Nº 2115 - 18 al 24 de Marzo de 2021
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Su importancia cultural se refleja en 55 lugares declarados como Patrimonio de la Humanidad, el país con la mayor cantidad del mundo. Roma atrae al turismo como un imán, excepción claro en esta dura época de pandemia.
En su apogeo, la Roma imperial dominó desde la península Ibérica a Anatolia, y desde las islas británicas hasta Egipto. Al período de mayor esplendor se lo definió como Pax Romana, debido al estado de armonía en las provincias, aunque esto es relativo porque el dominio sobre otros pueblos se debía a las poderosas legiones romanas.
En el siglo XIX, con la participación clave de Giuseppe Garibaldi —“héroe de dos mundos”— se proclamó la unificación italiana. Después de la guerra franco-prusiana de 1870, Francia abandonó sus intereses en Italia, lo que permitió la captura de Roma y el fin del territorio independiente gobernado por la Iglesia.
Desde 1922 hasta el fin de la II Guerra Mundial la política exterior italiana tuvo como objetivo restaurar la antigua grandeza imperial sobre el Mediterráneo. La dictadura fascista creada por Mussolini invadió Etiopía en 1935 y Albania en 1939; ya gobernaba Libia. Cegado por la ambición, el Duce ingresó a la guerra del lado nazi, lo cual provocó un desastre nacional y su propio fusilamiento por partisanos italianos en 1945. Casi 1 millón de ciudadanos murieron en la guerra y la economía nacional quedó destruida. Tras el plebiscito de 1946 se abolió la monarquía y se perdieron todas las posesiones coloniales.
En 1949, Italia se unió a la OTAN. El Plan Marshall ayudó a revivir a la economía nacional, la cual hasta finales de los 60 vivió una época de auge. Luego, hasta finales de los 80, se vivieron los “años de plomo”, caracterizados por la crisis económica, conflictos sociales y ataques terroristas por grupos totalitarios de izquierda y de derecha.
Durante los años 1990-2000, la centroderecha —liderada por el magnate periodístico Silvio Berlusconi— y las coaliciones de centro-izquierda —dirigidas por el profesor Romano Prodi— se alternaron en el gobierno del país.
El turismo es un sector clave de la economía, con 60 millones de turistas anuales (en épocas normales). Roma es uno de los destinos más visitados del mundo, con 15 millones de turistas. El Coliseo, con 4 millones, es uno de los lugares más visitados de Italia. También se beneficia del turismo religioso y cultural al Vaticano.
Las mayores exportaciones del país son los autos (Ferrari, Fiat, Alfa Romeo, Lancia), todos integrantes del Grupo Fiat, considerada la 3ª empresa automotriz del mundo.
Italia, con 60 millones de habitantes, posee sin embargo una tasa de natalidad reducida: un niño por mujer, con un descenso continuado en las últimas décadas. El 88 % de los italianos se declara católico, uno de los porcentajes más altos de Europa. Como en muchos países occidentales, el proceso de secularización aumenta. La religión más antigua en el país es el judaísmo, con una presencia ininterrumpida en Roma y unos 45.000 integrantes. Cabe mencionar que el fascismo no fue un movimiento antisemita, salvo cuando la alianza con Alemania condujo a Italia por ese camino. Incluso hasta 1943, cuando Mussolini fue derrocado, no se permitió que los nazis llevaran hebreos italianos hacia los campos de concentración y exterminio. Una actitud muy distinta a la del colaboracionista francés Pétain, por ejemplo.
Italia fue muy afectada por la crisis migratoria del 2015, pues se convirtió en el punto de entrada y principal destino para la mayoría de quienes buscaban asilo en Europa. El país recibió medio millón de refugiados, causando conflictos en la población y un apoyo creciente hacia partidos de extrema derecha y euroescépticos, inspirados en el Brexit.
Actualmente, con la confianza del presidente Sergio Mattarella, se formó un nuevo gobierno encabezado por el técnico Mario Draghi (Súper Mario).
Italia es parte de la ONU, la UE y la OTAN , entre otros organismos. La nación cumple un rol importante en la lucha contra el terrorismo al liderar varias fuerzas multinacionales y tener tropas desplegadas en Libia, Iraq y Afganistán. Asimismo, el país es considerado un actor clave en la región mediterránea.
Como miembro de la estrategia de reparto nuclear de la OTAN, custodia 90 armas nucleares estadounidenses, que están almacenadas en las bases aéreas de Ghedi y Aviano. Italia es la tercera potencia militar de Europa, tras Francia y el Reino Unido. Posee un cuerpo autónomo en las Fuerzas Armadas, los Carabineros, que cumple funciones tanto civiles como militares.
