Recién llegada de Nueva York, donde estudia en la Universidad de Cornell su cuarto máster vinculado a derecho y tecnología, la nueva presidenta de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones (Ursec), Mercedes Aramendía, está cumpliendo cuarentena obligatoria.
Es la primera mujer en asumir la presidencia del organismo de contralor y, con 34 años, es también la persona más joven, pero asegura que en la institución la han visto crecer, ya que hace más de una década que se vincula profesionalmente con la Ursec. “Estoy en mi salsa”, dijo durante una videollamada mantenida con Búsqueda, subrayando su experiencia y estudios en el área.
La jerarca señaló que hay “falta de diálogo” con las empresas y otros actores del sector y dijo que procurará un intercambio mayor con la industria, la academia y la sociedad civil. También sostuvo que al organismo le falta información sobre el funcionamiento del mercado, ya que no recibe todos los reportes que debería. “Hoy se dice que lo más valioso ya no es el petróleo, sino los datos. Y para regular tenés que conocer bien el mercado, entender qué está pasando en la industria”, afirmó.
—Es la presidenta más joven que ha tenido la Ursec. ¿Piensa que eso tendrá incidencia en su gestión y que puede ayudar en la modernización de la institución?
—Es una viva muestra de cómo en el gobierno nos están dando oportunidades a todos, no solo porque tengo 34 años, sino porque siempre he trabajado y estudiado muchísimo en relación con esta área. Estoy poniéndome al día con todo, hablando con la mayoría de los gerentes y funcionarios. Con ellos siempre nos reímos porque en cuanto me recibí de abogada empecé a trabajar en la Cámara de Telecomunicaciones del Uruguay. Tenía 23 años y comencé a trabajar directamente con la Ursec. Entonces ellos me vieron crecer profesionalmente. Tuve la suerte de ir aprendiendo y creciendo con ellos, y eso facilita mucho las cosas. La gran mayoría me conoce desde hace 11 años, me tiene confianza, saben cómo trabajo, que soy muy activa, muy transparente. Y yo sé cómo trabajan ellos. Siempre he enfocado mi carrera en tecnología y telecomunicaciones, regulación y políticas públicas. Estoy en mi salsa, me encanta esta área y la disfruto mucho.
—¿Cuáles cree que son los principales desafíos que enfrenta hoy la Ursec?
—En la Ursec, como en muchos organismos del Estado, tenemos el problema de que muchas de las personas que trabajan ahí tienen más de 60 años y ya se están jubilando. Y se necesita gente formada en estas áreas, que son muy específicas. Si bien se aprende en las universidades, muchos aprenden en la práctica. Entonces un desafío será integrar gente joven, incluso gente que está dentro del organismo, para que trabaje codo a codo con los demás funcionarios que están hace años y que manejan la materia al dedillo. Necesitamos formar gente, eso es fundamental. La idea es dar todo de mí y todo lo que es mi energía y mi fuerza para que la Ursec pueda cumplir con todos los cometidos y los nuevos desafíos que se proponga, que van a ser muchos. También el trabajo en equipo es esencial, porque esto no se hace de a uno. Esto se hace entre todos trabajando juntos, y las personas que trabajan ahí tienen un rol fundamental. No solo los funcionarios internamente, sino también con el resto del ecosistema. Esa es la base, todos tenemos que remar en la misma línea para alcanzar los objetivos. Diversos actores me han señalado que hasta ahora hubo bastante falta de diálogo, que si bien por un lado se hicieron eventos y se impulsaron algunas instancias en realidad se esperaba más, sobre todo en relación con los cambios vinculados a la transformación digital. Porque necesitás hablar: el gobierno necesita hablar con la industria y también con la academia y la sociedad civil, sino se hace muy difícil. Lo que ocurrió con el coronavirus es un ejemplo. El ideal de lograr que Uruguay sea digital ahora se vino de golpe y nos vimos obligados a implementarlo.
En cuanto a los principales desafíos, estamos esperando que vengan la LUC y la ley de medios. La agenda regulatoria va a estar bastante cargada. La idea es aplicar la ley y todo lo nuevo trabajando codo a codo con todo el ecosistema, y es fundamental que estemos alineados, cada uno respetando su rol pero siempre buscando el mismo fin: la universalización de los servicios, que haya cada vez más personas con acceso a servicios de calidad y que haya competencia e inversiones. Otro aspecto es que a veces tenemos problemas de información. Hoy se dice que lo más valioso ya no es el petróleo, sino los datos. Y para regular tenés que conocer bien el mercado, entender qué está pasando en la industria. Y por las reuniones que he tenido con los gerentes, un problema que tenemos es que no se está reportando toda la información que se debería, por lo que eso no nos permite visualizar la realidad al 100%.
—¿Su idea es continuar con la misma línea de trabajo o planea cambios?
—El sector es sumamente dinámico y para mí la red de telecomunicaciones y la conectividad son la base sobre la que se construye el mundo digital. Si nosotros no tenemos redes de telecomunicaciones de calidad para poder hacer una videollamada, eso limita muchísimo. Si bien el regulador en eso tiene un rol fundamental para promover y facilitar las inversiones, permitiendo que todo se adecúe de la mejor forma al regular, fiscalizar y controlar, eso después recae sobre el gobierno.
—¿Considera que hoy la Ursec funciona de forma independiente? ¿Cuenta con potestades suficientes para llevar adelante su trabajo como regulador?
