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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la mañana del 18 de julio de 1995 cuarenta ciudadanos que compartían el amor por la historia y por el mar, se reunieron en la Liga Marítima Uruguaya para fundar la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial (en adelante la Academia), una asociación civil sin fines de lucro cuyos objetivos sociales serían: desarrollar estudios de la historia de la vida de los hombres vinculados con el mar, de los acontecimientos marítimos y fluviales, civiles y de guerra, del Uruguay y del mundo; de las grandes expediciones marítimas y la incorporación de las tierras indo-americanas a la corriente cultural del orbe; poner énfasis en los estudios de las campañas marítimas que cimentaron la gesta independista de las Américas; estudiar el desarrollo de la navegación desde su origen al presente; realizar actividades culturales que propendan a la divulgación amplia de los fines antes referenciados (seminarios, simposios, congresos, conferencias, etc.) y la publicación de informaciones contribuyentes a idéntica finalidad (escritos, visuales, orales, etc.); y establecer y mantener relaciones con las instituciones nacionales y del exterior de índole semejante, propiciando el intercambio de miembros para la común acción. Todas estas actividades se articularon a través de un estatuto aprobado por el Ministerio de Educación y Cultura al otorgar la personería jurídica a la asociación.
Los fundadores provenían de un grupo variopinto de actividades. Había historiadores de renombre (Washington Reyes Abadie, Alberto Methol Ferré, Agustín Berazza, Walter Rela, Carlos Bauzá, José Claudio Williman, Florencia Fajardo Terán, entre otros), investigadores de temas del mar (como Juan Antonio Varese, Omar Medina Soca, Daniel Castagnín, Alfredo Könke), intelectuales de fuste en diversas áreas del conocimiento (Luis Víctor Anastasía, Pedro Achard, Emilio Cazalá, Juan E. Oribe Stemmer, Juan Eduardo Azzini, Luis Alberto Lacalle Herrera), así como un conjunto de marinos mercantes y militares. Luego se dio cabida a miembros supernumerarios y a corresponsales en el exterior. Hoy la Academia cuenta con miembros en Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia, Panamá, Cuba, EE.UU., España, Portugal y Australia.
Inicialmente, la acción de la Academia se vertebró alrededor del Ciclo de Conferencias anual. De marzo a diciembre una vez al mes se exponen dos o tres conferencias en cada encuentro, que ha sido ininterrumpido (durante las limitaciones de la pasada pandemia las exposiciones de plantearon por medios electrónicos, pero nunca dejaron de exponerse). A su vez, se han organizado seminarios y simposios, de nivel local e internacional, con conferencistas invitados del exterior, así como se ha participado en eventos similares de otros países. Al día 31 de diciembre de 2021 se habían expuesto 694 conferencias, un promedio de 27 por año, en el país y en el exterior.
La Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial adhirió a la Comisión del Bicentenario propiciando un conjunto de seminarios internacionales (dos de los cuales fueron declarados de interés turístico por el Ministerio de Turismo). Esos fueron: “1810, el año que cambió a América” (seminario virtual que convocó a nueve historiadores extranjeros junto a cinco nacionales), “1811, el despertar de la Banda Oriental”, “1813, la política marítima de Artigas en las Instrucciones del Año XIII”, “1814, el ocaso de España en el Atlántico Sur” y “1815-1820, la Patria Vieja y el ocaso de Artigas”.
Casi toda la producción intelectual ha sido publicada en versión impresa o digital. Los primeros once años (1995-2005) se tuvo el apoyo del Ministerio de Defensa Nacional, en cuya imprenta se editaron las publicaciones de esos años. Fueron tres ministros de diferentes partidos políticos los que apoyaron la difusión de la cultura marítima. A partir de 2006, al interrumpirse esa colaboración, se acudió a otros apoyos bajo la forma de patrocinio de empresas privadas, de entes públicos, o de recursos propios de la Academia (cada autor publicado pagando un porcentaje de la edición).
La Armada Nacional, a través de su política de difusión de la cultura marítima, no fue ajena en el apoyo a la Academia, asignando una tripulante de jerarquía marinero para cubrir las tareas de secretaría, cuyo aporte ha sido invaluable en el funcionamiento regular y en la administración de una biblioteca temática marítima (obtenida de donaciones) que ya supera los 1.500 volúmenes. Como parte del reconocimiento, en 2017 la Academia organizó un conjunto de cuatro seminarios en los que se expuso la historia entera de la Armada Nacional al cumplir su bicentenario.
Pero todo el esfuerzo de los académicos se ve hoy amenazado en su continuidad. Por orden de ministro de Defensa Nacional, la Academia deberá devolver a la Armada la marinero que hoy cumple funciones de secretaria y bibliotecaria. Una pérdida por demás sensible, ya que los menguados recursos que provienen de la cuota mensual que pagan sus integrantes (académicos y supernumerarios) no permitirían la contratación de una funcionaria para esa tarea, según los laudos mínimos establecidos por el Ministerio de Trabajo (sueldo mensual, aguinaldos, salario vacacional, etc.).
Me surge una pregunta: ¿Qué gana el Ministerio de Defensa con esa medida? Un sueldo de marinero, el nivel más bajo de retribuciones dentro del Estado, afectará el funcionamiento de una institución cultural que mucho ha aportado al conocimiento del mar y de nuestra historia. Durante la campaña proselitista de 2019 en más de una oportunidad el actual presidente de la República, Dr. Luis Lacalle Pou, manifestó su intención de no tocar nada que funcionara bien, salvo para mejorar. Pues bien, la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial es una institución cultural que genera y difunde conocimiento, tiene sus finanzas al día y actúa cumpliendo con sus estatutos. ¿Por qué tocarla? ¿Por un sueldo de menos de 25.000 pesos (lo que cobra una marinero)? ¿Vale ese dinero afectar una organización que funciona bien y que aporta a la cultura nacional?
Abrigo la esperanza de que el Sr. Ministro de Defensa Nacional revierta esta decisión. Porque si bien la patria se hizo a caballo, cabe recordar que los equinos no vinieron por Iberia, que hoy el campo y el puerto son el Uruguay, y la historia marítima, tan válida y útil como la terrestre.
Francisco Valiñas
Capitán de Navío (R)
Miembro de Número (Fundador) de la Academia
Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial