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La imagen de los empresarios está muy maltrecha en Uruguay desde hace décadas. Por lo tanto, sus opiniones no son muy consideradas prácticamente a ningún nivel. Mantienen un diálogo cuasi obligado con el gobierno de turno, pero no parecen incidir demasiado en sus políticas. Tampoco hay un vínculo estrecho con las universidades, siendo pocos, muy pocos, los proyectos que se realizan en forma conjunta entre universidad y empresa. Y ni hablemos de lo que pueda influir un empresario en la casa de doña María: literalmente, allí no existen.
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No sucede lo mismo en otras latitudes, donde los empresarios son considerados como un factor clave para el desarrollo de una sociedad y no son vistos como unos “explotadores” o “avivados” que se rascan el lomo en el palenque de los “explotados” o de algún gobierno “amigo”.
Pero para llegar a ese estadio es necesario que los empresarios lideren la agenda con ciertos temas clave para el desarrollo de las empresas y, sobre todo, para el desarrollo de las ideas. Como decía Hayek: “Los políticos son como corchos en el agua, donde el agua es la opinión pública. Ningún político va a tener éxito en cambiar las políticas estatistas, hasta que el público esté convencido de que hay una mejor alternativa”.
Los empresarios tienen un rol fundamental para influir en forma propositiva sobre esas “mejores alternativas”, y para ello la agenda debería incluir estos temas:
a) Defender (sin culpas) el libre mercado y el sistema capitalista. Mientras la sociedad no entienda las ventajas del libre mercado, los empresarios tendrán que navegar en las turbias aguas del estatismo, los favores, las ineficiencias y las intervenciones. No es el mejor clima para el crecimiento de una empresa.
b) Crear un think tank donde se tengan siempre a mano las mejores prácticas mundiales en materia de gestión pública y privada, así como las mejores políticas para lograr un crecimiento sostenido, para que puedan ser aplicadas cuando esas ideas prosperen y sean aceptadas.
c) Mejorar la competitividad en general y de la mano de obra en particular. Uruguay es un país caro; lo es para el obrero y lo es para el empresario. La tecnología va a provocar la desaparición de miles de puestos de trabajo que ofrecen más músculos que neuronas. Los Consejos de Salarios serán cosa del pasado y deberían ser sustituidos por “Consejos de Competitividad”.
d) Aliarse con los mejores. Buscar nuevos mercados fuera del Mercosur hasta que nuestro comercio con los vecinos no sea más que un diez por ciento de nuestro PBI, algo prescindible e insignificante.
e) Profesionalizar la gestión empresarial a todos los niveles. Hay empresas que ganan mucho dinero pero sin gestionarse profesionalmente. Es difícil entender cómo lo logran. Pero esta “generosidad” se acabará algún día.
f) Eliminar los monopolios. En todo ámbito y lugar: público y privado. Ningún empresario monopolista (o cuasi monopolista) debería estar sentado en el directorio de ninguna cámara empresarial, representando nada menos que a los empresarios, símbolo de competencia natural.
g) Capacitar a su gente y a sus futuros empleados. Los empresarios han estado muy prescindentes sobre el desastre que es la educación en Uruguay, pero luego se quejan de la mano de obra de pésima calidad que reciben. Son ellos los que crean los empleos y los que saben qué competencias requieren de sus empleados. Su voz debe ser escuchada en los ámbitos correspondientes, con el mismo o más fuerte tono que la de los propios padres, los alumnos o los docentes.
h) Bajar el costo del Estado. Tienen que decirlo en voz alta, como lo dicen en voz baja: sobran no menos de 50.000 empleados públicos. Tienen que proponer un plan para “reciclar” a esta gente en la actividad privada, tal como lo hicieron hace tres décadas en Nueva Zelanda.
i) No pedirle nada al Estado. Si hay sequía, pongan riego. Si la gente compra por Internet, sean más competitivos. Si el negocio no es rentable, no lo hagan. Pero no pidan subsidios, no pidan “préstamos blandos” al BROU, no pidan limitaciones a la libertad de contratar. Pidan que bajen el gasto público, los impuestos y los costos por las ineficiencias, y verán cómo son capaces de competir casi con cualquiera.
j) Comunicarse con la sociedad. Ya perdieron en la competencia con el PIT-CNT por tener un canal digital. Pero no lo necesitan para comunicarse con la sociedad, haciéndole saber y conocer a las personas que están detrás de las empresas; individuos llenos de ideas, deseos de superación, voluntad y capacidad de asumir riesgos. Pongan los contenidos y verán que los medios aparecen solos.
k) Tener metas a 30 o 50 años. Los empresarios deberían liderar la imagen del país del futuro. Están en inmejorables condiciones para captar las tendencias del consumo, la tecnología y la innovación. Deberían hacernos saber su opinión al respecto. ¿Quién otro mejor preparado para pensar en grande?
Mientras ocupan su tiempo en estos temas, los dirigentes empresariales dejarán de ocuparlos en los asuntos administrativos, en el lobby de corto plazo y en lloriqueos públicos.
Sería fantástico que tanto talento pueda permear más en nuestros hogares. La empresa y los empresarios tienen mucho para enseñar. El día que sean conscientes de su rol, otra sería la agenda para los próximos años.