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    sábado 22 de junio de 2024

    Hacerse cargo

    Nº 2197 - 27 de Octubre al 2 de Noviembre de 2022

    El proyecto de ley sobre la reforma previsional está en el Parlamento desde el viernes 21. Pase lo que pase durante los próximos meses, en los que tendrá lugar el debate parlamentario y la aprobación o no de tan importante iniciativa, ya es una buena noticia que este tema urgente que venía siendo postergado haya llegado de una buena vez al Palacio Legislativo.

    Más allá de algunas diferencias puntuales, el gobierno de coalición parece estar decidido a sacar la reforma adelante. Los líderes de los distintos partidos políticos socios del presidente Luis Lacalle Pou tomaron la decisión política de concretar cambios —tímidos pero reales— que hagan al sistema previsional más viable en el mediano plazo y permitan que no implosione, cosa que ocurrirá en breve si nada se modifica.

    El camino elegido es el de la responsabilidad y es muy bienvenido. Mucho temíamos que a poco más de dos años de las próximas elecciones presidenciales, algunos dirigentes políticos optaran por no asumir el costo de impulsar medidas antipáticas y que postergaran la reforma previsional para el próximo período. Nos consta que esa posibilidad estuvo arriba de la mesa, pero finalmente parece haber primado la cordura.

    Es cierto que todavía resta un largo trámite legislativo que puede generar algunas sorpresas. Pero el hecho de que el proyecto haya llegado al Parlamento con la firma del Consejo de Ministros, integrado por todos los socios de la coalición de gobierno, es una señal inequívoca de que este período de gobierno finalizará con la impostergable reestructura de al menos parte del sistema de seguridad social.

    Es también una oportunidad histórica para el Frente Amplio, si realmente tiene intenciones de volver a hacerse cargo del Poder Ejecutivo. La mejor forma con la que cuentan los principales dirigentes de la oposición de demostrar que se toman los problemas del país en serio es sumarse al debate parlamentario sobre la seguridad social con argumentos fundados y tratar de aportar a la reforma.

    Por delante, los legisladores frenteamplistas tienen dos caminos muy distintos y del que elijan dependerá en gran medida qué tan confiables puedan ser en la próxima instancia electoral para los votantes de centro, esos que suelen inclinar la balanza para un lado o para el otro.

    Uno es tener un rol activo en la discusión parlamentaria y hacer propuestas sensatas, que puedan ser contempladas en el proyecto reformista. También votar algunos de los artículos centrales, como señal de que están de acuerdo con cambiar la seguridad social, algo que debería asumir todo el sistema político.

    El otro camino es sumarse a la línea ya anunciada por la mayoría del PIT-CNT y por algunos partidos que integran la coalición de izquierdas, como el socialista, y dedicarse a oponerse de lleno y a tratar de frenar cualquier tipo de cambio que se pueda introducir al sistema.

    Es más, hasta podrían adoptar una actitud más radical y confrontativa todavía y promover una juntada de firmas para prohibir algunos de los puntos previstos en la propuesta a través de una reforma constitucional, a plebiscitarse en las próximas elecciones nacionales.

    No nos causaría ninguna sorpresa que la opción elegida sea esta última. En especial porque no sería la primera vez en la historia reciente que la izquierda local elige el camino de la confrontación lisa y llana. Pero sí sería una oportunidad perdida.

    Las notas periodísticas recientes, incluida la publicada en la tapa de Búsqueda en la última edición, evidencian que hay distintas posturas en la interna frenteamplista: están los que quieren aportar en la discusión y los que ya se están preparando para la guerra.

    Otra vez, de quien gane esa pulseada puede llegar a depender en gran medida el futuro electoral del Frente Amplio. Si lo que quieren demostrar sus principales dirigentes es que están preparados para volver a gobernar, deberían hacerse cargo de los problemas del país. Y si algunos de los que tienen pretensiones presidenciales dentro de la izquierda no pueden siquiera convencer a los suyos de esa premisa, difícil que estén preparados para otra cosa distinta que ser oposición. Las cartas ya están arriba de la mesa.