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    La Argentina en preguntas

    Por Lector

    Sr. Director:

    Que es mucho más fácil que encontrar respuestas. De hecho, la Argentina parece no encontrar respuestas –verdaderas– desde la época de Roca, o al menos de Marcelo T. de Alvear.

    Muchas son las preguntas sobre la Argentina que se pueden hacer hoy. Quizás las más relevantes en lo inmediato sean: ¿Quién gana? ¿Cómo gobierna?

    Sobre la primera: hasta el sábado 12 la respuesta parecía cantada: Juntos por el Cambio. ¡Qué pifia!

    Primero de los encuestadores. Otra vez le erraron: ¿Por qué? A ciencia cierta, no lo sé, pero sospecho que hay (por lo menos) dos razones: 1) Con la casi desaparición del teléfono fijo, que permite segmentar por niveles socio-económicos y aún etarios (la ubicuidad del celular lo hace imposible), se introduce una enorme fluidez en las respuestas. 2) Es posible que el mismo rechazo evidenciado con respecto a la política y el voto se dé frente a una encuesta, generando cualquier respuesta.

    Como sea, en la cancha parece evidente que hay (por lo menos), dos perdedores de las PASO: el peronismo y, dentro de él, el kirchnerismo. Más allá de otras manifestaciones, el gobierno y, sobre todo, su ala más dura, fueron castigados por los votantes. Con la sola excepción de la candidatura de Kicillof en la provincia de Buenos Aires, fenómeno que no habla bien de cómo la oposición armó sus candidaturas ahí. De hecho, pocas cosas de la campaña hablan bien de Juntos por el Cambio, (y así les costó).

    Ahora bien, más allá de que no se aprecian argumentos para suponer que Massa pueda repuntar de aquí a octubre (sería lo lógico, pero no necesariamente lo argentino) se abren otras interrogantes:

    Si el voto a Milei se explica sustancialmente por la bronca: ¿no se habrá saciado buena parte de ella en las PASO y mucho embroncado frío no optará por la mayor sensatez y previsibilidad de Patricia Bullrich? Es razonable conjeturarlo. Algo así pasó (aunque en sentido ideológico inverso) con el voto al FA en la pasada elección del 2019.

    Hay otros dos factores que pueden jugar en contra de Milei para octubre: 1) al haber adelantado los peronistas muchas elecciones provinciales a gobernador, debilitaron la fuerza y el atractivo de sus maquinarias en las PASO (el único interés era la candidatura presidencial). Eso no ocurrirá en octubre y, 2) una gran cantidad de nombres en las lisas de Milei para octubre son muy poco conocidos.

    ¿Qué pasa con el 30% que no fue a votar? La elección no era propiamente para decidir gobierno y es imaginable que, en esa realidad, mucho votante, entre desinteresado y caliente, no sintió motivación para mostrar una preferencia político-partidaria. No es que vaya a haber una reducción muy marcada del abstencionismo –viene siendo característico de las últimas elecciones–, pero si el panorama en octubre pinta peleado, es razonable pensar que habrá abstencionistas decididos a gravitar con su voto. Y no es de suponer que están entre los más embroncados. La presunción de que voten sensatez no es descabellada.

    Hay otro factor, que se me escapa, y es cómo influenciará, en muchas provincias, el juego político interno, con sus alianzas y sus riesgos especiales.

    Todo indica que se va hacia un balotaje Bullrich-Milei (aunque Massa no quedó tan lejos, el creciente descalabro económico lleva a suponer que no aumentará su electorado). En tal caso, ¿adónde podría haber cambio de votos en relación con las PASO?

    ¿Abstencionistas al peronismo? No parece lógico. La tónica de las PASO fue de castigo y rechazo al peronismo y los motivos para ello no desaparecerán, (al contrario).

    ¿Embroncados de Milei al peronismo? Menos.

    ¿Derrotados de Larreta al peronismo? Tampoco. ¿A Milei? Si no les gustó Patricia Bullrich, lo lógico es que Milei menos les gustará.

    ¿Los peronistas no fanáticos, pero asustados por la “ola derechista”, podrían romper filas y votar por “lo menos malo”? Es factible, (en definitiva, Milei amenaza al sistema), aunque dudo que sean numerosos.

    Entonces, si estuviera obligado a apostar, diría que Patricia Bullrich será la próxima presidenta de la Argentina.

    Lo cual contestaría la primera de las dos preguntas. La más fácil.

    Pero ¿y la segunda?

    Todo indica que en octubre el Congreso se repartirá en tercios, más o menos iguales. Es decir, el gobierno no tendrá mayoría.

    O sea, una realidad social y económica durísima, con una institucionalidad floja y sin mayorías parlamentarias.

    Esa realidad reclama de medidas muy drásticas que no solo conllevan sacrificio, sino que son presa fácil del alarmismo demagógico.

    Todo esto, además, en un clima político tenso, crispado, acribillado de acusaciones.

    ¿Cómo hace un presidente, en esa realidad, para negociar los apoyos necesarios de cara a medidas duras e impopulares?

    La Argentina es una gran pregunta.

    Ignacio De Posadas

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