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    Hace casi medio siglo

    N° 1944 - 16 al 22 de Noviembre de 2017

    Cuarenta y seis años atrás, un par de quijotes visitábamos y dialogábamos con amigos y conocidos, en variados y diversos ámbitos de nuestro medio, en procura de respaldo a una idea que parecía, al menos, utópica y lejana.

    Don Quijote era Ramón Díaz, y yo su Sancho Panza. Ramón tenía 45 años, yo tenía 30. Habíamos salido por la puerta de atrás de la OPP, tras algo menos de un año en funciones como director y subdirector. Ramón había pergeñado una Rendición de Cuentas de 26 artículos, con una estricta reducción del gasto público y una austera proyección de futuro, tras haber logrado reducir la inflación de tres dígitos a tan solo uno. Pero el Parlamento no pudo evitar pensar en 1970 que 1971 era año preelectoral, y desfondó aquella Rendición de Cuentas “mezquina”, transformándola en un Leviatán de más de 300 artículos, aflojando los cordones de la bolsa, lo que le permitiría al gobierno volver a ganar las elecciones siguientes.

    Ramón no se rindió. Había que seguir proclamando “la buena nueva”. El Uruguay no se merecía volver a caer en la hiperinflación, en seguir promoviendo una economía sin controles razonables, un Estado hipertrofiado con un gobierno gastando a mano abierta sin un criterio lógico. No solo la estabilidad estaba en juego, también lo estaban la libertad, y el futuro de la patria.

    Admitamos que ese libreto no era fácil de vender, alegando —como lo hacíamos con nuestros interlocutores— que una de las maneras de militar en esa causa era crear una publicación que reflejara esas ideas, y luchara por plasmarlas en hechos, manejando la dialéctica y la persuasión inteligentes, y encima que, para concretarla, tuvieran que prestarnos unos pesos, que, les asegurábamos, les devolveríamos en su totalidad lo antes que pudiéramos.

    Más de uno nos dijo “ustedes no duran ni seis meses con una publicación así”, pero por fortuna fueron muchos más los que creyeron en aquella idea, nos prestaron los pesos (que devolvimos en menos de un año) y nos regalaron su apoyo irrestricto, que tanto valoramos cuando hoy, a casi medio siglo de esa aventura, Búsqueda sigue tan campante, transformada ya en un bastión irreductible de la libertad y de la información, firmemente arraigada en una sociedad que, comparta o no las ideas que promueve, la respeta y la valora.

    El tiempo no ha pasado en vano. Mirado en la perspectiva histórica, ya no parece mentira que aquel cuadernillo de 1972, que fue la revista desde 1975, y el tabloide semanal desde 1981, sea, como decía Ramón Díaz en uno de sus editoriales cuando cambiamos de formato, “la Búsqueda de ayer, la de hoy y la de siempre”. La que nos permite, como dijo Platón y como lo dice el lema que le tomamos prestado, no hablar como hombres sabedores, “sino buscando, junto con vosotros, la verdad”.