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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl señor Eduardo Zalovich Mokobocki, a pesar de tener una columna propia en el semanario, eligió publicar el 15 de marzo una carta en la sección de lectores firmando con sus iniciales, E.Z.M., para agraviar con afirmaciones falaces no solo a mí sino a un intachable profesional del servicio exterior de Uruguay.
El señor Zalovich es bien conocido por Brecha, ya que se ha dedica a insultar al semanario en las redes sociales con los habituales epítetos de “nazis”; y también yo he sido blanco de sus mensajes machistas, procaces y de la peor calaña a través de correo y blog. El nivel de este “analista internacional” y columnista de Búsqueda deja mucho que desear.
En su carta Zalovich destila la furia que le provocan mis artículos en Brecha, y muy en particular el que publiqué el 8/3/2024, ¿Quién ha usado la violencia sexual como arma de guerra?, exponiendo los resultados de investigaciones periodísticas serias e independientes —israelíes y estadounidenses— que han demostrado la falta de pruebas en el relato oficial israelí sobre determinados crímenes (como la violación sexual o la decapitación de bebés) supuestamente cometidos por la resistencia palestina en comunidades israelíes el 7/10/2023. El señor Zalovich me acusa de mentirosa, como si mis afirmaciones fueran propias e inventadas, producto de mi “odio enfermizo” hacia Israel, pese a que todos los datos que presento en el artículo contienen la referencia a las fuentes originales, ya sea como hipervínculo o como nota al pie.
La rabia con que escribe Zalovich quizás se deba a que no tiene ninguna prueba científica para refutar estas conclusiones. Como nunca la tienen los propagandistas del sionismo, que solo pueden defender lo indefendible mediante mentiras, calumnias y agravios, acusando de “nazi” y “antisemita” a quienes presentan evidencias irrefutables de los peores crímenes de Israel, como el apartheid y el genocidio.
Así lo hicieron cuando en 2021 y 2022 las principales organizaciones internacionales de derechos humanos (Human Rights Watch y Amnistía Internacional) y la israelí B’Tselem publicaron sus contundentes informes sobre el apartheid israelí. Aparte de acusarlas de antisemitas (como ahora acusan al gobierno de Sudáfrica y a la misma ONU), no pudieron refutar una sola de las afirmaciones de dichos informes minuciosos y bien documentados, elaborados por juristas internacionales a lo largo de más 200 páginas.
Del mismo modo, ahora eligen negar el genocidio que Israel está cometiendo en Gaza, pese a que está siendo televisado en tiempo real. Aunque Israel no ha permitido la entrada de periodistas internacionales, sus colegas gazatíes están mostrando al mundo la magnitud del horror. Y están pagándolo con su vida: más de un centenar de periodistas palestinos han sido asesinados y decenas han sido detenidos. Porque que se conozca la verdad de sus crímenes es un lujo que el sionismo no puede darse.
La versión racista y falaz de los propagandistas como Zalovich es que en Gaza todas las víctimas son terroristas de Hamás; es decir, la ONU (a través del secretario general Antonio Guterres, de Unicef, UNRWA, OMS, ONU Mujeres, de las relatoras y los relatores especiales), así como el Comité Internacional de la Cruz Roja, Médicos sin Fronteras, Save the Children, Defensa de la Niñez Internacional, el Estado de Sudáfrica, etc., mienten cuando afirman que más del 70% de las víctimas del genocidio son mujeres, niñas y niños; algo previsible, ya que la mitad de los más de 2 millones de personas hacinadas y encerradas en el gueto de Gaza son menores de edad.
Fiel a la premisa de “miente, miente, que algo quedará”, Zalovich remata su visceral misiva diciendo que para entrar a Israel conté con la ayuda del entonces embajador uruguayo en Tel Aviv, Bernardo Greiver, quien, además, “me envió propaganda de Hamás” para mis charlas. Esta burda mentira basta para descalificar a quien la emite, porque ni el embajador Greiver me envió nunca información ni propaganda alguna (de ningún tipo), ni yo la necesito para informarme sobre la realidad que conozco de primera mano y por fuentes bien documentadas; “propaganda” es lo que hace Zalovich.
Bernardo Greiver, además de un diplomático intachable, es una persona —de origen judío, por cierto— que se toma en serio asistir a sus compatriotas en los países donde está como representante de Uruguay; y lo hace con gran compromiso y total integridad, sin preguntarles cuáles son sus ideas políticas o a qué partido votan. Esa ha sido mi experiencia, y me consta que actúa así con cualquier compatriota.
Cuando el apartheid israelí sea un hecho del pasado —como es hoy el de Sudáfrica— y el genocidio de Gaza sea recordado como una mancha imborrable en la conciencia de la humanidad —como lo es el de Ruanda, o tal vez peor incluso, porque este lo estamos viendo desarrollarse ante nuestros ojos a través de las redes sociales—, la memoria de los pueblos dejará constancia de quiénes estuvieron del lado correcto —ético y humano— de la historia y quiénes defendieron el terrorismo de Estado y los crímenes atroces por los que hoy el Estado de Israel ha sido llevado ante la Corte Internacional de Justicia.
Me despido firmando no con iniciales ni seudónimo, sino con mi primer nombre y uno de mis apellidos (porque, como cualquiera que escribe y publica, tengo derecho a elegir en qué orden usarlos).
María Landi
CI 1.430.042-8