Nº 2106 - 14 al 20 de Enero de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáFue abrumador el rechazo a la sanción que la Asociación de Fútbol (FA) de Inglaterra le impuso a Edinson Cavani por haber utilizado en Instagram “palabras insultantes y/o impropias”. También recibió cuestionamientos la filosofía que la inspiró. Las expresiones de Cavani fueron como agradecimiento a un amigo que lo felicitó por haber marcado el gol de la victoria del Manchester United contra el Southampton. El uruguayo le respondió a su amigo: “Gracias, negrito”. Normal y hasta afectivamente necesario en estos lares, pero allí le advirtieron la carga negativa que tiene en Inglaterrra. Entonces borró el post y se disculpó. Admitió su error. La FA lo sancionó con una suspensión de tres partidos y una multa de 100.000 libras (US$ 135.000).
El rechazo incluyó a organizaciones deportivas locales e internacionales, lingüistas, deportistas, periodistas, a la Academia Nacional de Letras de Uruguay y a integrantes de Mundo Afro de Uruguay. Una síntesis del repudio es lo que expresó la Asociación de Futbolistas de Uruguay: “La sanción revela una visión sesgada, dogmática y etnocentrista que no admite más que la lectura que se quiere imponer desde su particular y excluyente interpretación subjetiva, por más equivocada que sea”.
La FA mantuvo la sanción aunque dejó claro que Cavani no es racista, lo que el jugador pretendía. La organización admitió que el jugador “escribió su respuesta como un gesto afectuoso por el mensaje y que no tuvo la pretensión o intención de ser racista u ofensivo hacia su amigo u otros que leyeron el contenido del mensaje en Instagram”. Sin embargo, para la institución “no basta que el jugador no tuviera esa semejante intención”.
Argumentó que “un seguidor del fútbol de la Liga Premier inglesa hubiera entendido que utilizó palabras que racialmente resultan ofensivas” y señaló que Cavani “no ha estado lo suficientemente empapado sobre el lenguaje y cultura de este país para poder entender que palabras que son afectuosas e inofensivas en su idioma natal, son definitivamente ofensivas en este país”.
La federación inglesa responsabilizó al United, uno de sus afiliados con mayor peso, por la escasa capacitación que le dio a Cavani sobre el tema, considerando que es un jugador recién fichado y que, como él mismo lo admitió, no habla inglés. El club debió intervenir “de modo que pudiera entender mejor las diferencias culturales que podrían producirse cuando un jugador extranjero publica información en una plataforma de redes sociales”.
La rigidez británica por el cumplimiento de esta filosofía no admite excepciones. A tal grado que el 12 de noviembre pasado el presidente de la FA, Greg Clarke, renunció a su cargo tras la polémica que generó un comentario suyo considerado de tinte racista. Durante un encuentro con miembros del Parlamento se refirió a los futbolistas negros como “futbolistas de color”.
Cada país tiene sus propias leyes, usos sociales y hábitos culturales, y tanto los nacionales como los extranjeros deben ceñirse a ellos porque su trasgresión implica sanciones. Aunque solo sea por temor a las sanciones es imprescindible seguir el antiguo consejo con forma de refrán: “Donde fueres haz lo que vieres”. Seis palabras sabias que recomiendan adaptarnos a las costumbres y hábitos del lugar en el que estemos o al que viajemos. Como es lógico, los países y las instituciones privadas dentro del mismo país tienen pleno derecho a establecer las normas que los rigen. También pleno derecho a sancionar.
Si el sentido común y ese aserto popular no fueran suficientes vale citar un principio que se remonta al Derecho Romano que establece en latín Ignorantia juris non excusat o ignorantia legis neminem excusat (‘la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento’). Es un principio de Derecho según el cual el desconocimiento o la ignorancia de la ley no es admisible como excusa ante la imputación de haber violado una norma. Rige la presunción de que habiendo sido promulgada la norma han de saberla todos. Poco o nada importa en Inglaterra que en Uruguay sea natural decirle a Rada o a Obdulio Varela “el negro” o a Rosa Luna “la negra” y que aquí no tenga connotaciones peyorativas o insultantes. En Inglaterra es diferente y cuando uno vive en ese país debe aceptarlo o, si no está de acuerdo, callarse la boca o emigrar.
Para dar por conocidas las normas se parte de la base de que estas, sean estatales o privadas, forman parte de la información pública. Y eso, obviamente, incluye las vinculadas al deporte. Si alguien las viola por inadvertencia o ignorancia debe asumir las consecuencias del mismo modo que tienen que asumir su responsabilidad los dirigentes del Manchester United, quienes debieron ilustrar a Cavani sobre su contenido y los riesgos.
Cavani conocía esa prohibición como consecuencia de lo ocurrido en 2011 cuando Luis Suárez, que entonces jugaba en el Liverpool, le dijo “negro” en varias ocasiones a Patrick Evrá del Manchester United. Fue sancionado con ocho partidos y una multa de 43.700 euros. El jugador negó haberlo dicho en un contexto racista, pero al año siguiente, durante un partido en el que nuevamente se enfrentó a Evrá, evitó darle la mano. Desafiante arrogancia machista.
En forma muy diferente actuó Cavani, quien tras ser advertido —seguramente fue recién ahí cuando se dio cuenta del impacto de sus dichos— retiró de Instagram sus expresiones y se disculpó públicamente. En los casi nueve años transcurridos desde el incidente entre Suarez y Evrá todos quienes hoy protestan y lamentan lo ocurrido a Cavani se llamaron a silencio. Para no hacer un reproche planetario, ninguna organización gremial de futbolistas uruguayos ni las instituciones locales (la AUF) o internacionales (Conmebol) que rigen este deporte intentaron durante esos nueve años que la FA modificara su proceder o que, en todo caso, considerara con mayor flexibilidad la presunción de inocencia. Si me equivoco que me digan cuándo, cómo y ante quién hicieron esas gestiones y qué respuesta obtuvieron. Seguramente se quedaron en el molde. Mucho ruido y pocas nueces.
Un sociólogo a quien conozco desde hace mucho tiempo me recordaba ayer que hace algo más de una década él, un periodista y un abogado tenían un proyecto para que Peñarol y Nacional incorporaran desde las divisiones menores cursillos de inglés e italiano básicos, instrucción sobre las normas penales que rigen en diversos países, conocimientos sobre hábitos culturales, sociales y protocolares y otros asuntos que contribuían a enriquecer la información y cultura de los jugadores, lo que les sería útil. El costo anual hubiera sido de US$ 40.000. Antes de presentar la propuesta hicieron consultas informales con dirigentes de ambos clubes. El sociólgo me revela que todos los dirigentes que consultaron se manifestaron en contra y el argumento general fue que no podían gastar ese dinero “en cuestiones extradeportivas”. El costo anual era casi la mitad del salario mensual que reciben algunos jugadores en vías de jubilarse y son monedas en el porcentaje de un solo pase. La propuesta terminó en la papelera.
Así nos va.