El mar Mediterráneo ha sido uno de los puntos geopolíticos más importantes de la historia; el control de las rutas marítimas ha formado parte de los objetivos de distintas potencias durante siglos. En la actualidad, cedió protagonismo a otras zonas, aunque nunca desaparece del interés global. Mientras, se enfrenta a importantes retos como la migración, el cambio climático y tensiones entre los países costeros.
Algunas civilizaciones incluso debieron su auge al control de este mar, entre las que se destaca justamente Roma: su hegemonía, que duró siglos, se basó en las rutas marítimas mediterráneas y el dominio de los territorios aledaños. Hasta hoy, distintas potencias compiten por el Mediterráneo en diversas formas. La importancia geoestratégica del mar reside principalmente en que conecta tres continentes: África, Asia y Europa. Esto lo convierte en una importante ruta de transporte marítimo por la que se mueven millones de contenedores al año, cargados de todo tipo de mercancías. El principal puerto de carga es El Pireo, en Grecia, con un tráfico de más de 5 millones de contenedores, uno de los más importantes del mundo junto con Algeciras, en el sur de España, o Tánger, en Marruecos.
Las ventajas del Mediterráneo no se han traducido en una cooperación sólida entre los países de su cuenca. En contra están las barreras aduaneras, las alianzas políticas o la inestabilidad que agita a algunos países. De hecho, pese a su importancia, los puertos mediterráneos no pueden competir con los del norte de Europa, más relevantes a escala global, con Róterdam y Amberes a la cabeza. Para diferenciarse, los mediterráneos apuestan a convertirse en los mejores puertos especializados en funcionar como punto de apoyo en rutas intercontinentales o de largo recorrido. Muchos de esos puertos se sitúan cerca de los puntos estratégicos clave del Mediterráneo: los estrechos.
Además de una posición singular, el Mediterráneo posee características geográficas especiales. Es un mar cerrado al que solo se puede acceder por contados estrechos: Gibraltar en el oeste, el estrecho del Bósforo y los Dardanelos en el noreste, y el canal de Suez en el sureste. Además, el mar se parte en el centro por otro estrecho que forman las islas de Malta y Sicilia. Todos ellos funcionan como cuellos de botella, o chek points, pues limitan la navegación facilitando su control.
La construcción del canal de Suez en el siglo XIX incrementó el valor geopolítico del Mediterráneo, abriendo una puerta directa al mar Rojo y al océano Índico. El canal se convirtió en la ruta más rápida para llegar a Asia desde Europa sin tener que rodear África, y varios países se disputaron su control hasta que Egipto lo nacionalizó en 1956. El canal es crucial en las rutas comerciales que conectan los puertos europeos con las fábricas de Asia y con los hidrocarburos del golfo Pérsico, y su importancia queda probada por el costo que supondría su cierre.
Además de beneficiosas rutas comerciales, el Mediterráneo ofrece interesantes recursos naturales que también juegan un rol importante, como la pesca. El recurso que más importancia ha adquirido en los últimos años es el gas. Mientras los países del Mediterráneo occidental se abastecen de Argelia, el gas está cambiando la situación geopolítica en el oriente. El descubrimiento de yacimientos en aguas israelíes, libanesas, chipriotas y egipcias ha abierto una alianza regional entre dichas naciones y los interesados en explotar y comercializar el gas, como Italia y Grecia. Se ha excluido a Turquía, dada la política agresiva de Erdogan, reavivando viejas disputas en torno a la soberanía marítima.
El Mediterráneo sigue ocupando pues un lugar importante en la política internacional actual. En esta región coinciden sólidas potencias locales, como Francia, Italia, Israel y Turquía, con otras potencias externas, como Estados Unidos o Reino Unido, que tienen presencia militar por toda la región. Además, en los últimos años aumentó la presencia de dos nuevos actores: Rusia y China.
La migración es uno de los mayores desafíos humanos: el mar “se ha convertido en una tumba para miles de personas”, y no hay medidas firmes que enfrenten la situación. Asimismo, la crisis de los desplazados sirios, esperando en Turquía su oportunidad para llegar a Europa, representa otra tragedia sin resolver. Es uno de los grandes retos para Italia, no solo porque la guerra interna puede aumentar el número, sino por la expansión de grupos islámicos y criminales que han establecido rutas de tráfico ilegal de drogas, armas y personas.
Con estos riesgos de seguridad, demográficos y ambientales, más el descubrimiento de yacimientos de gas natural que pueden cambiarlo todo, Italia —junto con Grecia, Francia y España— enfrenta grandes desafíos.