipo en dos. Y un gol tempranero (producto de un quedo increíble de nuestra defensa y una pierna excesivamente levantada por su autor) le permitió a nuestro rival adueñarse del trámite del cotejo. Uruguay, en tanto, no repetía la producción que tuvo ante Paraguay, mostrándose particularmente impreciso en el manejo de la pelota —salvo cuando la tuvo Zalazar— y con una enorme distancia entre la media cancha y el solitario hombre de punta, que volvió a ser Darwin Núñez.

    El segundo tiempo mostró una mejoría de nuestro equipo, y con más empuje que fútbol logró emparejar las acciones. Los cambios que realizó Coito contribuyeron a esa levantada y el empate llegó recién a un cuarto de hora del final, en una de las pocas llegadas frente al arco venezolano. Sin exhibir aún el fútbol que todos deseamos, igual pudo rescatarse un punto muy importante por la valía del rival, que permite mantener intacta nuestra chance en un torneo que tampoco ha deslumbrado por el nivel de sus participantes. Parecería ser que nuestro técnico aún no ha podido encontrar la mejor formación, aunque también es una muestra de la paridad del plantel, y un valor agregado para poder soportar el rigor físico que seguramente implicará esta ronda final. Pero lo cierto es que tanto la producción colectiva como el rendimiento de varios futbolistas aparecen todavía muy lejos del esperado. Hasta el momento, el destaque mayor se lo lleva nítidamente Nicolás Schiappacasse —único sobreviviente de la selección que ganó el torneo anterior—, seguido de cerca por Acevedo, y algo por debajo por Zalazar, Sanabria y Bruno Méndez. Nuestro próximo rival es Ecuador (al que ya vencimos en la serie clasificatoria y viene de ganarle a Argentina), por lo que la firme y ansiada mejoría debe llegar sin más demora.

    Finalmente, en este variopinto panorama, y en el ámbito clubista, la atención se centra en el nuevo choque clásico del próximo domingo por la Supercopa, el primer torneo oficial de esta temporada. Ya pasaron varios días desde el anterior enfrentamiento, concluido con una contundente victoria de Peñarol, producto de la ostensible diferencia con la que ambos equipos llegaron a ese partido: uno prácticamente armado, el aurinegro, frente a otro en plena formación, como el tricolor. Aunque desde entonces, el flamante técnico de Nacional dispuso de mayor tiempo para desarrollar su tarea y podrá contar con nuevos futbolistas, la forma tardía y perlada en que ellos llegaron hace que la fórmula que Domínguez pueda colocar en la cancha no tenga un rodaje adecuado que permita compensar la diferencia que Peñarol mantiene en tal sentido (más aún con el Cebolla Rodríguez desde el vamos y la vuelta del argentino Viatri).

    Puede que finalmente resulte un partido más parejo que el anterior, y con la explicable expectativa tricolor de una posible revancha; por más que sigue siendo Peñarol el que llega en mejores condiciones para alzarse con la victoria.

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