N° 1843 - 26 de Noviembre al 02 de Diciembre de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCasi todos los uruguayos nos quejamos de que en este país las cosas suceden en forma muy lenta o muy tardía, pero en realidad deberíamos ver eso como una ventaja: no hay grandes sorpresas y es más fácil pronosticar el final de la película. Por eso dicen que cuando llegue el fin del mundo, muchos se mudarán a Uruguay porque aquí llegará veinte años después.
Es lo que está sucediendo con las innovaciones tecnológicas en general y con Uber en particular. Esta empresa hace ya cinco años que existe en el mundo, pero cuando desembarca en Uruguay todos se sorprenden y actúan en forma totalmente reactiva, como si hubiera caído un imprevisto meteorito del espacio exterior. Durante todo este tiempo no hicieron nada: ni autoridades municipales, ni empresarios, ni empleados se ocuparon de capacitar a los choferes, mejorar los vehículos o elevar la calidad del servicio. Lo que sí hicieron fue tratar de tapar el sol con las manos manteniendo injustos privilegios. Pero la realidad es más tozuda y les pasará por arriba a todos ellos.
Lo mismo sucede con las ventas y la publicidad online. No había que ser un gran gurú para darse cuenta del crecimiento exponencial de los smartphones, las apps y los hábitos de los consumidores de todas las edades que viven hiperconectados y por tales motivos, nos informamos más en la web, hacemos amigos en la web, nos entretenemos en la web y, por supuesto, compramos y vendemos en la web.
La tozuda realidad nos muestra que el comercio electrónico en Estados Unidos viene creciendo sin parar a razón de U$S 167.300 millones en el 2010 a 347.500 millones en 2015 y proyectándose llegar a 491.800 millones al 2018. En Uruguay, el crecimiento ha sido del 200% en determinados negocios retail y la tendencia seguirá creciendo, más aún con la aplicación de la ley de inclusión financiera (donde todo el mundo tiene una tarjeta de crédito o de débito), todos pueden tener un smartphone y todos acceden a la web.
Sin embargo, sigue habiendo ciertos mitos y temores para que los empresarios no incursionen en este mundo digital con mayor vigor.
El primer mito es el temor a que se “roben” los datos de la tarjeta de crédito al cargar los datos en la web. Temen dar los datos a Amazon pero no temen dárselos al mozo del bar de la esquina cuando pagan una pizza a caballo.
El otro mito es que los consumidores prefieren venir al local a comprar, seguramente tanto como prefieren ir a trabajar a la oficina o a estudiar a la universidad, cuando podrían hacerlo desde sus casas. Si la gente sigue yendo al local es porque no confía en la empresa o en los empresarios que les van a entregar el producto prometido en cuanto a talle, color o tamaño y no les van a poner absurdos obstáculos para devolver una compra equivocada; no es que no crean en el sistema de comercio electrónico, porque en Estados Unidos compran sin preocupaciones.
Y el tercer factor es cuando piensan: ¿para qué hacerlo, si “vamos bien”? Están facturando bien, se llevan un buen dinero para sus casas, entonces, ¿para qué innovar?
Leonardo Álvarez Jarque, socio de Análoga y directivo de la Cámara de Economía Digital del Uruguay, sugiere que hay un desafío y una oportunidad a aprovechar en estos momentos. Que el comercio electrónico no es solo tener un “carrito de compra”, sino que debe ser tratado como un especial canal de distribución, dentro de una estrategia de marketing más amplia y, sobre todo, poder aprovechar todas la mediciones analíticas que permiten las herramientas web para entender y satisfacer las cambiantes necesidades de los clientes.
Uruguay, por su tamaño, su acceso a Internet, su altísimo porcentaje de miembros de Facebook o Twitter y el gran crecimiento del uso de las tecnologías de la información en todos los segmentos sociales y etarios, debería ser un excelente laboratorio para innovar y luego exportar estas experiencias al mundo. Pero para ello se requiere de empresarios dispuestos a cambiar el lápiz detrás de la oreja por la touch screen y de consumidores dispuestos a exigir calidad e innovación.
¿Estará llegando ese día?