Nº 2201 - 24 al 30 de Noviembre de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMurió Hebe de Bonafini. Para unos, casi una santa en su lucha por encontrar a familiares de desaparecidos durante la dictadura militar argentina. Para otros, una miserable que hizo de este sufrimiento un negocio muy rentable y plagado de corrupción.
Hebe fue una predicadora del odio que cavó lo más profundo que pudo la llamada “brecha” y una defensora de regímenes repugnantes como los de las FARC (con un currículum de 200.000 muertos, 45.000 desaparecidos y varios millones de personas desplazadas de sus comarcas); defendió el castrochavismo y hasta festejó la muerte de 3.000 inocentes en el atentado a las Torres Gemelas del 2001, porque consideraba que allí murieron “los ricos y poderosos”.
Fue una defensora entusiasta de la ETA vasca, al igual que el Frente Amplio en Uruguay. Recordemos el episodio del Hospital Filtro, donde sus máximas jerarquías (Tabaré Vázquez a la cabeza) se oponían a la extradición de varios etarras solicitada por la Justicia española para que fueran juzgados por tribunales independientes. Y al final fueron condenados por terroristas luego de un juicio con todas las garantías del debido proceso y abrumadoras pruebas.
Cuando muere el papa Juan Pablo II, esta dulce abuelita de plaza de Mayo declaró: “Deseamos que Juan Pablo II se queme vivo en el infierno. Es un cerdo. El cerdo se come, pero este papa es incomible”. Seguramente lo odiaba por haber ayudado a caer el desgraciado régimen comunista que tanta miseria esparció por el mundo y que Karol Wojtyla sufrió en carne propia en su Polonia natal.
Cuando el año pasado falleció el expresidente Carlos Saúl Menem dijo, mostrando sus más sensibles valores: “No lamento la muerte de Menem, ni deseo que descanse en paz”. Seguramente estaba enojada con quien logró parar la hiperinflación, llevó estabilidad económica por más de 10 años y liberó gran parte de la estatista y corrupta economía argentina. Hoy Hebe estaba feliz con la inflación al 100%, el 50% de pobreza y 5 millones de indigentes de su gobierno peronista.
También festejó la muerte del fiscal Alberto Nisman, asesinando en su apartamento un día antes de presentar pruebas y denuncias de corrupción contra Cristina Fernández de Kirchner. “Nisman era un pobre tipo, se pegó un tiro porque no tenía otra salida. Ojalá muchos se peguen el tiro como hizo Nisman”.
Últimamente embistió (como ya lo había hecho años antes) contra todo el sistema judicial y en particular contra algunos miembros de la Suprema Corte de Justicia por no ser amanuenses de los corruptos kirchneristas: “Tenemos que hacer una gran manifestación, una ‘pueblada’ para sacar a todos estos jueces de mierda, pero una pueblada de verdad contra los jueces”.
Recibió más de 1.000 millones de dólares de fondos públicos para construir viviendas “para los más necesitados” bajo el programa Sueños Compartidos, asociándose con Sergio Schoklender (famoso con su hermano por haber asesinado a sus dos padres cuando eran adolescentes), lo que terminó en un gigantesco caso de corrupción y desvío de fondos, tapado durante años por el juez kirchnerista Norberto Oyarbide.
El (des)gobierno de Alberto Fernández decretó tres días de feriado nacional por la muerte de esta persona y pretendía que los jugadores de la selección de fútbol lucieran un brazalete negro en su honor durante los partidos del Mundial de Catar.
En Uruguay, el senador Alejandro Pacha Sánchez del MPP puso en Twitter: “Murió Hebe de Bonafini. Luchadora incansable, ejemplo para las nuevas generaciones. Fue un símbolo de la lucha por la memoria. Se fue sin saber dónde estaban sus hijos, pero no dejó de pelear nunca por la verdad y la justicia. Apretado abrazo a todas las Madres de Plaza de Mayo”.
¿Cómo puede ser que la izquierda vea en este ser a un ángel cuando su vida está plagada de acciones propias de un demonio? ¿Es Hebe de Bonafini el “ejemplo” que el Frente Amplio tiene a imitar?
Parece un razonamiento muy simplista decir que las personas se dividen en buenas y malas. Pero, aunque no crea en esto, al igual que con las brujas, “que las hay, las hay”.