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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLlegar a viejo en Uruguay. Lo peor que le puede pasar a un uruguayo o uruguaya en estos tiempos, es llegar a ser viejo. En ese momento, el Estado nos termina de estropear la vida; nos re-mata.
Durante la vida laboral activa, cuanto más trabajás más riesgo tenés de que te arrebaten a zarpazos el fruto de tu trabajo, o sea el dinero que te ganás trabajando. ¿Cómo? Inventaron el impuesto llamado IRPF (impuesto a las retribuciones de las personas físicas), pero junto a él, inventaron el complemento más perverso: las franjas. Primera puñalada. Si te pusieran un impuesto que fuera un porcentaje de lo que ganás, podría hasta parecer normal, aunque ese porcentaje fuera alto. Pero las franjas son una perversión espantosa: si te pasás en un peso de la franja inferior, el impuesto aumenta un desproporcionado monto respecto a cuando ganabas un peso menos. Esta perversión hace que muchos trabajen en negro o que se nieguen a mejorar sus ingresos para no terminar perdiendo dinero. La carga de IRPF ha resultado una pesadísima pena económica para muchos de los que trabajan, incluyendo a los profesionales. Castiga al que más trabaja y por tanto al que gana más, a través de un concepto ridículo y también perverso de la “solidaridad social”. Parece que fuera un pecado tratar de ganar dinero honestamente. No hablo de riqueza; hablo de un ingreso decoroso que nos permita un pasar más o menos agradable y sin excesivos riesgos.
Durante todo ese tiempo hemos realizado aportes personales para la etapa de retiro que fueron tanto más importantes cuanto más trabajabas y mayores eran tus ingresos. Ese dinero quedaría teóricamente administrado por el Estado y/o las AFAP debiendo generar obviamente intereses, pera ser devuelto a su dueño en la etapa de pasividad, en forma proporcional a lo aportado. Así ocurre en los países civilizados. Pero, ¿qué ocurre aquí?
A determinada edad llega el momento de jubilarse luego de 30 o más años de trabajo (47 años en mi caso) y entonces un gran número nos encontramos con la muy desagradable sorpresa de que los montos a cobrar al jubilarse en el BPS están arbitrariamente “topeados”. O sea que mediante una apropiación indebida, los que debieron administrar TU dinero te roban una parte importante de lo que te correspondería por tus aportes hechos, si están más allá de ese caprichoso tope jubilatorio. No puedes cobrar más de determinado monto arbitrariamente fijado, sea cuanto sea lo que hayas aportado. ¿Será posible imaginar una estafa más indignante? Esta es la segunda puñalada por la espalda que recibe el trabajador, en especial el que más ha trabajado y aportado para disfrutar de una vejez tranquila.
Pero allí no termina la cosa. Hay una tercera puñalada esperando al jubilado: el IASS. Este es un re-impuesto (porque ya pagamos el IRPF cuando trabajábamos) y además es inconstitucional. Tenemos que pagar nuevamente este impuesto con diferente nombre y con el mismo sistema perverso de franjas. Se le denomina eufemísticamente Asistencia a la Seguridad Social, con lo que implica que debemos ser los propios jubilados los que les pagamos la jubilación a los que por no poder o por no querer, no aportaron lo suficiente. Eso en el improbable caso de que el Estado destinara ese dinero para ese fin.
A este disparate indignante, los integrantes de este gobierno “progresista” y voraz —inventores de estas aberraciones— le llaman “solidaridad social”, mientras llenan el aparato estatal de funcionarios de favor en la época de mayor bonanza económica que tuvo el país. Hacen “beneficencia social” arrancándoles a los trabajadores y a los jubilados su dinero. Se ufanan de que la DGI recauda más que nunca, sabiendo que lo hace acogotando económicamente a los trabajadores que más se esforzaron y a los jubilados, a quienes les estafan descaradamente su ahorro previsional.
Hoy me siento avergonzado de ser ciudadano de este país. Soy parte de un pueblo que eligió a nuestros voraces verdugos, aunque yo no los haya votado. Después de una vida de durísimo trabajo honesto, estoy económicamente acorralado por esta mafia política totalitaria (pues hacen lo que quieren, al tener mayorías absolutas en las Cámaras), que se llena la boca con cínicas frases mentirosas y pomposas de beneficencia social hecha a expensas de arrebatarles a trabajadores y jubilados su magra remuneración. Mientras tanto, medran todo lo que pueden y se acomodan a nuestras expensas.
¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando esta vergüenza? ¿Es que somos tan cobardes y mansos que aceptaremos este juego sucio sin hacer nada más que quejarnos y dejarnos robar?
Daniel Olivera