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    Gobiernos buitres, obreros especuladores e inversores osados

    N° 1770 - 26 de Junio al 02 de Julio de 2014

    Las palabras no son inertes. Se van alojando en nuestra mente e influyen en nuestro comportamiento. El lenguaje verbal y no verbal se utiliza para programar pensamientos y así modificar nuestras conductas. Esos pensamientos pueden ser positivos, pero también pueden ser creencias erróneas que turban la razón, dando lugar a los temores, los prejuicios o los eslóganes simplificadores de la realidad.

    Sabedor de esta condición humana, Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del régimen nacionalsocialista (los nazis), sostenía que “una mentira repetida adecuadamente mil veces, se transforma en verdad”. Y esto mismo hacen sus primos hermanos, los “socialistas del siglo XXI”, al denostar al inversor, al empresario o al emprendedor, hablando loas del Estado, de los sindicatos o del partido.

    Así, nos quieren hacer creer que una persona que le prestó 100 dólares a la Argentina es un “buitre” porque quiere recuperar su inversión, cuando en realidad el “buitre” es el Estado que se gastó los 100 dólares y ahora solo quiere devolver 30.

    Algunos de estos inversores compraron esas deudas a un valor menor del que figuraba en el papel por la sencilla razón de que ese documento, firmado por un deudor irresponsable e irrespetuoso de sus compromisos, tenía muy pocas chances de ser cobrado en su totalidad. Arriesgaron su dinero, fueron osados y confiaron en sus habilidades legales para cobrar lo que correspondía, pero por hacer eso los acusan de “especuladores”.

    “Especulador” es entonces el obrero que fue despedido y el patrón no le quiere pagar la indemnización. Aprovechando que el reclamo judicial demora años y el obrero puede tener urgencias económicas que atender, le ofrece un 30% de lo que adeuda. Allí el obrero “especula”, es decir “medita, reflexiona con hondura (…) con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios”. Si necesita el dinero, aceptará lo poco que le ofrecen; pero si puede esperar, irá a juicio para cobrar el 100% dentro de unos años. Esto es lo que hacen los “fondos buitres”. Esperan.

    Cuando la viejita-jubilada-viuda-y-enferma recorre la feria de cabo a rabo buscando el mejor producto al precio más bajo, está “defendiendo su jubilación”, no especulando. Pero si el comerciante evalúa si sube el precio del tomate porque hay más demanda o baja el de la papa para que no se le pudra, entonces sí, es un “especulador”.

    Nadie dice que los inversionistas son unos osados. Que gracias a estos individuos dispuestos a asumir altos riesgos y por lo tanto a esperar altas ganancias (“el que no arriesga, no gana”), ayudan a mover la economía y a asistir financieramente a personas, empresas o gobiernos que, por sus inconductas, tienen vedado el acceso a un banco comercial o a un inversor conservador.

    No dejemos que las lindas palabras nos confundan. Llamemos a las cosas por su nombre. Aunque a algunos mentirosos les duela.

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