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    Inseguridad (I)

    Sr. Director:

    Solicito la publicación de la siguiente carta abierta al Dr. Tabaré Vázquez.

    Dr. Monty Fain

    C.I. 1.534.874-6

    Estimado Dr. Tabaré Vázquez.

    Atento a que en poco menos de dos meses usted asumirá nuevamente el ejercicio de la Presidencia de la República, es que me permito escribirle estas líneas para su consideración de un tema de urgente tratamiento en nuestra sociedad: la seguridad pública.

    Es obvio que ya no se discute ni siquiera desde el oficialismo la escalada delictiva que en cantidad y calidad ha experimentado nuestro país desde hace muchos años. Ya nadie atiende a la “sensación térmica” ni a otras salidas absolutamente fuera de contexto. Esta carta, presidente electo, no es para buscar culpas (extremo que nunca sirve para nada) sino para incentivar la búsqueda de soluciones a un problema incuestionable, indiscutible, creciente y preocupante.

    Tan preocupante, Dr. Vázquez, que ha hecho que hayamos cambiado nuestras conductas, nuestras formas de comportamiento. En efecto: ahora intentamos no dejar la casa sola cuando debemos salir; y cuando no hay otra solución que dejarla sola, estamos pensando si entrarán delincuentes a la casa; ahora cuando transitamos por la calle, miramos repetidamente para los costados para ver si no nos encontramos con caras que entendamos supongan un riesgo para nuestra integridad física y para nuestro patrimonio; ahora no hay ninguna reunión de amigos o familiares en que, un día sí y otro también, relatemos lo que le pasó a algún amigo, conocido, familiar o a nosotros mismos.

    Ahora debí soportar que delincuentes hurtaran a mi cuñada delante de mi casa y le tirasen un balazo disuasivo; ahora debí enterarme de que una amiga de 50 años fue arrojada al piso con resultado de fractura de muñeca; todos los días en todos los lugares y en todas sus formas, los delincuentes se apoderan de nuestras vidas, física y mentalmente.

    No comparto su decisión de mantener al ministro Bonomi en su cargo. Pero no importan ahora las razones de la discordia. Lo que sí importa, sea quien sea el ministro del ramo, es la política de seguridad desde su futura asunción como presidente. He leído el programa de gobierno del Frente Amplio en lo referente a “Convivencia y Seguridad Ciudadana”. Mucho se habla en dicho capítulo en lo referente a la “profundización de programas sociales en territorios vulnerables”, “se promoverán nuevas formas de participación y sólidos dispositivos de mediación de conflictos con todos los actores involucrados” en centros educativos, “se desplegarán acciones de fomento de la cultura ciudadana para fortalecer el uso intensivo del espacio público como un ámbito de integración social”, “se promoverán acciones de fomento de la cultura ciudadana de alto impacto” en espectáculos deportivos y artísticos, entre otros objetivos programáticos.

    Todos estos objetivos y otros que plantea el programa son compartibles; pero no he podido encontrar ni una sola vez el concepto relativo a la necesidad de ejercer la represión policial proporcional o necesaria para cesar el delito cuando este se está consumando o cuando se está próximo a su consumación (solo refiere a que “la lógica represión o represión solo genera un conjunto muy significativo de problemas adicionales” cuando se produce la “saturación permanente de zonas bajo el control policial”. Agrego: como la que llevó adelante el ministro Bonomi durante este período).

    Quiero pensar que el concepto y la necesidad de recurrir a la represión (fuera de los casos de saturación referidos) no están incluidos en el programa gubernativo porque sabido es que para muchos sectores de izquierda —hoy, la mayoría— la represión es un concepto que identifican (torpe y ciegamente) con la derecha, con la violencia, con el ataque a derechos humanos, etc., etc., etc.

    Pero también quiero pensar, estimado Dr. Vázquez, que usted instruirá a su ministro de Interior, este a los jefes de Policía y estos a su personal subordinado, sobre la necesidad de ejercer la fuerza policial toda vez que ello sea necesario, en legítimo y constitucional ejercicio de la represión del delito.

    Estimado futuro presidente: la acción policial —y usted lo sabe— no se agota en la prevención. Ojalá todas las conductas delictivas fueran prevenibles; pero la realidad no es así. No siempre bastan los programas sociales, los procedimientos de mediación de conflictos, las acciones de fomento cultural y otras acciones preventivas para que la sociedad pueda vivir pacíficamente.

    Se necesita, siempre, en toda sociedad, que la fuerza policial esté desplegada en el espacio público; que aquellos que no delinquimos, aquellos que somos las víctimas del delito, sepamos que podemos transitar por dicho espacio con, por lo menos, cierta tranquilidad, sabedores de que la policía —guardián de la seguridad pública— está cerca para atendernos. Poder irnos de nuestra casa teniendo al menos, la relativa seguridad de que a nuestra vuelta la casa no habrá sido violada y hurtada, dado que la fuerza policial cercana habrá impedido el accionar delictivo, etc.

    Necesitamos recuperar nuestra tranquilidad espiritual, saber que los integrantes de nuestras familias están a salvo, saber que tenemos una policía desplegada, saber que la misma intervendrá pronta y eficientemente en caso de ser necesario, etc.

    Las acciones sociales, culturales y conciliadoras que el programa oficialista pretende, no solo son muchas veces inconducentes, sino que además —para el caso de tener resultado— insumen mucho, pero mucho tiempo. Y los habitantes del Uruguay de hoy necesitamos vivir y sentirnos seguros hoy, y no solo en un futuro incierto pero mínimamente de larga duración (meses y años). Lo necesitamos hoy, señor presidente electo. Y lo necesitamos todos: los trabajadores, los profesionales universitarios, los jubilados, los gobernantes, los empresarios, las amas de casa. Todos. Porque todos estamos en jaque.

    La delincuencia ha crecido y se ha fortalecido. El número de delincuentes va en alza. El armamento de que disponen también (a propósito: hay que desarmar a los delincuentes, pero no con propuestas del estilo “canje de arma por bicicleta” que propuso este gobierno. Los delincuentes no piensan como las personas con buenas intenciones). Y ante ellos, señor presidente, nosotros indefensos, expuestos al riesgo de la muerte y con el evidente sentimiento de pérdida de la libertad, de todas las libertades, pero la más dolorosa: la espiritual.

    En el año 2004 voté por el Frente Amplio promoviéndole a usted al gobierno. En líneas generales, creo que fue un gobierno muy bueno, salvo en algunas áreas, como la de la cartera de Interior, donde ni la gestión ni los ministros fueron buenos.

    No voté al Frente en 2009, porque el candidato presidencial no merecía mi respeto. Y no volví a hacerlo en 2014, porque la gestión del segundo gobierno frenteamplista ha sido muy mala.

    Soy una persona de centroizquierda, pero el hecho de serlo no me impone barreras dogmáticas. Para mí la represión es parte del hacer policial. Podrá ser represión al estilo neoyorkino —hoy es un placer pasear por la gran manzana— o de otro tipo; pero la represión, como elemento lamentablemente fundamental de la actuación policial, es absolutamente necesaria, imprescindible.

    Sé que usted comprenderá la honestidad y sinceridad del planteo que le efectúo a través de esta carta abierta. Espero que pueda tomarlo en cuenta. La sociedad uruguaya lo necesita.

    Dr. Monty Fain

    CI 1.534.874-6

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