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    Israel (II)

    Sr. Director:

    Las mentiras del Dr. Olivera. En el anterior número de Búsqueda aparece una nueva carta del Dr. José Olivera, quien hace un mal intento de responder a lo escrito con lucidez por el Dr. Julio Sanguinetti, relativo a la legitimidad y valores democráticos de Israel.

    Olivera deforma hechos obvios, en una nota llena de odio, aunque él lo niegue. Menciona que en Israel solo existe el matrimonio religioso, cataloga de “racismo” la definición como “Estado judío” de dicho país y afirma que la resolución de la ONU de 1947 (que reconoció el derecho a la independencia hebrea) “desapropió a un millón y medio de palestinos del territorio que ocupaban”. Habla de la “ocupación” de Cisjordania, a la cual define como “una colonia israelí”. También se refiere a la supuesta oposición de Sanguinetti a la Cruz que recuerda la visita del papa Juan Pablo II a nuestro país, un claro error porque justamente él promovió dicha iniciativa.

    Cabe destacar que Olivera no parece preocupado por las atrocidades que ocurren en Siria, en Irak, en la República Islámica de Irán, en Ucrania, en Tíbet, ni en ninguna otra región del mundo. Típico de los antisemitas (judeofóbicos para usar el término exacto), que inventan todo tipo de falsedades para justificar su enfermedad.

    Vayamos a los hechos. La definición “judía” de Israel no es un acto de discriminación; muy por el contrario. Dicho Estado se creó como refugio para un pueblo perseguido durante siglos, cuyo momento más trágico se vivió bajo el régimen nazi (Olivera ni lo menciona; seguro un olvido involuntario). No es la ONU quien dio legitimidad al Estado hebreo, que la logró pese al ataque de siete estados árabes, los cuales desconocieron la resolución votada en 1947 por dicho organismo. Su legitimidad nace de la historia, del trabajo en una tierra desierta, abandonada y del derecho a la autodeterminación de los pueblos. Ningún pueblo tiene una relación tan fuerte con Tierra Santa como los judíos. Si los árabes palestinos no poseen, desde aquel mismo momento, su propio Estado, es porque rechazaron la independencia de Israel y perdieron la guerra que iniciaron sus “hermanos” árabes, con el apoyo del Mufti de Jerusalén, líder palestino en aquella época y aliado anteriormente de Hitler. En Youtube se pueden encontrar las películas del Mufti junto al dictador alemán y realizando el saludo nazi.

    Cisjordania, con sus casi 6.000 km2, no es una colonia, pues el 80% de su territorio y el 95% de sus habitantes viven bajo el gobierno de la Autoridad Palestina, un poder autónomo que encabeza Abu Mazen. Este hecho fue posible tras varios acuerdos y desembocará tarde o temprano en un Estado palestino pleno, que deberá a su vez eliminar el terrorismo de grupos como Hamás (que controla dictatorialmente Gaza) y negociar fronteras seguras y reconocidas como reclama Israel.

    En relación al matrimonio, la historia y características de cada nación son únicas. Israel por su origen se define como “Estado judío y democrático”. No pueden aplicársele los ideales laicos que tiene el Uruguay, al igual que tampoco se podría hacer con el Vaticano y ni qué decir con los estados confesionales islámicos. Pero lo que “olvida” Olivera es que el matrimonio religioso es reconocido en Israel para todas las religiones, o sea que para el Estado es igualmente válido un matrimonio cristiano o musulmán que uno judío. Igualmente es un tema discutido en Israel y se está negociando, con acierto, una ley de matrimonio civil para todos. Cabe agregar que los cristianos israelíes (casi 200.000 en una población de casi nueve millones) son ciudadanos israelíes plenos, cumplen el servicio militar y poseen plenos derechos civiles y políticos, al igual que los musulmanes, que incluso cuentan con partidos étnicos y legisladores en el Parlamento. Nada más lejano al racismo en Israel, donde conviven ciudadanos de diversas razas y religiones en total libertad. Cualquiera que haya visitado ese país puede confirmarlo.

    Para finalizar, llama la atención el “modesto” planteo del Dr. Olivera, quien se ofrece para “coordinar” una mesa redonda sobre el tema en la Universidad de la República. Para coordinar una actividad de ese tipo se requiere conocer los hechos, evitar las calumnias y no estar cegado por el odio.

    Luis Fabregat