N° 1973 - 14 al 20 de Junio de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta semana, la Reserva Federal (Fed, por su sigla en inglés) de Estados Unidos (EE.UU.) señaló que pretende acelerar la suba de las tasas de interés este año, como consecuencia básicamente de la fortaleza que está mostrando la economía del país y especialmente su mercado de trabajo, en un contexto donde la tasa de inflación ya se encuentra básicamente en el nivel objetivo de 2%.
En efecto, además de aumentar la tasa de fondos federales en 25 puntos básicos —a un rango de entre 1,75% a 2%—, su comité de política monetaria proyectó que se ubicaría en 2,4% para fines de este año (en lugar de 2,1% que había previsto en marzo, lo que implicaría que habría dos nuevas subas en el segundo semestre). Y para fines de 2019 y de 2020 estimó una tasa de fed funds de 3,1% y de 3,4% (en lugar del 2,9% y 3,4%).
En definitiva, la propuesta es de dos alzas adicionales de la tasa de fondos federales para el segundo semestre de 2018, tres más en 2019 y una final en 2020. El ritmo propuesto por la Fed podrá variar dependiendo de que aparezcan más señales de “recalentamiento” de la economía doméstica (particularmente los aumentos salariales y de la inflación), en cuyo caso se deberían ajustar las tasas a un ritmo más acelerado y a un valor más alto; o a que una crisis en el resto del mundo (particularmente en los mercados emergentes o quizás en el área del euro) genere un aumento de la inestabilidad financiera global y fuerce a su comité a enlentecer el proceso de normalización de la política monetaria.
En todos los casos, se trata de escenarios para nada favorables ni para la región ni para Uruguay. En el escenario base, la salida de capitales desde los mercados emergentes hacia EE.UU. sería eventualmente gradual y ordenada, pero será salida al fin. En el escenario de “recalentamiento” y suba mayor de las tasas, el riesgo de una reversión brusca de los flujos de capitales se acrecienta de manera significativa, y con ello las presiones para la depreciación de las monedas locales, el aumento de las tasas de interés domésticas y la suba del riesgo país. En el caso de una crisis generada por inestabilidad financiera, el risk off general pegaría primero también muy fuertemente sobre los mercados emergentes, y de poco consuelo sería que la Fed enlenteciera —o eventualmente revirtiera— el proceso de ajuste de las tasas de interés.
De hecho, es difícil imaginarse en el contexto actual un escenario externo que pudiera llegar a configurarse aunque más no sea como ligeramente positivo para la región y para Uruguay. Y ello complica enormemente los procesos de ajuste por los que deben transitar Argentina y Brasil, con repercusiones nada favorables sobre Uruguay.
Por si hicieran falta más, el mensaje que divulgó ayer miércoles 13 el comité monetario es un motivo adicional para actuar con suma prudencia en las decisiones de gasto en los próximos meses en Uruguay, tanto a nivel del sector público como del privado.
El “barrio” va a crecer mucho menos (e incluso puede atravesar por una leve recesión), y tanto Argentina como Brasil se van a seguir abaratando en dólares. El costo de seguir financiándose con deuda externa va a ser cada vez mayor, tanto por la suba de tasas en EE.UU. como por el incremento del riesgo país a medida de que los inversores internacionales internalicen que las dinámicas de gasto público y de crecimiento de la deuda son insostenibles en el tiempo, lo que ocurrirá mucho antes de que las calificadoras de riesgo eventualmente se decidan a cuestionar el investment grade.
Las señales de que hay que cambiar, saliendo del “piloto automático” y de la errónea e injustificada autocomplacencia de que está todo bien, son cada vez más fuertes y se vienen acumulando desde hace tiempo. Al final, como ocurriera en Argentina —donde el pretendido “gradualismo” del presidente Mauricio Macri quedó sepultado por los hechos—, no hay forma de escapar de las restricciones que impone la realidad.