Nº 2202 - 1 al 7 de Diciembre de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPanem et circenses (pan y circo) es una expresión que se le atribuye al poeta Juvenal, quien criticaba a los políticos que, para paliar las penurias que vivía Roma luego del incendio durante el gobierno de Nerón, la posterior erupción del Vesubio (que terminó con Pompeya) y los problemas económicos, utilizaban el Coliseo para ofrecer múltiples espectáculos circenses y panes gratuitos para distraer al pueblo y lograr que los votasen. Esta receta populista de pan y circo ha sido tan efectiva que goza de buena salud desde hace más de 2.000 años.
Hoy con el Mundial de Fútbol en Catar, vemos que distintos gobiernos de diferentes partes del orbe pretenden recurrir a esta máxima para ganar las simpatías del público, repitiendo recetas de populistas y dictadores del pasado.
Veamos a nuestros hermanos argentinos, siempre tan adictos al populismo berreta. Ya desde el año 2009 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, se financió con fondos públicos el programa Fútbol para Todos (FTP), en acuerdo con otro gran corrupto como lo fue Julio Grondona, presidente de la Asociación Argentina de Fútbol.
En 1978 los militares en el poder (con el general Rafael Videla a la cabeza) organizaron el XI Campeonato Mundial de Fútbol, donde Argentina salió campeón y el gobierno dictatorial sacó provecho de tal alegría.
Todos hemos visto varios documentales sobre la vida de Diego Armando Maradona y cómo los políticos siempre quisieron pegarse a su éxito y fama. Y el pobre Diego cayó en la trampa, defendiendo al kirchnerismo, tatuándose una imagen del Che Guevara en su brazo y saliendo a apoyar a dictadores como Fidel Castro en Cuba o Nicolás Maduro en Venezuela.
Otro espectáculo circense fue la invasión de las islas Falkland por parte de Leopoldo Fortunato Galtieri, quien logró unir a millones de argentos tras ese sentimiento chauvinista que tanto los caracteriza. Llenó la plaza de Mayo y logró más vítores que muchos políticos demócratas. La dictadura, la inflación, los desaparecidos y la pobreza quedaron en un segundo plano al grito de “¡las Malvinas son argentinas!”. Si no hubiera estado Margaret Thatcher del otro lado, tal vez hoy seguían los militares en el poder (¡y con apoyo popular!).
“Italia debe ganar. Es una orden”, le dijo Benito Mussolini al general Giorgio Vaccaro, presidente de la Federación Italiana de Fútbol, al disputarse el mundial de 1934 (en pleno auge del fascismo), donde la Azzurra salió campeona y benefició la imagen del Duce.
También Hitler supo sacar provecho de los Juegos Olímpicos de 1936 para demostrar la superioridad de la raza aria, pero el estadounidense Jesse Owens (de raza negra) les arruinó la fiesta al ganar cuatro medallas oro que Hitler se negó a entregar en persona. Su ministro para la ilustración pública y propaganda, Joseph Goebbels, sabía muy bien cómo “armar circo”: mítines multitudinarios llenos de banderas, uniformes y estandartes; canciones motivadoras; marchas y desfiles, y un sinnúmero de artistas y deportistas que salían a defender el régimen. Y vaya si le funcionó.
Por suerte en Uruguay la cosa es diferente. No hay dudas de que el fútbol ha servido de trampolín o al menos de buena vidriera para varios políticos, pero ninguno de ellos ha utilizado esa relación entre el deporte y la política, más allá de la legítima popularidad que trae la buena gestión en un área para utilizarla en otra: no lo hizo Julio María Sanguinetti (como hincha y dirigente de Peñarol), ni Tabaré Vázquez (quien lograra el campeonato uruguayo con Progreso) ni Eduardo Ache en Nacional, por solo citar a algunos.
Esta “cosa uruguaya” que nos hace diferentes debemos cuidarla. La salida del Maestro Óscar Tabárez como director técnico de la Selección uruguaya tuvo un mayoritario componente “técnico” (su ciclo y su estilo se estaba agotando), pero también es cierto que —dada su manifiesta condición de frenteamplista— muchos la disfrutaron y otros la sufrieron porque perdían o ganaban a “uno de los nuestros”. No debe ser así.
No solo el fútbol es terreno fértil para el circo, sino que también lo son la murga, el canto popular, el caso Astesiano, el caso Charles Carrera, las denuncias contra Katöen Natie, el plebiscito contra la LUC u oponerse a las reformas de la educación y de la seguridad social, no con buenos argumentos sino con cánticos y eslóganes de “barra brava”.
Ni regalemos un Rolls Royce de 500.000 euros a los jugadores por ganarle a Argentina (como acaba de hacer Arabia Saudita) ni amenacemos de muerte a los familiares de los jugadores si se salen de la raya de la policía moral (como hacen en Irán).
La tentación del pan y circo es muy grande, por lo que seamos nosotros —los ciudadanos— los que mantengamos a raya a nuestros políticos. De la tienda que sean.