N° 1904 - 02 al 08 de Febrero de 2017
N° 1904 - 02 al 08 de Febrero de 2017
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la película “Yo, Robot”, protagonizada por Will Smith y basada en las novelas de Isaak Asimov, los robots son la principal fuerza de trabajo en el año 2035. Lo que para Asimov era “ciencia ficción”, hoy se está transformando en una realidad.
Los temores a la “piqueta fatal del progreso” siempre están presentes cuando aparece una nueva invención: los telares dejaron sin trabajo a las tejedoras, el telégrafo a los carteros o la electricidad a los fabricantes de velas. Pero todos ellos se fueron reciclando, ya que las nuevas tecnologías crearon empleos que antes no existían: mecánicos para los telares, técnicos en comunicación o electricistas.
Sin embargo, el avance de la tecnología y la robótica en estos días, parece ir a una velocidad tal, que no le daría tiempo al principio de Lavoisier (“nada se destruye, todo se transforma”) a transformar estos viejos empleos en otros nuevos. Entonces, ¿qué haremos los humanos mientras los robots hacen el trabajo?
Hay quienes sostienen que la humanidad estará liderada por unos pocos genios, que serán los que innoven, creen y gestionen la producción, la tecnología y la innovación. El resto de la humanidad dispondría de mucho tiempo ocioso y ese es el gran problema: qué harán las grandes masas con ese tiempo. ¿Lo dedicarán a filosofar, pensar y hacer el bien o se dejarán arrastrar por sus bajas pasiones? Un adelanto a esta respuesta se puede obtener analizando qué hacen hoy las personas con su tiempo libre.
Otros creen que el 47% de los actuales empleos están seriamente amenazados a desaparecer, en especial todos los que impliquen trabajos repetitivos: desde un operario al lado de un telar, hasta un contador público liquidando impuestos.
Pero en el camino, la pregunta a hacerse es: ¿cómo se “financia” esa transición? Si se cobran impuestos al trabajo (cosa que se hace desde el antiguo Egipto, 2.500 años antes de Cristo), ¿por qué no cobrar impuestos al trabajo que hace un robot?
Esto es lo que está proponiendo por estos días el candidato a la presidencia de Francia por el Partido Socialista, Benoît Hamon, quien ganó la primera vuelta de la interna de su partido con el 36% de los votos: “Si una máquina remplaza a un hombre y crea riqueza, no hay motivo alguno para que esa riqueza no sea gravada con impuestos”, para favorecer la recaudación a la seguridad social e incluso poder ofrecer una renta universal de 700 euros por mes (unos $ 21.000).
Al principio la propuesta parece demagógica y lo que haría sería encarecer el costo de los productos fabricados por robots gravados y fomentar una suerte de “vagancia colectiva”, al recibir dinero sin hacer nada.
Este tema que ya está arriba de la mesa tiene múltiples aristas: morales (el trabajo ¿realmente eleva y dignifica?), sociales (¿qué harán las masas?), jurídicas (¿quién es el sujeto pasivo del impuesto?) y hasta existenciales (¿cuál es el rol del ser humano?).
Tan importante es el tema y no veo que empresarios, sindicalistas o el gobierno, lo estén estudiando a fondo.