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Intuitivamente, si todos los grupos de individuos tienen la misma distribución de talento innato y las mismas preferencias, debería observarse idéntica proporción de trabajadores e iguales ganancias promedio en todas las ocupaciones. Pero, analizando por género/raza, existen restricciones que distorsionan la asignación eficiente del talento y reducen la producción agregada de la economía: cuando un individuo no está trabajando en su mejor ocupación, otro con menos talento ocupará el puesto.
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Sobre esa base teórica, un nuevo estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) midió la ganancia de producción que habría supuesto reducir la mala asignación de capacidades o talentos laborales en Uruguay y en otros países del Cono Sur en el período 1990-2020.
En los últimos 50 años la presencia femenina en la fuerza de trabajo en América Latina experimentó un significativo aumento, que pasó en promedio de 20% a 65%. Aunque esto constituyó un progreso “sustancial”, según el documento, las mujeres de la región todavía enfrentan “barreras significativas” de entrada al mercado, en especial para trabajar en ocupaciones altamente calificadas. En Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay ellas tienden a estar subrepresentadas en tareas como construcción, administración o ingeniería y a estar sobrerrepresentadas en actividades de secretaría, enfermería o las relacionadas con el hogar. Al mismo tiempo, las mujeres tienden a ganar menos que los hombres en la mayoría de las ocupaciones, especialmente en agricultura, construcción y ciencias.
A partir de un modelo de elección ocupacional, los autores estimaron los obstáculos —como la discriminación salarial, las barreras a la formación de capital humano y las normas sociales— que enfrentan las mujeres y cuantificaron las pérdidas de producción asociadas con estas. En ese sentido, señalan que en los últimos 30 años se constató una caída en las barreras y preferencias ocupacionales que implicó un aumento del Producto Bruto Interno de alrededor de 10% en cada país estudiado. Por otro lado, si se eliminaran por completo todos los obstáculos ocupacionales que enfrentan las mujeres, el producto agregado en Chile habría sido entre 9% y 24% mayor en el período 1992-2017, entre 16% y 24% en Uruguay en el período 2000-2018 y entre 4% y 7% superior en Paraguay en el lapso 2000-2017. En Brasil, eliminar todas las barreras para las mujeres y los no blancos —una característica específica estudiada para ese país— generaría ganancias de producción de alrededor del 30% entre 1990 y 2018.
Uruguay
El estudio —titulado Cerrando las brechas de género en el Cono Sur: un potencial de crecimiento desaprovechado— describe, para el caso específico de Uruguay, que en el año 2000 las ocupaciones con predominio femenino estaban vinculadas a la docencia y la actividad de secretaría. “Sin embargo, también es cierto que las ocupaciones de alta calificación dominadas por hombres han mostrado una disminución significativa en el porcentaje”, a 82% en 2018 entre los matemáticos e informáticos, a 61% en el área de ciencias naturales y 58% entre los arquitectos e ingenieros.
La reducción en las fricciones del mercado laboral y del capital humano desde el 2000 se tradujo en una ganancia del Producto de 4,1% en 2018. Las barreras de capital humano son las más relevantes, si bien también los cambios en las preferencias y normas ocupacionales hicieron una contribución positiva en el mismo sentido.