—Ese es uno de los focos más importantes. Uno de los principales desafíos que vamos a tener será el cambio de naturaleza jurídica. Cuando la Ursec se creó en 2001, el objetivo era que fuera un regulador independiente y fuerte. Pero en estos años hubo muchos cambios, y al ver los hechos se constata que en realidad el regulador no tenía ni esa independencia ni esa fuerza que necesitaba para poder cumplir su cometido. Se había debilitado y no estaba cumpliendo su rol como la ley establecía. Y parte de eso es que hoy en derecho administrativo se dice siempre que el regulador está sometido a una jerarquía múltiple: por un lado, es una unidad ejecutora dentro de Presidencia, pero por otro está vinculado administrativamente al Ministerio de Industria o al Ministerio de Educación y Cultura. Y ahora con la LUC pasa a ser un servicio descentralizado, lo que le da autonomía, un presupuesto propio. Se entendió que eso era algo básico y necesario para que la Ursec como organismo regulador tuviera independencia suficiente para cumplir realmente con su cometido, de forma independiente y con la fuerza necesaria.
—¿Qué rol cree que debe tener la Ursec específicamente?
—Si bien el regulador regula y controla, el objetivo no es estar sancionando, como de repente pasa. La Ursec tiene que buscar que haya competencia en el mercado, que los prestadores presten sus servicios con las condiciones de calidad y precio por las cuales se comprometieron y para las cuales se los autorizó. Y por otro lado defender a los consumidores velando por que se respeten sus derechos, los contratos, que tengan acceso de calidad. Para todo eso el regulador es un articulador y un facilitador, y, cuando tiene que intervenir, interviene. Pero no es que la regulación sea solo sancionar. Hay que hacerlo y para eso está, pero lo ideal es que todo el mundo cumpla con lo que tiene que cumplir y que el mercado sea perfecto, lo cual no ocurre. Lo fundamental es el diálogo constante entre los diversos actores del sector.
—¿Espera que aumente el presupuesto de la Ursec?
—Estamos en un contexto de crisis. Ya empezábamos en un momento complicado, pero con el coronavirus todo se ha complicado más. Me encantaría que fuera posible, pero hay que responder a lo que podamos acceder. Es un problema real, la gente se está jubilando. Es algo que lo tenemos en agenda y vamos a tratar de encontrarle soluciones, pero tenemos que ser realistas con nuestras posibilidades y lo que está viviendo el país.
—Se ha acusado a la Ursec de no brindar igualdad de condiciones y favorecer a la estatal Antel, o incluso de actuar como un órgano de consulta del gobierno más que un lugar de toma de decisiones. ¿Qué opina de eso?
—El problema fue que la Ursec se fue debilitando por decisiones o voluntad política, y justamente lo que busca Luis (Lacalle Pou) y la coalición es que el regulador sea fuerte e independiente para que la competencia se respete y que cada uno de los actores cumpla su rol. Antel tiene una trayectoria muy buena y es uno de los principales actores del sector. Pero la idea es que se aplique la ley, dando seguridad jurídica, transparencia y reglas claras. En lo que es transformación digital, con la velocidad que suceden todos los cambios, es fundamental dar claridad, seguridad y transparencia, y que todos tengamos previsibilidad en la medida de lo posible, saber cuál es el foco y hacia dónde se va. Lo fundamental es estar constantemente midiendo y controlando las decisiones para ir ajustando. Hay que estar abierto y revisar lo que sea necesario para adecuar las necesidades y la realidad del país en general.
—El gobierno se propone modificar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que se aprobó durante la presidencia de José Mujica. ¿Cree que es necesario?
—Lo último que indicó el Poder Ejecutivo es que la idea es hacer una ley nueva. La ley de medios fue muy discutida y, si bien se aprobó en 2014, siempre se hizo énfasis en que las soluciones establecidas eran demasiado detallistas y había quienes la tildaban de ser intervencionista. Y en realidad, considerando todas las inconstitucionalidades declaradas así como todo lo que ha pasado con la transformación digital, la realidad es que el modelo de negocios ha variado completamente. Antes en los medios el modelo era red/servicio, pero ahora en una red se brindan todos los servicios debido a la convergencia tecnológica. Las radios ya no compiten solo con las radios, ni la TV con las demás TV, compiten con plataformas globales, entonces esto obliga a adecuarse y modernizar el ordenamiento jurídico, para atender debidamente las necesidades y la realidad. Hoy todos somos conscientes de que la digitalización o la forma en que usamos los servicios no es igual que en 2014. Se entiende que muchas de las soluciones establecidas ahí, de determinada manera, podrían terminar afectando los servicios tradicionales. Y considerando lo establecido por la Constitución de la República, los derechos fundamentales de las personas que se vieron afectadas por las disposiciones actuales y por la transformación digital y el rol que están teniendo las plataformas, se entiende que hay que hacer determinados ajustes y flexibilizaciones para que los medios tradicionales puedan seguir prestando un servicio en las mejores condiciones.
—¿Le parece que Uruguay debería seguir por el camino de la convergencia tecnológica como sucede en otros países del mundo?
—La tecnología en general beneficia a las personas. Cuando uno desarrolla nuevos servicios y aplicaciones viene a atender necesidades sociales y económicas. Por la realidad del país, Uruguay no se ha desarrollado en ese aspecto. Pero la convergencia tecnológica es una realidad que no se puede negar, porque existe y afecta directamente los modelos de negocios. La convergencia es importante, pero hay que ver cómo se implementa.