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    Homicidio de una policía

    Sr. Director:

    Quiero hacer partícipe, a usted y a los lectores del semanario de la preocupación amarga que me quedó después del hecho criminal de la muerte de la agente policial Ingrid González Martínez, habitante del apartamento del Block H del complejo de Aparicio Saravia y San Martín, en barrio Borro, donde ella residía con su familia. Manos criminales arrojaron un cóctel molotov al interior de la vivienda y acabaron con su vida, en muerte por asfixia, habiéndose salvado su familia, gracias a una de las últimas acciones que ella llevó a cabo, y habiéndose refugiado en esfuerzo inútil en la ducha, como desesperado recurso de sus fuerzas de vida que le fueron insuficientes para salvar la suya. (Esta carta no habría sido posible de escribir si no hubiera extraído estos datos del editorial del diario “El País”, del lunes 23, con su reseña de hechos que da a pensar en el estado de convivencia disfuncional en que vivimos).

    Una de mis inmediatas reacciones fue el envío de un tuit en el que di cuenta de mi condena el hecho, y la respuesta fue de mediana comparecencia, pero ya algo fue algo.

    Otra ha sido esta carta, en que manifiesto cómo me siento y me pregunto cómo las fuerzas políticas oficialistas y también de la oposición no hicieron acto de presencia, como demostración de sensibilidad, de dolor, de reconocimiento y respeto ante un funcionario muerto si no en el cumplimiento del deber, que sí lo fue, al menos porque era una funcionaria policial que se ganaba la vida en un medio policial deplorable, no solo por malas condiciones de vida, sino también por la hostilidad mostrada hacia un vecino con la connotación que la palabra implica El asesinato fue la culminación de un cerco que presionaba de modo creciente e insultante a la función encarnada en la presencia diaria de la Sra. Ingrid González Martínez en ese medio, donde su persona mostraba las insignias de agente civil y defensora de la sociedad, que la malograda funcionaria ejercía. De nada sirvieron las denuncias, que se hicieron, visto el cariz creciente y peligroso que tomaban las cosas, día a día, con resultados nulos en cuanto a disponer traslados, mudanzas, que en otros casos se han tenido que realizar. Así de oprobiosas son algunas convivencias en esta sociedad que pretende darse lustre desde sus mandos de gobierno, al parecer ciegos ante el grado de ignorancia y incivilización que venimos arrastrando.

    También llama la atención que, justamente, los jerarcas del gobierno no hubieran hecho acto de presencia, en acto simbólico, que demostrara el respeto, el reconocimiento, el dolor, de la institucionalidad policial ante el hecho acaecido: ¡un crimen cometido en la persona de una defensora de esa institución!

    Una última consideración me merece el movimiento feminista, tan formalmente constituido y veloz para algunos pronunciamientos y nulo en este (toda ignorancia de mi parte la salvaría inmediatamente, con las disculpas que debiera presentar), pero no tomé conocimiento de ninguna declaración feminista, lo que refuerza mi pensamiento de que el feminismo es un truismo de no adecuada vía de entrada a más de un tópico que pretende abordar, como puede ser la sexualidad humana. En este caso no fue vía de salida para dar muestras en acto de presencia y/o sensibilidad de mujeres organizadas, que se inclinaban ante una mujer solitaria, librada a su noble oficio y a su muerte desgraciada.

    Juan Carlos Capo

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