El problema de Pedro es que ya no manda adentro del Partido Colorado, y cuando uno no manda en un lugar en el que su función —se supone— es mandar, se le complica el partido.
El problema de Pedro es que ya no manda adentro del Partido Colorado, y cuando uno no manda en un lugar en el que su función —se supone— es mandar, se le complica el partido.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA Pedro se le anima cualquiera (modo TotoDaSilveira ON: “lo dijimos”), desde que desbarrancó en las nacionales de octubre quedó la franquicia abierta por todo el verano, y bien sabemos que este verano es el más largo de nuestras vidas, no termina más, parece que se va pero vuelve, se ha transformado en una pesadilla; si a nosotros nos tiene de malhumor, imaginen cómo la está pasando Pedro. El último surtido le llegó el domingo en una conexión Montevideo-Salto; Pedro se ha vuelto un ninja en su condición de puchinball: es tanta la destreza para recibir golpes que es capaz de hacerlo en dos lugares a la vez. Ni Trobo consiguió tanto.
Lo de Salto es culpa de Coutiño, quien sería considerado una de las peores ideas de Pedro, de no haber tenido otras mucho más autodestructivas como Hugo De León, o ir la noche de las elecciones al búnker del Partido Nacional desencajado a abrazarse con Lacalle Pou en público, para terminar parado en la esquina de un escenario dando una imagen desoladora.
El golpe de Montevideo era de esperarse, pero fue la última demostración de su vacío de poder. Un día Pedro dio la orden de apoyar a Ney Castillo y se le cagaron de risa en la cara todos los amigos de Magurno, a quienes les pareció mejor ir con Novick (¡y tenían razón!). Los amigos de Magurno consiguen votos por ser los amigos de Magurno, no por ir con Pedro ni con Ney Castillo (que aprovechó la falta de apoyo y se tomó los vientos haciéndose el Peluffo-Giggens). Y si es por cercanía política e ideológica, los amigos de Magurno son más amigos de Tabaré Vázquez que de cualquier otro líder político, porque si Magurno dejó un hijo en la política uruguaya es Tabaré, no Pedro. ¿Y saben quién es amigo de Tabaré y de Magurno? Salgado. ¿Y saben quién es amigo de Salgado? Novick. Entonces no les exijan cosas a los amigos de Magurno que no se les puede exigir. A los amigos de Magurno exíjanles un lugar para juntarse a fin de mes y una comilona como dios manda, con whisky suficiente para esterilizar la cancha de Welcome, un mazo de cartas criollas, y un ticket accesible, pero no les exijan lealtad hacia un líder que no es el de ellos.
Pedro agoniza, y Montevideo es la ciudad perfecta para estirar agonías. Disculpen que insista con esto, pero a Pedro no solo le renunció su candidato, cuatro individuos más se le negaron a la candidatura —y no crean que fue a buscar entre los 10 políticos del año de la revista Times—: Ache, Lucio Cáceres, Ronald Pais y un señor llamado Gurméndez; el quinto fue Rachetti y por suerte aceptó. Corrijo: y por algo aceptó. Nadie que acepta después del cuarto rechazo (¡Gurméndez!) promete ser eficiente en su tarea. Rachetti, el candidato de Pedro en Montevideo, tuvo 14.800 votos, solo le ganó a la candidata anónima del FA.
Encima, Pedro, en otra gran idea autodestructiva, sale el mismo lunes a ponerse solito en el foco de la derrota. Al otro día aparece hasta Jorge Batlle hablando de problemas de liderazgo en el Partido Colorado. Me abstengo de rematar con un chiste esta sentencia insuperable de un hombre que terminó su carrera política solo, aislado, y desterrando de la actividad política para siempre al faquir que lo había acompañado a caminar sobre brasas: Alejandro Atchugarry.
Hasta Amado, que está en el Partido Colorado pero no le gusta el Partido Colorado y no se quiere ir del Partido Colorado (en una actitud tan inmadura como seguir viviendo en la casa de sus padres a los 35 años, poroto que Amado también ostenta), saca una carta abierta.
El periplo de agonía y autodestrucción de Pedro, que comenzó cuando Lacalle Pou le ganó las internas a Larrañaga y le robó la identidad de candidato joven y nuevo (modo TotoDaSilveiraON: “lo dijimos”) hasta ayer, se puede resumir en el axioma tautológico popular: “cuando está pa uno, está pa uno”. Quedate flojito, Pedro.