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    Hacia tasas de interés más altas

    N° 1906 - 16 al 22 de Febrero de 2017

    Esta semana la titular de la Reserva Federal (Fed), Janet Yellen, dio su testimonio semestral sobre la política monetaria ante el Congreso norteamericano, oportunidad que siempre es esperada con atención por analistas e inversores deseosos de anticipar cuáles van a ser los próximos pasos del Banco Central norteamericano.

    Dado el reciente cambio de gobierno con la asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos (EEUU) hace pocas semanas, la expectativa respecto a lo que iba a decir Yellen era algo mayor, en particular por el optimismo y la incertidumbre que han generado los primeros anuncios y medidas adoptadas por la nueva administración.

    El testimonio escrito preparado por Yellen fue muy breve y en general los comentarios estuvieron en línea con lo que ha venido señalando en los últimos meses. En definitiva, en la medida de que los datos económicos confirmen que la tasa de desempleo se acerca al nivel objetivo de largo plazo de la Fed (de hecho, como Yellen señaló, esta variable, que en enero se ubicó en 4,8%, ya se encuentra en el nivel considerado de pleno empleo por los miembros de la Fed), y de que la tasa de inflación también llegue al objetivo de largo plazo de 2% (el último dato a diciembre estuvo en 1,75%, considerando la variación del índice PCE “core” que es el utilizado por la Fed para fijar su objetivo de política), sería apropiado que el Comité de Política Monetaria (FOMC por su sigla en inglés) continuara subiendo la tasa de fondos federales.

    El ritmo de la suba dependerá de cómo vayan evolucionando tanto la inflación como el desempleo. Como no podía ser de otra manera, Yellen evitó referirse explícitamente al impacto de los cambios en materia fiscal que pretende implementar el presidente Trump (porque es poco y nada lo que se sabe en concreto hasta ahora), limitándose a señalar que esperaba que las modificaciones que se hicieran fueran “consistentes con poner las cuentas fiscales de EEUU en una trayectoria sostenible”. A su vez, también señaló que esperaba que los cambios en la política fiscal y en otras políticas económicas contribuyeran a mejorar la productividad, único camino viable para mejorar el crecimiento económico y los niveles de vida de los americanos a mediano y largo plazo.

    En definitiva, las decisiones del FOMC seguirán siendo data dependant, y tendrán por cometido alcanzar los objetivos que le encomendó el Congreso a la FED de pleno empleo y estabilidad de precios. En las circunstancias actuales, y dada la realidad macroeconómica que presenta la economía norteamericana, ello implica tasas de interés más altas a futuro.

    Más allá del deseo de la Fed de subir las tasas de interés en los próximos meses, hay múltiples factores de incertidumbre para determinar la velocidad con la cual se va a “normalizar” la política monetaria en EEUU.

    En primer lugar, el “paquete fiscal” que vaya a implementar el presidente Trump. Cuanto mayor sea el aumento del déficit fiscal que se vaya a generar, y mayor el impacto que genere en el corto plazo sobre el nivel de actividad y de empleo, así como sobre la inflación, en teoría la Fed debería subir las tasas de interés más rápido y por un monto mayor.

    En segundo lugar, la evolución del dólar en los mercados cambiarios internacionales. Una apreciación muy rápida y significativa del billete verde seguramente le pondría un freno a la Fed en cuanto al ritmo de ajuste de las tasas de interés, sobre todo teniendo en cuenta que los principales bancos centrales del mundo (particularmente el Banco Central Europeo y el Banco de Japón) están todavía aplicando programas de quantitative easing y manteniendo tasas de interés negativas.

    En tercer lugar, la evolución del contexto internacional también jugará un rol relevante a la hora de que la Fed eventualmente tome decisiones en materia de tasas de interés. Europa está con un calendario político muy activo este año, al tiempo de que nuevamente Grecia vuelve a ser noticia en estos días. La evolución de la situación de China es otro factor de suma importancia, dadas las dificultades que dicho país está teniendo en “rebalancear” su economía, mantener un alto crecimiento económico y reducir los excesos en los mercados inmobiliario y crediticio. La incertidumbre externa se potencia si tomamos en cuenta las tensiones que puede llegar a generar la nueva administración en Washington en materia comercial y geopolítica en general.

    En el pasado mes de diciembre, el FOMC proyectó que iba a subir tres veces las tasas de interés en este año 2017, mientras que el mercado en la actualidad sigue apostando a que va a haber solo dos subas de la tasa de fondos federales. El escenario más probable sigue siendo uno de tasas más altas para los próximos meses, aunque parece difícil que terminemos el 2017 con un incremento muy significativo.