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    Haciendo boca

    Hay solo una cosa más ridícula que discutir sobre la situación de Venezuela: que pensemos que eso es discutir. Pocos temas evidencian tan flagrantemente nuestros baches argumentativos, lo repetitivos que somos y el nulo respeto que tenemos por el ejercicio mental.

    Escuchar a los integrantes del Frente Amplio hablar de Venezuela es especialmente gráfico (y les recuerdo: vivimos en el Frente Amplio, que no es otra cosa que la forma que ha tomado nuestro pensamiento colectivo, así como en el siglo XX era el Partido Colorado), se comportan como deliverys de la retórica: son imprevisibles y no respetan ninguna señal racional del tránsito argumentativo, cortan camino por el cantero, se suben a la vereda y pasan por arriba a una vieja igual, agarran a contramano y con la luz apagada del raciocinio sin dudarlo.

    Básicamente se encuentran seis tipos de argumentos:

    a) No es tan así como dicen los medios hegemónicos.

    b) Qué fácil es mirar solo a Venezuela, ¿por qué no ven lo que pasa en otros lados también?

    c) Está en crisis por la guerra económica desestabilizadora, Estados Unidos le bajó el precio del petróleo (¿?) y lo fundió.

    d) Estados Unidos bombardea civiles en Medio Oriente.

    e) Tengo que llevar el botija al dentista.

    f ) Perú está todo inundado y Almagro no dice nada en Twitter.

    El argumento a) es válido, siempre y cuando la discusión sea en 1998. Hace rato que los medios se nutren de lo que graba la gente con el celular, y es imposible meter en un embudo a la realidad que quepa en un canal de televisión. Sé que es muy difícil deshacerse del monstruo que justifica todos los males y miserias, pero es hora de ir ensayando otra forma de discutir. El b) es el viejo truco de correr el arco. El c) es la felicidad plena del alma de la que tanto habla la Biblia: gente que ha logrado divisar el árbol del bien y del mal, tiene todo ordenadito en la cabeza. Debe ser hermoso ver el mundo con tanta nitidez. El d) es una mezcla del b) y el c). El e) es claramente el más apegado a la realidad, una suerte que no tenga que llevarlo al dentista en Caracas, porque habría que operarlo en seco; la única anestesia disponible en Venezuela es un culatazo en la frente o medio litro de ron. El f) es irrebatible.

    Por otro lado está el gobierno, que trató hasta ahora de ser lo suficientemente ambiguo como para no tener problemas con el Frente Amplio, usando el viejo truco del presidente que dice una cosa y el canciller otra, y ninguna de las dos son consistentes. O sea: el viejo truco de “vamos viendo”, un clásico uruguayo. Vázquez habló en su gira europea de los tres poderes bien separaditos y funcionando a pleno, con la mala suerte de que unos días después la Suprema Corte se tragó al Poder Legislativo, y tuvo que venir Maduro a hacerle La Maniobra de Heimlic para que lo escupiera; con lo cual quedó en evidencia que el panorama es peor de lo que pensábamos: Maduro es el prudente en este baile. Con el respeto que me merece nuestro presidente, su argumento de los tres poderes estaba mal desde un principio. Si conocen algo del Caribe, saben que en las democracias caribeñas hay un cuarto poder y no es el periodismo ni ninguna de esas sandeces, es un poder real: el poder militar. El poder de los milicos en el Caribe es tan importante como los otros tres con los que tanto jode Montesquieu. Si no hacés lo que decía la receta de Montesquieu, no te sale bien la democracia, te queda un suflé plebiscitario con suerte, o ni siquiera, un revuelto gramajo de partido único. ¿Qué problema hay si le pongo 4 poderes en lugar de 3 a la democracia caribeña, porque la democracia caribeña lleva milicos? Ah no, te queda demasiado pesada, no como con la receta de Montesquieu, que es una democracia livianita, riquísima, libre. Bueno, en el caribe va con 4 poderes la democracia.

    De Nin no preciso ni hablarles. Cancillería —seguramente a pedido del presidente— apuesta a caballo perdedor a un ritmo de 4 o 5 veces por semestre (Dilma antes del impeachment, Dilma después de caer del impeachment, Venezuela en el Mercosur, Malcorra en la ONU, Hillary en EEUU, etc.). De alguna manera, a pesar de ser el canciller más cauteloso y ambiguo del cono sur, terminó generando la ira de Maduro que lo increpó públicamente. Que sirva de lección: eso pasa por no soltarle la mano a tiempo a un cadáver político, tarde o temprano te muerde. Hasta Cuba le soltó la mano antes. Nuestra reacción fue inverosímil y teatral: le exigimos que se retracte públicamente a Maduro, como si mantuviera algo en el orden de lo privado. Pero además, ¿estamos tomando en serio a Maduro? Es inconcebible. Alguien que acaba de decir: “Vade retro Satanás, vade retro OEA, saca tus manos inmundas de la patria bolivariana”, mientras blandía la Constitución… el pastor Márquez es un estadista al lado de Nicolás; Evo es el Charles de Gaulle del altiplano y Alan García es Churchill tomando pisco y comiendo cebiche en la bañera.

    Mujica le suma el vicio que no debe faltar en la retórica barata oriental y popular: lo afectivo. “Le duele Venezuela”, suele decir. Es una figura poética de lo más extraña, una expresión metafórica impenetrable. A mí me duele Corea del Norte, pero solo los días de humedad. ¿En qué zona le dolerá Venezuela a Mujica? Después de escucharlo decir eso en tantas oportunidades le empecé a prestar atención a mi dolor, y las veces que me ha dolido Venezuela, fue por la zona de los pechos. El año pasado, me dolía ahí en las ubres, supongo que por los lácteos y sus contratiempos en el pago de la deuda pendiente. Más raro es con Brasil, que hace dos o tres años me duele de forma intermitente y espasmódica, es como un dolor de hemorroides; a Brasil lo siento en esa zona, casi como un ardor, pero nunca termino de saber si es porque Brasil se está prendiendo fuego o porque comí ajíes catalanes en la semana.

    Del otro lado están los García, esos legisladores que andan con cara de Grecia Colmenares constipada, y tampoco son muy creíbles, la verdad. Ni ellos, ni los otros, ni ninguno de nosotros tenemos la mínima intención de entender a Venezuela. Pensamos en Venezuela desde nuestra cabecita de uruguayo copetudo democrático que se cree la Suiza de África. Hay que respetar el género de la película: todo esto sucede en el Caribe. Hay un momento para el calor, para la playa, para el ron, para el baile, para el amor, y un momento para los tiros. Este es el momento de los tiros. No se escandalicen. Todo acontecimiento individual o colectivo en el Caribe termina a los tiros. El carnaval, los cumpleaños, los bautismos, los velorios, las democracias, las revoluciones, las dictaduras, hasta las siestas terminan a los tiros en el caribe.

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