Nº 2180 - 30 de Junio al 6 de Julio de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáQué importante es volver sobre lo que se ha leído. Siempre se abrirá la posibilidad de advertir que se pasó por alto algo, incluso quizás anécdotas solo sentimentales o entretenidas pero con seguridad ignoradas por muchos e importantes de recuperar para ampliar el conocimiento general de los amantes del tango.
Qué importante es detenerse, cuando sencillamente la casualidad lo permite al regresar sobre testimonios antiguos, en detalles que se nos escurrieron entre tantos recuerdos más de una vez. Siempre emergerá la oportunidad, al extender la información acerca de ellos, y bienvenida sea, de hacer más rica la de por sí muy pero muy extensa, constantemente debatida y compleja historia de la música popular ciudadana que es una cultura rioplatense.
Julián fue compuesto en una fecha incierta, entre 1922 y 1923, con música del reconocido Edgardo Donato y letra del poeta uruguayo José Luis Panizza, unos versos que, si interrogo a cualquiera de los lectores de esta columna, seguramente la mayoría ha olvidado. La verdad sea dicha, todo sobre este tango —y he escrito al respecto en varias ocasiones— es realmente excéntrico.
Si me detengo en los historiadores, unos dicen que el estreno fue una grabación instrumental de Osvaldo Fresedo hacia fines de 1923 y otros aseguran que lo cantó la actriz Iris Marga, en el Teatro Maipo, durante la obra ¿Quién dijo miedo?, de Roberto Lino Cayol. Para enredar más las cosas, la propia actriz declaró en su autobiografía El teatro, mi verdad que presentó Julián en una actuación en Montevideo, adonde habían coincidido con Donato, quien le entregó la partitura ante el desinterés con que había sido recibido el tango en teatros y discográficas de Buenos Aires, aunque confirmó que pocas semanas después lo repitió en un escenario porteño a raíz de que, unos días antes, se enteró de que lo había grabado Rosita Quiroga.
¿Cree, lector, que puede haber alguna otra rareza referida al estreno de Julián? Pues sí: Rosita, de quien hay que aclarar era testaruda y solía desmentir todo lo que se decía de ella, hasta lo bueno, contradijo a la colega afirmando que su grabación “era muy posterior”.
Y voy a cerrar esta columna con cuatro curiosidades más, dignas, creo, de que se conozcan.
Este tango, cuando finalmente alcanzó un éxito resonante, a partir de 1925, no antes, fue causa de una efímera, risueña y ruidosa “guerra de teatros”: el Maipo y el Porteño —pionero del género de revistas— pelearon a través de agresivos comunicados de prensa por el privilegio de haber sido el sitio donde Iris Marga lo estrenó. Como tantas cosas, también esta absurda gresca se fue disolviendo poco a poco en el olvido. La letra de Julián, si la memoria es capaz de un esfuerzo no desdeñable, suena muy reconocible:
Yo tenía un amorcito / que me dejó abandonada / y en mis horas de tristeza / lo recuerdo con el alma. / Era un tigre para el tango / y envidia del cabaré / pero un día traicionero / tras de otra se me fue (…) ¿Por qué me dejaste, / mi lindo Julián, / tu nena se muere / de pena y afán…
Y estoy persuadido de que son multitud quienes desconocen que tiene una segunda parte… ¡nada menos que con subtítulo —Nene— y un recitado final denominado Negro!
De Panizza, nuestro compatriota autor de estos versos, ha podido desentrañar un añejo y breve reportaje a José Gobello, en el que informa: “Había nacido en Uruguay en 1890 y se suicidó tres años después del estreno de Julián, sin terminar un tercer libro de poesías que había iniciado”.
Pero me ha conmovido aún más que en un libro de los prestigiosos historiadores Oscar del Priore e Irene Amuchástegui, que he leído repetidas veces, recién ahora descubro esta sentencia: “En 1925, en la revista Zas Tras, estrenada en el teatro Ideal, se produjo la consagración de un actor cómico hasta ese momento en segundo plano: Pepe Arias. Fue gracias a su desopilante monólogo sobre el tango Julián que, mientras tanto, se oía desde bambalinas”.
Yo soy Julián… A mí me cacharon para el tango y yo vengo a defenderme, porque esa atorranta lo ha engrupido al autor. Macanas… Ni yo soy su amorcito ni yo la dejé abandonada… Empezando por el que barría la cuadra hasta el comisario, recorrió todo el escalafón de la 39… ¿Qué me recuerda con el alma? Otra macana… Si me recuerda, me recuerda con la cabeza, aunque la tenía más abollada, pobrecita, que olla de cuadrilla…