N° 1674 - 09 al 15 de Agosto de 2012
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl presidente de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), Daniel Gutiérrez, acompañado por su colega Jorge Chediak, admitió ante la Comisión de Asuntos Administrativos del Senado que, conscientemente, el Poder Judicial mantiene en sus cargos, aunque invisibles, a los malos magistrados.
Esos jueces que por sus carencias no avanzan en su carrera someten a los justiciables a decisiones o fallos también malos. Mientras transitan al lado de los buenos mantienen ocultas sus ineptitudes y hacen recordar el cuento del escritor danés Hans Christian Andersen “El traje nuevo del emperador”.
Refiere a un gobernante devoto de las apariencias y los trajes. Dos estafadores llegaron a su corte, se hicieron pasar por sastres y aseguraron ser capaces de confeccionar trajes con telas que serían invisibles para los tontos o ineptos. Para descubrir entre sus colaboradores a quienes tenían esos defectos, el Emperador les encargó un traje.
Con ese fin envió a dos de ellos a observar las telas. No las vieron, pero conocedores del objetivo de su jefe y para evitar ser considerados tontos o ineptos, le informaron que las telas eran maravillosas.
Cuando el Emperador se “probó” el vestuario obviamente tampoco pudo verlas y pensó: “¡No veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré inepto o tonto?”. Para no ser cuestionado elogió el vestuario y decidió usarlo.
Cuando el traje estuvo terminado lo “vistieron” y recorrió las calles sin ropa hasta que un niño gritó que estaba desnudo. Entonces comenzó el murmullo del pueblo. El Emperador pensó altivo: “¡Hay que aguantar hasta el fin!” y siguió caminando mientras sus ayudantes le sostenían la inexistente capa del también inexistente vestuario.
El 20 de junio, ante los senadores, Gutiérrez y Chediak analizaron el mecanismo utilizado por la Corte para el ascenso de los magistrados. Destacaron el sistema y la función de la Comisión Asesora de la Corte para elaborar la lista de los mejor calificados (Búsqueda, N° 1.669).
Durante la sesión, Gutiérrez acusó al Colegio de Abogados (CAU) —integrante de esa Comisión— de que en ocasiones califica bien a malos jueces para que asciendan y “sacárselos de arriba”. Si es así, hay un gigantesco bache en el sistema.
Días más tarde, el Colegio lo rechazó “enfáticamente”, insistió en excluir a los malos jueces y en mejorar el Centro de Estudios Judiciales (CEJU), el hijo predilecto e intocable de la Corte que forma a los magistrados.
El senador nacionalista Gustavo Penadés preguntó cuál es el destino de los jueces peor calificados. Respondió Gutiérrez que los trasladan por “razones de mejor servicio”. Un eufemismo para evitar cuestionarlos públicamente, pero un terrible castigo para los ciudadanos que en su ignorancia lega suponen que todos los magistrados están vestidos con similar capacidad.
El propio Gutiérrez relató un ejemplo brutal. El de un juez civil de Flores que nunca estuvo en la lista de los mejores y que “jamás formaría parte de ella”. Después de diez años —¡diez años, casi un tercio de la carrera!—, la Corte dispuso su traslado. Como se negó se le dio la opción de jubilarse y así lo hizo. De haber aceptado el traslado hubiera seguido haciendo barrabasadas en diferente ciudad o materia. Como otros.
Penadés metió el dedo en la llaga al interrogar si existe algún mecanismo para que un mal juez deje de ejercer sin castigar a los usuarios. La respuesta fue que no, a diferencia de lo que sucede en Chile. Allí, luego de tres años de malas calificaciones, un juez puede ser cesado, explicó Gutiérrez.
Pero a continuación advirtió que nunca ocurre porque “al segundo año, milagrosamente, pasa a la lista de arriba”. En todos lados se cuecen habas.
“Vamos derecho a los juzgados de cuarta”, comentó Penadés.
Admitir sin rubor que existen malos jueces y que en lugar de cesarlos se los traslada “por razones de mejor servicio”, es grave. Pero es gravísimo y dramático que la Corte lo avale para evitar que sus colegas o amigos pierdan el trabajo. De lo contrario buscarían una solución en lugar de ofenderse por las críticas.
Se resisten a admitir que el sistema es malo, que es necesario cambiarlo, que deben mejorar la administración, proteger a los ciudadanos que son la prioridad y asegurarles la mejor justicia posible, por la cual pagamos.
Pero no. Sacan al mal juez de una ciudad o lo cambian de materia para que deje de castigar a los usuarios de ese lugar. Y como una broma de mal gusto lo trasladan para que con su ineptitud pase a castigar a otros con un invisible ropaje de magistrado.
La Corte admitió que hay malos jueces, pero tras la sesión parlamentaria algunos de sus integrantes tranquilizaron a sus colegas. Para evitar líos internos o gremiales les aseguran que nada cambiará. En buen romance, que seguiremos teniendo jueces muy buenos, pero también algunos malísimos. Salvo que algo cambie.
Si se tomaran medidas, los buenos jueces, que son la mayoría, presionarían para que no los metan en la misma bolsa que los malos, y los ciudadanos no se sentirían tontos al darse cuenta de que algunos jueces están desnudos de conocimientos aunque les hayan hecho creer que no son ineptos.