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    Guerra de puertos

    Sr. Director:

    El histórico concepto de “guerra de puertos” al referirse a Montevideo vs. Buenos Aires, la he considerado fuera de realidad, ya que la misma se basa en captar cargas de volumen que son procedentes mayoritariamente de Argentina. O sea el puerto de ellas es argentino, y los puertos uruguayos intervendrían prestando servicios complementarios, en base a facilidades acordadas.

    No hay guerra, no hay competencia, debe haber complementación y facilidades, sin competir ni creer que se tienen derechos naturales.

    Entiendo, pues, que en lugar de guerra o competencia de puertos, debió siempre encararse como complementación de servicios con resultados beneficiosos para ambas partes.

    En el presente, se ha publicitado ofrecimiento de movilizar cargas de Bolivia, por el Puerto Ybicuy, en el Paraná, por parte del gobernador de Entre Ríos.

    Otra gestión de la misma autoridad es el dragado del río Uruguay, con directo beneficio al puerto de Concepción del Uruguay, para reactivarlo, lo que nuestros representantes concibieron como beneficioso para Fray Bentos, lo que se logrará con un costo muy menor, o para Paysandú que llegaría a 19 pies de profundidad en su acceso, poco más o menos que lo que ahora permite el uso de barcazas. Un barco para 19 pies, no es oceánico considerado económicamente.

    El gobernador de Buenos Aires, ha ofrecido el Puerto de la Plata, en plena remodelación, para las cargas provenientes del Paraguay.

    Ambas gestiones están dentro de una acción de política portuaria que ha encarado Argentina, así como de las vías navegables, con traza en el Canal Principal del Plata, con salida directa al océano.

    Es decir, ahora ya no se trata solo del movimiento de cargas de procedencia argentina, sino de países de la región, por lo que la competencia de oferta portuaria, sí puede tomar matices del criterio de “guerra de puertos”.

    Si Argentina destina esos puertos para los países interiores, es muy posible que se desinterese del Canal Martín García y así mismo del Punta Indio, lo cual crearía la necesidad de mantenerlos por medios y costos propios, consecuencia que afecta directamente a los puertos de Nva. Palmira y Montevideo. Ni que decir del proyecto de aguas profundas.

    Si las cargas argentinas, bolivianas y paraguayas, ya no son parte del volumen de cargas estimado para la evaluación económica del proyectado PAP en Rocha, solo queda para tener en cuenta la posibilidad de cargas de la proyectada minería y otras de origen nacional.

    Si las cargas de origen nacional se desviaran a este PAP, el Puerto de Montevideo tendría un aumento funesto de capacidad ociosa.

    Si el PAP queda para minería y poco más, no justifica que el Estado encare el costo de la obra, ni sus accesos, ni demás servicios. Sería a cargo de la empresa minera.

    Desde el principio se debió pues, gestionar, consultar, acordar con los países de la región, y no empezar por estudios ambientales, sociales y otros de buen costo, sobre algo que no se sabe a la fecha qué posibilidades reales tiene, y con estas noticias, lo que puede tener, es esperanza corta.

    Aquello pomposamente anunciado, de dar cabida a los más capacitados y preparados en organismos de interés nacional, que finalmente se olvidó para llenar cargos con políticos sin banca; la falta de previsión de la autoridad nacional, de preparar expertos, de capacitar relevos, terminó con un país no preparado, incapaz, frágil.

    La costumbre de ser dependientes y no independientes, de vivir como una provincia a la espera de los mendrugos de las antiguas vinculaciones pos coloniales, casi sin vida propia, la falta de criterios de mantener capacitación en sus relaciones internacionales, hoy la lamentamos, sin comprender que Argentina hace lo suyo, que en el Mercosur no existimos, porque no existe el propio Mercosur, que en la OEA nuestro peso es de gramos y peor en ONU, nos debe convocar a escuchar la voz del Prócer, y no esperar nada que no sea de nosotros mismos.

    En resumen, negociar nuestra actividad marítima regional dentro de los tratados ya existentes. Facilidades portuarias del Tratado del Plata y Estatuto Río Uruguay.

    Preparar paquete de ofertas para países de la región, compitiendo con otras ofertas que se les haga llegar.

    Conducir las negociaciones y redacción de acuerdos, directamente por la autoridad nacional correspondiente y de forma alguna por cámaras o sindicatos generales o sectoriales.

    Sin pérdida de tiempo, analizar soluciones alternativas, con la misma independencia que lo hacen otros, y negociar con aquellos que sean soluciones, entre ellos, por ejemplo, la asistencia, comercio y demás con las Islas Falkland, pues ello no significa abdicar de principios de derechos soberanos, sino actuar en las realidades, como lo son los transportes de servicio que desde Argentina se realizan al archipiélago.

    Ante puertas que se nos cierran, bueno es procurar abrir otras.

    YEF